Así se convirtió un artista sin galería en un exitoso comerciante de arte… ¡gracias a un abrigo!

Foto de prensa
Todos en el mundo del arte de Moscú y San Petersburgo conocen a Alexánder Petrelli. El artista cumplió 50 años este mes, y su ‘galería en movimiento’ inició recientemente una gira por Europa.

En las inauguraciones de exposiciones en Moscú y San Petersburgo, a menudo se ve a un hombre que viste un abrigo en cualquier época del año. Haciendo el gesto de un exhibicionista, abre de par en par las solapas de su abrigo para revelar... obras de arte. El forro de su abrigo está siempre lleno de pequeñas pinturas o dibujos, como si fuesen los muros de un museo. Es la galería itinerante Paltó (Abrigo), que existe desde hace más de 20 años.

Éxito en tres minutos

La galería está formada por un solo hombre, el artista amante de la diversión, Alexánder Petrelli. Originario de Odessa, se trasladó a Moscú en los años 90. En aquella época la gente empezó a llamarlo con el apodo de “Karmán” (Bolsillo), que se ha mantenido desde entonces como un segundo nombre. Se exhibe con su abrigo en los principales museos, incluyendo el Museo de Bellas Artes de Pushkin y la Galería Tretiakov, así como en las inauguraciones de exposiciones en las distintas galerías.

La galería itinerante de Karmán, que se inició como una acción irónica, es uno de los espacios expositivos más duraderos del mercado ruso de arte contemporáneo. Sólo un puñado de galerías en Moscú, menos que los dedos de una mano, han sobrevivido desde mediados de la década de 1990 hasta la actualidad, y Paltó es una de ellas. Con más de 500 exposiciones en los últimos 23 años y más de 130 artistas que han creado obras especialmente para ella –incluyendo a algunos clásicos como Víktor Pivovárov, Vadim Zajárov, Andréi Filíppov y Zurab Tsereteli– debe representar un récord absoluto.

Hoy en día Paltó se ha convertido en una galería itinerante. Por ejemplo, Petrelli batió su propio récord en la feria de arte contemporáneo austriaca Viennacontemporary con una exposición que duró sólo tres minutos e incluyó dos docenas de lienzos conceptuales del tamaño de la palma de la mano, del artista Dmitri Gútov.

“El único artista cuyas obras vendí en Viena, no a un coleccionista ruso, sino a un cliente ocasional que no tenía la menor idea de arte ruso, fue Aidán Salájova”, dijo Petrelli a Russia Beyond. “Eran unas obras de arte gráfico, sobre papel de calco con dos hojas superpuestas y la imagen cambiaba según el lado del que se miraba. Me los colgué y salí, y allí estaba él, sentado en un pequeño sofá frente a mí. Un austriaco muy amable con un bastón. Tan pronto como vio las obras, se hizo con ellas. Ni siquiera preguntó quién era el artista”.

En Viena, Karmán también vendió obras del famoso grupo de arte austriaco Gelitin. Con unas medidas de 30x40 cm, sus cuadros son bastante grandes para los estándares de la galería. Dice que sólo dos de ellos se vendieron, pero por una cantidad con la que la galería sólo podía haber soñado en sus inicios.

Una exposición en movimiento

La historia de Paltó comenzó en 1995. A los miembros del grupo de arte Pertsi (Pimientos) se les ocurrió originalmente la idea. “Regresaron de Sochi”, recuerda Petrelli. “Estábamos sentados y bebiendo, y de repente empezamos a recordar la vieja comedia soviética Iván Vasílievichcambia de profesión. En ella, uno de los personajes vendía en secreto piezas de radio, pegándolas al forro de su chaqueta. Y me dicen: ‘Sasha [abreviatura de Alexánder], ¡abramos una galería en tu abrigo!’. En aquella época yo tenía un viejo y pesado abrigo, grueso, de lana oscura y color azul marino, que había comprado en una tienda de segunda mano. Solía usarlo entonces”.

Así surgió la idea de un museo itinerante, algo propuesto por primera vez por Marcel Duchamp. Vladímir Dubossarski y Alexánder Vinográdov, dos importantes figuras del arte contemporáneo más reciente y en cuya exposición se inauguró la galería, estaban muy entusiasmados con la idea (todavía no eran famosos). En aquel momento, Paltó de Petrelli se presentó en una exposición que se había inaugurado en el lujoso –y ahora desaparecido desde hace mucho tiempo– Manhattan Express club. La exposición principal se titulaba Arte contra el sexo, mientras que la exposición de Paltó se titulaba Arte por el sexo. Esto causó un escándalo cuando alguien se quejó al dueño del club, que quiso cerrar Paltó inmediatamente. Al final, lograron llegar a un compromiso: Karmán podría andar por ahí con su abrigo, pero si quería mostrarle algo a alguien, tendría que llevarlo al baño para hacerlo.

“Hoy podemos ser honestos”, dice Petrelli. “Entonces el concepto no funcionaba. Nadie compraba nada. Pero más tarde, toda la exposición, la primera en solitario para el dúo Dubossarski-Vinográdov, fue vendida por sus autores por 30.000 euros”. Las ventas de Paltó también han aumentado desde entonces.

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