Cuando el escritor Somerset Maugham conspiró para asesinar a Lenin

13 de julio de 2017 Alexéi Timoféichev, RBTH
Todo el mundo ha oído hablar de Somerset Maugham, el escritor más popular y mejor pagado del mundo en los años 30, pero su trabajo para la inteligencia británica en Rusia en 1917 es menos conocido. Recibió una “misión imposible” en plena efervescencia revolucionaria y vivió el resto de su vida seguro de que, si hubiera tenido más tiempo, podría haber evitado la victoria bolchevique Rusia.
Somerset Maugham
Somerset Maugham (1874 - 1965). Fuente:Getty Images

El autor de Servidumbre humana y El filo de la navaja fue un agente del Servicio de Inteligencia británico durante la Primera Guerra Mundial y se le confió realizar una misión en Rusia, cuya verdadera naturaleza sigue siendo un misterio incluso 100 años después.

Su viaje a Rusia en 1917 no fue la primera experiencia de Maugham como agente secreto de la Inteligencia Británica. Para entonces ya había trabajado un par de años para lo que más tarde sería conocido como MI-6. Después de su primera misión en Suiza en 1915, quiso abandonar por razones personales: se había divorciado y su amante había sido expulsado de Gran Bretaña. Sin embargo, según uno de sus biógrafos, Maugham estaba intrigado por la vida de un agente secreto porque “le gustaba mover los hilos de las marionetas detrás del escenario”.  


Sin embargo, cuando se le ofreció la oportunidad de ir a Rusia, no estuvo seguro de aceptar. Como recordó después, pensó que no tenía las cualidades adecuadas para la tarea. Al final, el deseo de "ver el país de Tolstói, Dostoievski y Chéjov" despejó todas sus dudas y aceptó.

Misión imposible

Según lo que se sabe sobre su misión rusa, a Maugham se le encargó una tarea muy desalentadora. Como él mismo dijo, se supone que "debía diseñar un plan que mantuviera a Rusia en la guerra e impidiera que los bolcheviques, apoyados por las potencias centrales, tomaran el poder". En aquella época la guerra era impopular en Rusia y los bolcheviques exigía la paz inmediata, que era un lema principal en su campaña de la propaganda.

A Maugham se le dieron recursos financieros para cumplir la misión, alrededor de 21.000 libras esterlinas, lo que hoy equivale a unos 300.000 dólares. También había varias personas de origen checo a su disposición trabajando como oficiales de enlace. Existía la esperanza de que Maugham pudiera de alguna manera movilizar a miles de soldados checoslovacos que en ese momento estaban varados en Rusia. De hecho, al año siguiente esas unidades se convertirían en una de las principales fuerzas militares en desafiar al nuevo régimen soviético.

Vodka, caviar y desilusión

Maugham logró establecer contactos con Alexánder Kérenski (al que debía apoyar para derrotar a los bolcheviques, según la misión encomendada) el Primer Ministro del Gobierno Provisional de Rusia. Cada semana Maugham lo entretenía a él ya sus ministros en uno de los mejores restaurantes de Petrogrado, 'Medved' (El Oso), agasajándoles con mucho vodka y caviar.

Alexánder Kérenski (1881-1970) Russian revolutionary leader. Minister for war in 1917. / Mary Evans/Global Look PressAlexánder Kérenski (1881-1970) Russian revolutionary leader. Minister for war in 1917. / Mary Evans/Global Look Press

A pesar de estas veladas tan placenteras, Maugham no tardaría en desilusionarse con Rusia. "La conversación interminable cuando se necesitaba acción, las vacilaciones, la apatía cuando la apatía sólo podía dar lugar a la destrucción, las protestas de alto vuelo, la falta de sinceridad y la mezquindad que encontré en todas partes me enfermó con Rusia y los rusos", recordó más tarde.

Sin embargo, había un hombre que a Maugham le gustó mucho. Borís Sávinkov, uno de los líderes de una organización terrorista en la Rusia pre-revolucionaria que en 1917 trabajaba para el gobierno. Maugham le describió como "uno de los hombres más extraordinarios" que había conocido. Sávinkov no tenía simpatía hacia los bolcheviques y no tenía buena impresión sobre su líder, Vladímir Lenin. En una de sus largas charlas conspirativas, Sávinkov aseguró una vez que "o Lenin me fusila, o yo le fusilaré".

General Kornílov y Borís Sávinkov. Fuente: RIA NóvostiGeneral Kornílov y Borís Sávinkov. Fuente: RIA Nóvosti

Plan para derrotar a los Rojos

Al leer sus memorias, está claro que el escritor británico realmente creía en su propia capacidad para detener el avance del bolchevismo en Rusia, y 20 años más tarde se quejó de la falta de tiempo que tuvo para cumplir con la tarea que estaba destinado a realizar.

Esto, junto con la fascinación de Maugham con el líder terrorista Sávinkov, llevó a algunos autores a pensar que el agente-escritor estaba planeando el asesinato de Lenin. Otros sospechan que él ideó lo que más tarde se convertiría en el famoso levantamiento checoslovaco de 1918.

Vladímir Lenin, 1918. Fuente: ZUMA Press/Global Look PressVladímir Lenin, 1918. Fuente: ZUMA Press/Global Look Press

Maugham fue enviado de vuelta a Londres poco antes de la revuelta bolchevique en Petrogrado a finales de octubre. Sus verdaderas intenciones en Rusia podrían haber sido aclaradas gracias a sus archivos personales, pero el escritor destruyó la mayor parte de ellos poco antes de su muerte. Al mismo tiempo, su experiencia con el espionaje fue utilizada para la colección de historias tituladas Ashenden o el agente secreto, primera novela moderna de espías, que fue publicado en 1928.

Su misión en Rusia fue su última tarea para el Servicio Secreto. Después de regresar al Reino Unido se dedicó a escribir, pero más tarde se estableció en la Riviera francesa, donde mantuvo contacto con muchas celebridades de la época, como Winston Churchill y Herbert Wells.

Maugham murió en 1965, a la edad de 90 años, pero no existe ninguna tumba que visitar. Según su voluntad, sus cenizas fueron esparcidas en derredor de una biblioteca que lleva su nombre en el Kings School de Canterbuty.

Se considera que Ian Fleming creó a su personaje James Bond con el Asheden de Maugham en mente. George Orwell admitió en una ocasión que Maugham era el autor que más le había influido como escritor.

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