La desconocida historia de los soldados judíos en el Ejército Rojo

Fuente: Archivo Blavatnik.

Fuente: Archivo Blavatnik.

El archivo Blavatnik recoge los testimonios orales de los veteranos que lucharon en la Segunda Guerra Mundial.

Mientras que la tragedia vivida por los judíos de Europa entre 1993 y 1945 ha sido objeto de extensos y numerosos estudios, el patriotismo y el sacrificio de los judíos soviéticos contra la Alemania nazi ha sido prácticamente desconocido. 

El industrial y filántropo Leonard Blavatnik, fundador de Access Industries, ha querido reconocer y recordar este capítulo de la historia judía. Para ello ha lanzado un ambicioso proyecto que recoge los testimonios orales de los soldados judíos que lucharon en el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. 

Alrededor de medio millón de judío soviéticos lucharon en el Ejército Rojo o como partisanos. Más de 200.000 murieron en el campo de batalla. Los judíos soviéticos muertos en el Holocausto fueron entre 2 y 2,5 millones, lo que supuso la mitad de la población judía que había antes de la guerra. 

El objetivo del archivo Blavatnik es preservar las historias de los judíos que lucharon en la guerra a través de sus propios recuerdos. Desde el 2006 el archivo ha realizado entrevistas con más de 1.100 veteranos en 11 países del mundo que han sido grabadas en vídeo. 

Incluso se ha digitalizado fotografías de archivo, documentos y cartas.

 

En su cumpleaños, María Iosifovna Kayfman envió una fotografía a su hermano Grigori junto con el deseo de que se recuperase de las heridas del frente. Noviembre de 1994. Fuente: Archivo Blavatnik.

En las grabaciones de vídeo los veteranos comparten su historia personal: su juventud, el desastre humanitario que siguió a la invasión nazi en Alemania, las heridas de la guerra y la muerte, pero también la amistad que se creó en el frente y ante la adversidad. 

"Estoy segura de que el material preservado en el archivo puede ayudar a iluminar un capítulo poco conocido en general acerca de la historia de judíos de Rusia", dice Blavatnik. "Decenas de miles de judíos que lucharon en el Ejército Rojo recibieron órdenes y medallas de la URSS. Siempre deberíamos recordar el heroísmo de los que lucharon en la guerra y expresar nuestra gratitud a esta generación, que con un coraje y autosacrificio sin precedentes, se levantaron para defender el futuro de la humanidad". 

El archivo, que tiene su base en Nueva York, participa en multitud de proyectos con museo e instituciones educativas en Rusia, Canadá e Israel. 

Oleg Budnitskii, director del Centro Internacional de Historia y Sociología de la Segunda Guerra Mundial en la Alta Escuela de Economía de Moscú ha sido miembro del consejo académico del archivo durante varios años. "Los judíos, que sobre todo en Occidente, se perciben casi exclusivamente como víctimas del Holocausto, se presentan en el archivo como soldados que lucharon contra los nazis, que se defendieron y vengaron a sus familiares", declara. 

Budnitskii señaló que las fuerzas armadas soviéticas eran el único lugar en el que los judíos podían demostrar una resistencia activa y masiva al nazismo. Además, considera que este proyecto es único porque el Holocausto no fue ampliamente discutido en la URSS. 

Como todas las nacionalidades eran consideradas iguales en el Estado soviético, no se consideraba patriótico enfatizar en el sufrimiento de los judíos durante la guerra. "En lugares en los que hubo asesinatos en masa de judíos, había señales que conmemoraban la muerte de ciudadanos soviéticos asesinados por los nazis, incluso cuando los mataron simplemente porque eran judíos", declara Budnitskii. 

Julia Chervinski, directora del archivo, explicó que el objetivo del proyecto es "preservar una imagen de la vida diaria en el frente y contribuir a una mejor compresión de la Segunda Guerra Mundial. Al fin y al cabo, no hubo ninguna familia en todo el territorio de la antigua URSS que no se viera afectada por los trágicos sucesos entre 1941 y 1945". 

Parte del material del archivo, incluidas algunas entrevistas con veteranos, se puede encontrar online. Además, se acaba de publicar el primer volumen, una serie bilingüe acerca de los judíos soviéticos en la guerra. El archivo realiza exposiciones y tiene disponible el material para los investigadores. 

En sus propias palabras 


Entrevistado en Tel-Aviv, Israel. 2008. Fuente: Archivo Blavatnik.

Román Davídovich Yagel salvó su vida porque confesó a su comandante que era judío 

Nuestra misión era cruzar la línea de frente y destruir el cuartel general de la división enemiga. El comandante del regimiento y su ayudante estaban buscando nuevos voluntarios. Nadie levantaba la mano. Yo la levanté, y después otros comenzaron a hacer lo mismo. 

Entonces se reunieron unas 70 u 80 personas que decían: "Vamos a esa misión". El segundo día el comandante del regimiento me llamó y me dijo: "Tú no vas a ir. Eres un espía". 

Le dije: "¿Por qué soy un espía? Y me respondió: "porque has sido el primero en subir la mano". Le dije que sí, pero que lo había hecho porque nadie la levantaba. “He sido el primero, pero soy un espía por eso?” 

"Sí, te capturaron y estuviste preso y probablemente se lo vayas a contar a los alemanes". 

Casi no sobreviví y era la segunda vez que me decía que era un espía. No sabía qué hacer. Te puedo decir que estaba listo para fusilarme allí mismo. Fue entonces cuando decidí decirle quién era. Dije: “soy judío. ¿Cómo puedo ser espía?¿un judío informando a los alemanes?¿Qué dices?” 

Entonce me miró y dijo: “¿Sabes rezar?” Dije que sí. Entonces dije: “Shma Yisrael, Adonai Aloheinu, Adonay Ejad.” 

Dijo "Amén" y empezamos a llorar. Él era judío. Me dijo entonces "Todo está bien, estás bajo mi mando y no te pasará nada".

 

Entrevistada en Moscú en 2006. Fuente: Archivo Blavatnik. 

Evguenia Grigorievna Aluf recuerda las Noches Blancas de Leningrado y el principio de la guerra 

Leningrado estaba lleno de globos contra los ataques aéreos. Era la época de las Noches Blancas y habíamos estado en la calle, sentados en un banco, tocando la guitarra y pasando un buen rato.  

[Fotografías] Desde el horror del sitio de Leningrado a la vida moderna del San Petersburgo actual

Las bellas Noches Blancas y de repente se anunció que empezaba la guerra. Nos transportaron en camiones a la estación de Vitebsk, donde unos trenes de carga llamados 'teplushki' nos estaban esperando. Mi hermana y mi primo vinieron con flores para despedirse. Llevaba un vestido de algodón azul claro, tacones y un collar. 

Pensábamos que éramos chicas que iban a ir a la guerra contra Finlandia y volveríamos rápido. Pensábamos que nos ocurriría lo mismo. Partimos al frente. ¿Dónde? ¿Qué? No sabíamos nada.

 

Entrevistado en Nueva York en 2007. Fuente: Archivo Blavatnik. 

Simeón Grigórievich Spieguel recuerda las luchas en Stalingrado 

Dormimos en las sótanos de estas casas destruidos, donde se podía dormir. En una ocasión mi comandante, Fiódor Podisemov, nos dijo que en un sótano había habido gente y que habían dejado almohadas y sábanas y que podíamos pasar allí la noche. 

Dormimos y a la mañana descubrimos que debajo de las sábanas había cadáveres. Esas eran las condiciones en las que estábamos. 

Muchos dicen que el frente no daba miedo. Lo repito: Daba miedo.

 

Entrevistado en Nueva York en 2007. Fuente: Archivo Blavatnik. 

Borís Iosífovich Rabiner explica el significado de las Segunda Guerra Mundial para los veteranos 

Probablemente la guerra quedará en el recuerdo de cada soldado que participó en la línea de frente. Si no como un motivo de orgullo, al menos como una base para el respeto a uno mismo. 

El hecho es que hay momentos en la vida en los que un hombre se tiene que comportar como un hombre. Cuando íbamos hacia la guerra, bien voluntariamente - como fueron muchos- o bien reclutados, entendíamos que estábamos en una guerra para salvar al país. Era una guerra en nombre de la verdad. Sobre el triunfo del bien sobre el mal. 

Quiero repetirlo de nuevo: nuestra participación en la guerra no es solamente nuestro pasado, estará con nosotros para siempre. No revisitamos estas memorias a menudo. Normalmente, en la víspera del Día de la Victoria o en un día en que sentimos especialmente alto nuestro ánimo. 

Quiero desear salud y largos años a mis amigos veteranos. Felicidad a sus hijos y nietos. Espero que nadie viva una guerra tan devastadora, difícil y terrible. Deseo que haya paz en la tierra. 

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El 27de enero de 1945 el Ejército Rojo bajo el mando del mariscal Konev liberó el campo de concentración más grande del Tercer Reich. RBTH publica los recuerdos de participantes y testigos de estos sucesos en el 70º aniversario de la liberación

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