Las tres escuchas telefónicas más sonadas de la Guerra Fría

Fuente: AFP / East News

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Leonid Shebarshin, exdirector de la inteligencia soviética, declaró en una entrevista: “Nuestros éxitos solo saldrán a relucir cuando suframos una importante derrota. Nuestros verdaderos logros no se conocerán al menos hasta dentro de 50 años”. Esto quiere decir que el éxito es patrimonio histórico, mientras que del espionaje contemporáneo solo se suelen contar los fracasos.

Las escuchas a Franklin D. Roosevelt en Teherán

En el periodo previo a la Conferencia de los aliados en Teherán, que se celebró en noviembre de 1943 y reunió a Stalin, Churchill y Roosevelt, los alemanes habían estado preparando una emboscada contra los mandatarios. Sin embargo, los servicios de inteligencia soviéticos descubrieron sus planes a tiempo.

Un grupo al mando del soviético Guevork Vartanián identificó a todos los espías nazis de Irán, lo que permitió el arresto de más de 400 agentes alemanes unos días antes de la Conferencia. Por motivos de seguridad, el entonces presidente norteamericano, Roosevelt, se alojó en la embajada soviética (a pesar de que la embajada inglesa se encontraba justo enfrente de esta).

Más tarde Oleg Gordievski, un coronel de la KGB que huyó a Occidente, confesó que la operación fue una maniobra del NKVD (el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, por sus siglas en ruso) destinada a atraer a Roosevelt a la residencia soviética para escuchar las conversaciones de los norteamericanos.

Los documentos desclasificados en el año 2000 han revelado que la decisión de Roosevelt se debió a que quería evitar que Stalin pensara en una conspiración anglo-americana. Un político experimentado como Roosevelt no podía ignorar que tanto los rusos como los ingleses escucharían sus conversaciones, de modo que tampoco habló de más durante su estancia. 

Un microchip dentro de un escudo

Tras finalizar la guerra, la relación entre la URSS y EE UU comenzó a deteriorarse rápidamente y cualquier información sobre el nuevo enemigo resultaba particularmente valiosa para Moscú. El edificio de la embajada norteamericana se convirtió en el principal objetivo de la inteligencia soviética, que se apuntó un tanto con una de sus maniobras.

Los agentes rusos lograron introducir en la embajada norteamericana un dispositivo de escucha al que denominaron ‘Zlatoust’. El microchip iba incrustado en un ‘regalo’ de la Organización de Pioneros soviéticos: un escudo de EE UU tallado en madera. El souvenir se elaboró de tal manera que no podía dejar indiferente al embajador de los Estados Unidos, quien lo colocó en la pared de su despacho. Gracias al dispositivo, el gobierno soviético pudo conocer las decisiones tomadas por el embajador antes que el presidente de los EE UU durante siete años.

El dispositivo ‘Zlatoust’ sobrevivió a cuatro embajadores, que cambiaban el mobiliario a su llegada, pero mantenían el escudo en su sitio. En 1952, los norteamericanos localizaron la señal de radio del dispositivo y lo encontraron escondido en el escudo. La sencillez del aparato provocó cierto desconcierto, pues no usaba pilas y consistía tan solo en una membrana que se activaba mediante un haz de radio procedente del edificio de enfrente. Cuando alguien hablaba en el despacho, la vibración de la membrana modulaba el haz reflejado en ella, generando una señal que se podía descifrar. 

Las ‘orejas’ cubanas de la URSS

El 25 de abril de 1975, la URSS acordó con el gobierno de Cuba la creación de un puesto de radioescucha en la base del Departamento Central de Inteligencia de Lourdes, situada a las afueras de la Habana. El puesto se equipó con una antena fija de 12 metros y una móvil de siete metros instalada en un camión abierto. Estas antenas permitían interceptar los mensajes transmitidos en el rango de frecuencias de microondas desde los satélites norteamericanos, además de controlar las conversaciones que tenían lugar entre las torres de comunicación de microondas.

El centro de Lourdes se convirtió en el principal instrumento de recogida de información sobre el ‘enemigo probable’. Con ayuda de los cubanos, la URSS pudo ‘pegar la oreja’ a la puerta de los Estados Unidos y recabar información prácticamente de todo el territorio norteamericano. Los equipos del centro se modernizaron en varias ocasiones: en los años 90 tenía capacidad incluso para espiar las comunicaciones vía satélite.

“El volumen de información obtenido con la ayuda de este centro era enorme. Se llegaron a controlar incluso conversaciones telefónicas entre vehículos, por no hablar de acontecimientos tan significativos como el lanzamiento de un cohete y el seguimiento de su trayectoria”, comenta el exdirector del departamento de análisis de la KGB Nikolái Leonov.

En 2002, Rusia cerró esta base. Los rumores sobre su reapertura se basan en meras especulaciones de la prensa, aunque quién sabe si volverá el espionaje ruso a la isla caribeña.

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