Las banias tradicionales de San Petersburgo

Irina Kuznetsova/PhotoXPress
La capital cultural de Rusia cuenta con baños públicos en el centro de la ciudad, donde es posible adentrarse y sentirse como un local.

Recuerdos editoriales: Un día me visitó mi amigo uruguayo y lo invité al histórico pueblo de Sérguiev Posad situado en el Anillo de Oro de Moscú para vivir una experiencia auténtica: la bania tradicional. El latinoamericano se las prometía muy felices hasta que entraron a la sauna; todo era oscuro, estaba lleno de vapor, hacía mucho calor y no había más que severos hombres desnudos, excepto por un gorrito cónico sobre sus cabezas. Me dijo "¡parece una cárcel!". Se asustó bastante. Pero esto pasa cuando visitas por primera vez una bania tradicional colectiva... Hay que estar preparado.

En San Petersburgo sigue habiendo algunas banias a las que todavía se puede entrar por 20 rublos (0,3 dólares)

En la calle 17 de la isla Vasílievski se encuentra una de las banias más famosas de San Petersburgo. La entrada a esta bania rusa auténtica, con su gran sala de vapor y su enorme estufa, cuyo tiro recorre todos los pisos del edificio, cuesta como un viaje en autobús. En la parte femenina hay más de 60 taquillas, una conserje, una jungla de flores en maceta y dos consultas de masaje y pedicura. El masajista es el único hombre de esta planta, y siempre cuenta a todas sus clientas que antes trabajaba en el club de fútbol Spartak (el de San Petersburgo, no el de Moscú).

Las normas de la sauna

APAP

Entre semana, darse un baño de hora y media cuesta 45 rublos (0,69 dólares), y los martes las entradas cuestan 20 rublos (0,3 dólares). El establecimiento vende ramas de abedul y roble. Algunos acuden por la sala de vapor, otros vienen de pisos comunales en los que no hay bañera para lavarse. Las 40-60 mujeres de la sala de vapor siguen unas normas no escritas: no hablan para no “tragarse” el vapor y no comienzan a golpearse con las ramas hasta que el vapor no está asentado.

Esta bania se considera la última de las saunas públicas de la isla Vasílievski, un lugar con gran densidad de población. Hace unos años se cerró la bania Gavánskie y desde entonces la calle 17 se divide entre los que iban a Gavánskie y los asiduos de esta sauna. Un poco más cerca del centro de la ciudad se encuentra otra bania más antigua todavía e incluso más famosa.

En los años 90 la bania era el lugar de encuentro de los  mafiosos

Nadezhda Gorodetskaya/PhotoXPress
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Hoy en día, en el edificio de una esquina de la calle 4 resplandece un cartel en el que se lee “Imbir”. En XIX este edificio fue construido expresamente para la bania. Y 167 años después la gente sigue bañándose y relajándose en ella. El edificio tenía siete secciones, una de ellas estaba destinada a madres con niños. Después de tomar un baño de vapor como es debido en la sección femenina, siguiendo el consejo de la conserje me dirijo a la parte masculina: allí es donde me ha dicho que encontraré a los visitantes más asiduos. Llamo cuidadosamente al entrar en el pasillo masculino.

El conserje, el masajista e incluso los visitantes se conocen desde hace 20 o 30 años. Todos recuerdan que en los turbulentos años 90 la bania era un lugar de encuentro entre los jefes de la mafia local.

“A veces salía alguno volando por las ventanas — cuenta Vladímir, un cliente—. Todos esos mafiosos venían aquí y entraban en la sauna con sus cadenas de oro y sus cruces. Pero aquí no montaban grandes peleas, para ellos la bania era un lugar sagrado. En 1994 en la isla Vasílievski se produjeron 27 asesinatos a manos de sicarios. ¡Sólo en la isla! Lo sé porque en aquella época trabajaba en la policía local”.

La bania de Balabánov y de su película Brat-2 (Hermano)

Fragmento de la película Brat-2Fragmento de la película Brat-2

La bania de la calle 4 no es famosa por los mafiosos, sino porque allí acudía cada semana el conocido director ruso Alexéi Balabánov. En esta bania se rodó la famosa escena de la película rusa de culto Brat-2 (2000) sobre un veterano de la guerra de Chechenia que visita a su hermano en San Petersburgo y se encuentra con la realidad rusa de aquella época: el crimen, las drogas, etc. En el vestíbulo del edificio hay fotografías con escenas de la película.

Los empleados de la bania reconocen que el establecimiento tiene pérdidas, pero añaden que la gente necesita un método barato para poder lavarse. “En la isla Vasílievski hay muchos apartamentos comunales que no tienen baño — comenta Ígor, uno de los empleados— . Pero además, ninguna bañera se puede comparar a una bania. Esto fortalece la salud, el cuerpo y la mente. La bania es un ritual. En la bania todos somos iguales, ¿comprende? En los años 90 les masajeé la espalda a todos los jefes de la mafia de la ciudad y después a toda la comisaría de policía local e incluso a los hombres del Servicio Federal de Seguridad. Y nadie me hizo nada malo porque yo soy un especialista y se me daba muy bien dar masajes”.

Clientes de 98 años

“Cada cliente viene por un motivo distinto — comenta la conserje Elena de la sección femenina—. Algunos vienen por costumbre y otros por problemas de salud. Por ejemplo, una de nuestras clientas es una anciana de 98 años. Le cuesta andar y, por su delicada salud, tampoco puede tomar un baño de vapor. Pero viene una vez al mes y se lava. Y cuando le ofreces ayuda para vestirse, siempre la rechaza. Me dice “frótame un poco la espalda y con el resto ya me las arreglo yo poco a poco”.

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