Cómo Stalin convirtió a Pushkin en un 'santo socialista'

Retrato de Alexander Pushkin realizado por Piotr Konchalovski (1932).

Retrato de Alexander Pushkin realizado por Piotr Konchalovski (1932).

Ignatovich/RIA Novosti
En 1937, el año del Gran Terror, Stalin decidió convertir a Pushkin en un santo del socialismo.

Este año recordamos no solo el centenario de la revolución de 1917, sino también el 80º aniversario de 1937, un año en el que las dimensiones de las represiones estalinistas alcanzaron su punto máximo.

Además, este año la Rusia Soviética celebró con especial entusiasmo el centenario de la muerte del poeta Alexander Pushkin. El poeta, que hasta ese momento había permanecido en la sombre, en 1937 pasó a ocupar un lugar completamente privilegiado en el panteón soviético.

En el lugar del marxismo no nacionalista que negaba la cultura, la idiosincrasia popular, la estatalidad tradicional, la nación y la espiritualidad, ante el mundo apareció un imperio culturocentrista casi clásico con Pushkin en el centro.

Apartar a Pushkin de los emigrantes 

Fue Stalin quien tomó la decisión de convertir a Pushkin en un santo socialista. Para valorar la importancia de esta iniciativa, cabe recordar que en el siglo XIX Pushkin era solamente el poeta de la élite intelectual. Pushkin no figuraba en la lista de lectura para la clase intelectual revolucionaria, ya que se consideraba algo demasiado alejado que se desviaba de las necesidades cotidianas del pueblo.

Stalin conocía perfectamente la literatura clásica rusa  y no solo admiraba al revolucionario Chernyshevski, sino también a Dostoievski y a Pushkin.

Se cree que, entre otros factores, influyó el hecho de que a partir de los años 20 Pushkin se convirtiera en una figura de culto entre los miembros del  exilio ruso. La Rusia soviética seguía de cerca los movimientos de estas personas, sin ir más lejos, Stalin estaba suscrito personalmente a todas las revistas más o menos populares de la emigración.

En 1937 los emigrantes promovían las obras inéditas de Pushkin, por lo que su nombre se convirtió en una peligrosa arma política en sus manos. ¡Quitémosle pues esa arma al enemigo!, debió de pensar Stalin.

La maquinaria estatal se pone en marcha

Centenario de la muerte Pushkin en Moscú, 1937. Fuente: Archivo.Centenario de la muerte Pushkin en Moscú, 1937. Fuente: Archivo.

A partir de 1922 comenzaron a celebrarse veladas anuales oficiales en memoria del aniversario de la muerte de Pushkin.  Se referían a él como “la primavera rusa, la mañana rusa, el Adán ruso” y lo comparaban con Dante, Petrarca, Shakespeare, Schiller y Goethe.

La propagación del culto avanzaba a ritmos nunca vistos hasta ese momento. En la preparación del aniversario participaron investigadores, escritores, compositores, figuras políticas y del ámbito social, editoriales (desde las más importantes hasta las más pequeñas), cineastas, compañías teatrales (desde el Bolshói hasta la pequeña compañía de un sovjós de Uriúpinsk), fábricas, koljoses y sovjoses.

En el país no había una sola persona en cuya mente no se hubiera implantado con rectitud bolchevique la idea: “¡Pushkin es grande! ¡Pushkin es un santo!”
En Leningrado, Kiev, Minsk, Tbilisi, Ereván se erigieron nuevos monumentos. Se nombraron calles, plazas, escuelas, parques, estaciones de metro y ferrocarril, koljoses y sovjoses. Los artistas populares pintaban lienzos gigantescos dedicados a Pushkin y los compositores escribían poemas y ciclos musicales. Los principales teatros de Moscú y Leningrado comenzaron una auténtica carrera de puestas en escena de obras de Pushkin.

Su nombre sonaba en todos los altavoces y gramófonos, había retratos coloreados en calles y plazas, en carteles y postales, en el rincón del icono y en las asambleas de las fábricas de todo el país… Literalmente en cada escuela, fábrica, koljós y sovjós del país se organizaban exposiciones sobre Pushkin.

El volumen general de ediciones de Pushkin con motivo de su aniversario superó los 14 millones de ejemplares, publicados en prácticamente todas las lenguas de los pueblos que vivían en la URSS, incluyendo el asirio, el buriato, el griego, el hebreo, el komy-zyriano y muchas otras.

En las fábricas y en los koljoses de pronto aparecieron numerosos admiradores apasionados y conocedores de la obra del poeta, que se organizaban en clubes de admiradores de Pushkin. Las asociaciones artísticas y los maestros de varios oficios populares (como cronistas del pasado escribiendo la historia de San Nicolás para el pueblo), inundaron el país con cientos de miles de estatuas, bustos, etc.

Póster soviético sobre el centenario de la muerte de Pushkin. Fuente: Archivo.Póster soviético sobre el centenario de la muerte de Pushkin. Fuente: Archivo.

El centenario de la muerte

El 10 de febrero de 1937, el día del aniversario, en el Teatro Bolshói de Moscú, en presencia de toda la élite del Partido y de Stalin, se inauguró una sesión solemne dedicada al centenario de la muerte del mayor poeta ruso.

Se retransmitió en todo el país. Durante la inauguración, el comisario popular de Educación y presidente del Comité de Pushkin, Andréi Búbnov, exclamó: 

“¡Pushkin es nuestro! Sólo en el país de la cultura socialista el nombre de este genio inmortal está rodeado de un amor ardiente, solo en nuestro país la obra de Pushkin se ha convertido en patrimonio de todo el pueblo”. 

El encumbramiento de Pushkin había sido un éxito. El culto al poeta acababa de nacer.
En palabras del filósofo Antonio Gramsci, el culto a Pushkin “consolidó las fuerzas populares”, uniendo en un único espacio cultural a un país multinacional y convirtiéndose, de este modo, en la fuerza unificadora más potente.

Versión reducida de un artículo publicado en ruso en Vzgliad.