¿Cómo la aviación soviética superó a la Luftwaffe?

Yakovlev Yak-3.

Yakovlev Yak-3.

Yuri Korolev/RIA Novosti
No fue fácil alcanzar el nivel técnico de la Luftwaffe. En 1942, tras los fracasos del periodo inicial de la guerra, los ingenieros soviéticos modernizaron los aviones de las Fuerzas Aéreas del Ejército Rojo. Se intentó resolver el principal problema técnico de la aviación soviética: el mal funcionamiento de los motores. Y parece que lo consiguieron.

Los modelos Yak soviéticos eran comparables en velocidad a los cazas alemanes. Sin embargo, durante los primeros combates aéreos sobre Stalingrado quedó claro que era pronto para cantar victoria. Los últimos modelos Messerschmitt restablecían en gran medida la situación de 1941.

El retraso técnico podía compensarse con la superioridad cuantitativa. Según los especialistas soviéticos, para derrotar a un avión alemán hacían falta dos aviones soviéticos. El resultado fue un drástico incremento de la producción de cazas en detrimento de otros tipos de aviones militares como bombarderos y aviones de asalto.

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Al mismo tiempo continuaba el trabajo de perfeccionamiento de los modelos que ya se usaban en el ejército. Sin embargo, este problema no se pudo resolver hasta que se introdujeron nuevos aviones durante el tercer año de la guerra. Los cazas Yak-3 y La-7 no solo no eran inferiores a las aeronaves alemanas, sino que las superaban. El proceso de renovación no fue sencillo y el gran número de fallos de construcción provocaron un gran número de accidentes. No obstante, gracias a un proceso de prueba y a error, el problema del retraso cualitativo de las Fuerzas Aéreas del Ejército Rojo respecto a la Luftwaffe pudo resolverse.

De la cantidad a la calidad

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La superioridad numérica no suele ser suficiente para ganar un combate aéreo. Un caza más moderno, con sus maniobras y huyendo de la persecución, podía derribar fácilmente varios aviones en un solo combate. Esto explica el hecho de que la aviación soviética, que era muy superior en número, sufriera derrotas con gran frecuencia. La comandancia soviética tomó consciencia rápidamente de este problema y elaboró un plan para salir de este punto muerto. La dirección de la aviación se reorganizó. Los aviones pasaron a formar parte de ejércitos aéreos que se subordinaban a los ejércitos de infantería.

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Las Fuerzas Aéreas iniciaron una interacción más estrecha con las unidades terrestres y empezaron a resolver misiones comunes. Al mismo tiempo se estableció la comunicación por radio entre escuadrillas y aviones separados. Anteriormente los pilotos debían acordar la interacción militar en tierra. En el aire, casi siempre se veían obligados a improvisar, lo cual hacía fracasar toda la estrategia táctica. Los pilotos alemanes, en cambio, se orientaban rápidamente gracias a la comunicación por radio. Entre 1942 y 1943 los pilotos soviéticos comenzaron a actuar del mismo modo y el resultado no se hizo esperar. Las pérdidas de la Luftwaffe durante el verano y el otoño de 1942 superaron las 7000 aeronaves, más del 70 % de sus pérdidas totales en ese periodo.

La conquista del cielo

Los combates de 1942 y 1943 en el cielo de la región del Volga y de Kursk transcurrieron con un éxito gradual para las Fuerzas Aéreas soviéticas, que se encontraban en pleno proceso de desarrollo de la técnica de combate aéreo, de ajuste de la comunicación y la interacción en las escuadrillas.

Los ingenieros fueron de gran utilidad: en 1943 se empezó a equipar los aviones con nuevas radios que también funcionaban como radares. La industria de la construcción aeronáutica alcanzó sus índices más altos de productividad: el número de aeronaves producidas era tres veces mayor al de las pérdidas en combate. En 1944 la superioridad de los cazas soviéticos fue aplastante. Como resultado, los alemanes se vieron obligados a tomar medidas a la desesperada y redujeron considerablemente el número de pilotos de bombarderos para poder reforzar las escuadrillas de cazas.

Los aliados occidentales prestaron una gran ayuda a la aviación soviética. El arrendamiento de cazas estadounidenses e ingleses supuso un 13 % del número total de aviones producidos en la URSS. Entre ellos se encontraban los famosos Airacobras y los Kingcobras. El legendario piloto soviético Alexander Pokryshkin, que logró derribar 65 aviones alemanes, volaba en un Airacobra. El árduo trabajo y la ayuda de los aliados dieron sus frutos: a finales de 1944 la supremacía de las Fuerzas Aéreas del Ejército Ruso era total. Se había sentado la base para la creación de una de las fuerzas aéreas militares más avanzadas del mundo.

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