Joanna Stingray, la estadounidense que se casó con una estrella de rock soviética

Cultura
KSENIA ZUBACHEVA
Perseguida por el KGB y el FBI, codeándose con las leyendas del rock ‘underground’ soviético, y la vida cotidiana en la URSS: su libro ‘Stingray en el país de las maravillas’ se devora al leerlo.

“Recuerdo el día en que, como Alicia en el famoso cuento, caí en la madriguera del conejo. Era marzo de 1984 y mi avión aterrizó en el aeropuerto internacional Sheremétievo de Moscú", escribió Joanna en su libro Stingray in Wonderland (publicado en ruso por AST, 2019).

Aventurarse a cruzar el Telón de Acero no era algo con lo que ella soñaba, pero todo cambió tras un viaje espontáneo a la URSS. Allí se casó con más de un músico ruso y se convirtió en la primera productora de rock rusa en Estados Unidos.

‘Bajo ninguna circunstancia debes considerar el cruzar el Telón de Acero’

Nacida en Los Ángeles, California, en 1960, de niña a Joanna le decían que la URSS era un país malvado. Su padre, Sidney Fields, dirigió una popular película de propaganda sobre la Unión Soviética llamada La verdad sobre el comunismo y advirtió a su hija que no viajara a la URSS. “Creí a mi padre sin dudarlo”, escribe. “Rusia no me interesaba en absoluto en ese momento”.

Sus padres se divorciaron más tarde y su madre se casó con un abogado rico. Joanna acabó centrándose en convertirse en una estrella del rock, pero en 1984, cuando su carrera musical descarriló, el destino le señaló la dirección de la URSS, adonde se dirigía su hermana como parte de un programa de intercambio de estudiantes. “No podía predecir lo importante que sería este viaje para mi futuro”, escribe.

Enamorarse de Rusia

Después de su primera visita en 1984, cuando conoció a Borís Grebenshikov (al que llama “Bob Dylan ruso”) y a otras figuras muy conocidas del rock ruso underground en Leningrado (ahora San Petersburgo), Joanna quedó enganchada del país.

“Todavía no me había ido, pero ya había empezado a planear mi próxima visita. Los breves encuentros con estos músicos y el centro de la ciudad, un poco áspero pero tan encantador, me abrieron algo que nunca pensé que existiera estando en casa”, recuerda. Joanna se encariñó con el estilo de vida local y no se inmutó por tener que hacer colas para comprar alimentos o utilizar periódicos viejos en lugar de papel higiénico.

¿Enemiga de ambos estados?

En los años siguientes visitó con frecuencia la Unión Soviética, llevando de contrabando regalos hechos en Estados Unidos a sus amigos rusos y música rusa a Estados Unidos. Incluso publicó la primera compilación de “rock enemigo”: se llamaba Red Wave - 4 Underground Bands From The USSR (1986). 

Desde el principio, Joanna fue seguida e incluso interrogada por agentes del KGB soviético, y abordada por el FBI en su país; ambas agencias pensaron que era una espía. Durante uno de sus primeros encuentros con el KGB, fue encerrada en una habitación por dos agentes. “De repente, entre el humo de los cigarrillos, aparecieron ante mí dos hombres trajeados”, escribe. 

Todo lo que siguió fue como algo sacado de una película de Hollywood, ya que la interrogaron airadamente en un inglés chapurreado. “Comprendí que una vez que dijera mi nombre no me dejarían volver a la URSS”, recuerda. “Casi sin aliento, me oí decir: 'Soy ciudadana estadounidense. Si quieren saber mi nombre, llamen al consulado”. Finalmente la dejaron ir. 

Casada con un ruso

En 1987, cuando se disponía a casarse con el guitarrista Yuri Kasparián, su visado fue bloqueado. Por alguna razón, las autoridades soviéticas la incluyeron en una lista negra, pero ella no se rindió. Su madre incluso le dijo que quizá era una señal para que dejara de lado la URSS. “¡No puedo vivir sin Rusia!”, le gritó. “Lo llevo en la sangre. Prefiero estar en una cárcel rusa que en tu casa de lujo”.

Tras meses de espera, finalmente encontró la forma de volver y casarse. Cambió su nombre de Fields a Stingray y viajó a la URSS desde Helsinki, lo que le permitió quedarse unos días sin necesitar visado. “El 2 de noviembre de 1987 repetí como si estuviera hechizada”, escribe. “El hecho de que me casara tan fácilmente demostraba no sólo mi fe en mi destino de cuento de hadas, sino también lo que ya sabía sobre este vasto país burocrático: Rusia no era una aterradora máquina bien gestionada, sino más bien una especie de monstruo de debajo de la cama... A veces, la información tardaba meses en viajar entre organizaciones y ciudades, incluso se perdía por el camino.”

Sin embargo, el matrimonio no duró: Yuri y Joanna se divorciaron a principios de los 90 antes de que ella formara una familia con otro músico ruso, Alexánder Vasiliev. Se trasladaron a Estados Unidos debido a la preocupación de Joanna por la contaminación ambiental y la inestabilidad general de la Federación Rusa.

En 2004 volvió a Rusia, esta vez con su hija Madison. Después de 10 años, su matrimonio con Vasiliev llegó a su fin: Joanna está casada con un compatriota, pero sigue amando a Rusia. A principios de abril de 2019 volvió a viajar a Rusia con Madison para presentar su libro.

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