El ingeniero ruso que se mudó a EE UU y usó sus habilidades para levantar un imperio como joyero

Alex Soldier
Alex Soldier emigró de la Unión Soviética a principios de la década de 1990 y rápidamente se convirtió en uno de los diseñadores de joyas más innovadores de Nueva York. Hoy, sus inspiradoras piezas evocan la belleza y complejidad de la vida

La galería de Alex Soldier en Manhattan está llena de exquisitas piezas de joyería y preciosas miniaturas, además de prestigiosos premios internacionales. Ubicada a solo unos metros de la bulliciosa Times Square, en el estudio de Soldier se encuentra el epicentro de un nuevo movimiento de diseño en la joyería estadounidense.

Como ex ingeniero soviético, Soldier fue pionero en técnicas que daban a sus joyas un acabado más suave, haciéndolas parecer más tela que metal. Sus patrones de gemas de colores incluyen un alto grado de atención al detalle y la textura.

Nacido Alexánder Soldátov en la ciudad de Perm, en los Montes Urales, obtuvo una licenciatura en ingeniería informática y estaba fascinado por los robots y la inteligencia artificial. Soldier planeaba dedicar su vida a la ingeniería, pero un giro del destino lo llevó al mundo de la joyería.

Su esposa, Galina, que amaba su habilidad artística, lo convenció de unirse a un fabricante de joyas estatal en los Urales, y en solo seis meses pasó de ser pasante a diseñador en jefe.

"La técnica de esmalte única que utilizamos en aquel momento en la Unión Soviética, para crear nuestras piezas, está casi perdida", dice Soldier hoy, con arrepentimiento.

A fines de la década de 1980, Soldier participaba en exhibiciones de joyas en la Unión Soviética cuando, inesperadamente, una empresa estadounidense se fijó en él. Luego se mudó a EE UU. Y cambió su apellido a Alex Soldier, ("soldat", "soldado" en ruso, se dice "soldier" en inglés), que es más corto y más comprensible para los oídos estadounidenses.

No duró mucho tiempo en la compañía que lo invitó a Estados Unidos porque las reglas corporativas sofocaron su creatividad. Entonces, abrió su propio negocio y desarrolló métodos únicos que hoy están cambiando la forma en que los estadounidenses, y otros en todo el mundo, entienden la fabricación de joyas.

Todas sus piezas están hechas a mano en su galería de Manhattan, con un microscopio. Mientras que Soldier crea la mayoría de las piezas, su equipo de talentosos maestros está abierto incluso para aquellos que no tienen formación formal en joyería porque "no están restringidos por los límites de la artesanía tradicional que podrían haber aprendido antes".

Desde 2009, Soldier ha ganado cada año el premio Princess Grace Awards, que concede anualmente una celebridad famosa por sus esfuerzos filantrópicos en apoyo de las artes. Este premio incorpora símbolos de las tres disciplinas que amaba la princesa Grace de Mónaco: el teatro, la danza y el cine.

De vuelta a casa en Nueva York, los anillos de caracol de diamante de Soldier son muy populares. "Tal vez los neoyorquinos de ritmo rápido de hecho anhelen un estilo de vida más lento y más pacífico", contó Soldier a Russia Beyond. "Creo que los caracoles son un recordatorio para ellos del estilo de vida más lento, que rara vez disfrutamos".

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