Durante muchos años Donald Heathfield fue un americano ejemplar: con formación en Harvard, padre de dos hijos y casado, poseía su propia empresa de consultoría. Es poco probable que a alguno de sus amigos y colegas se le hubiera pasado por la cabeza que Donald Heathfield se llamaba en realidad Andréi Bezrúkov y que era un espía ruso. Bezrúkov comenzó a trabajar con una identidad falsa a finales de la década de 1990 y, durante todo ese tiempo, no pronunció ni una sola palabra en ruso. Hace dos años, después del escándalo de los espías, volvió a Rusia.

 

Para empezar, ¿cómo podemos calificar su actividad en los EE UU? ¿Cómo espionaje?

Andréi Bezrúkov nació en una ciudad siberiana y estudió en la Universidad estatal de Tomsk. Junto con su mujer, Elena Vavilovaia, vivió durante más de veinte en la clandestinidad, dedicado al trabajo de inteligencia. En 2000, obtuvo un máster en Administración Pública en el Instituto John Kennedy de la Universidad de Harvard. En verano de 2010 fue arrestado en Estados Unidos y, junto con otras personas involucradas en el escándalo de espionaje, incluida Anna Chapman, fue deportado a Rusia a cambio de cuatro ciudadanos rusos, acusados de espiar para Estados Unidos y Gran Bretaña. En la actualidad trabaja en la compañía Rosneft.

 

Hacía exactamente lo mismo que hacen los servicios de inteligencia estadounidenses en Rusia. La diferencia es terminológica. “Shpiónazh” (espionaje) se traduce al inglés por spying, pero, en ruso, spy tiene dos significados: shpión (espía) y razvédchik (agente de inteligencia). Se puede entender de diferente forma. No en vano, en la Unión Soviética, se llamaba “agentes de inteligencia” a los propios y “espías” a los enemigos.

 

Se comenta que durante todo el tiempo de su servicio en Estados Unidos usted no pronunció ni una sola palabra en ruso. ¿Es cierto?

 

Sí. Es una particularidad del trabajo clandestino. No puedes utilizar tu lengua materna ni siquiera en casa, tienes que someterte todo el tiempo a un férreo autocontrol. Aunque después de varios años de trabajo se convierte en algo del todo natural. Incluso acabas soñando en otras lenguas. Mi mujer y yo seguimos hablando en inglés y en francés.

 

Y su mujer, ¿trabajaba con usted?

 

Sí, mi mujer Yelena también es una agente de inteligencia profesional y hemos trabajado juntos en el extranjero desde el primer hasta el último día.

 

Ha vivido durante mucho tiempo en el país trabajando en realidad contra él, ¿no es así?

 

¿Sabe? El trabajo de inteligencia no se hace contra alguien. No es el objetivo, las misiones pueden cambiar. Como agente uno trabaja para beneficiar a su país. Un crimen puede cometerse contra alguien, pero el espionaje en sí mismo conlleva un carácter patriótico.

 

¿Cómo percibe entonces a las personas de su entorno, si no como enemigos?

 

Como un objeto de estudio. Debes conocer el país y comprender a la gente para ayudar al gobierno de tu país a tomar las decisiones correctas.

¿El espía es algo así como un científico encubierto?

 

Sí, muy a menudo surgen cuestiones de conocimiento, de comprensión. Incluso lo formularía en estos términos: para vencer, hay que comprender y para comprender, hay que amar. Es decir, debes amar el país donde trabajas. Alguien que está sobre el terreno es capaz de comprender lo que pasa, burlando la desinformación, es un elemento de estabilización. Para prepararse y defenderse, basta a veces con una cantidad mínima de información crítica. Lo diría así: el espionaje es, en esencia, una medida de defensa.

 

¿Llegó a amar a los Estados Unidos?

 

No diría que amo a ese país. Culturalmente, he vivido en países más interesantes que los Estados Unidos. Pero, desde luego, respeto a los americanos. Me gustan muchos rasgos de la población estadounidense, como el optimismo, la creatividad, la capacidad de adaptación a los cambios necesarios, la disposición a aceptar sus errores y corregirlos.

 

¿Un agente debe tener madera de actor?

 

Creo que sí.

 

¿Y alguna vez pensó en convertirse en actor?

 

No. Un actor se mete en la piel de su personaje por un tiempo dado, pero luego regresa a su vida, mientras que, en el caso del espionaje, la metamorfosis se hace gradualmente, pero de un modo más profundo, integral. De hecho, cambias de nacionalidad, de lengua, pero no de ideas.

 

¿El trabajo de espía se parece a una película de James Bond? Qué es: ¿rutina o auténtico riesgo?

 

Diría que el trabajo de espionaje tiene por objetivo triunfar, es decir, que se corren riesgos y las decisiones se toman para minimizar estos riesgos. El espionaje no es una aventura. Si te comportas como James Bond, no durarás ni un día. Incluso si imaginamos que hay una caja fuerte que contiene todos los documentos secretos, mañana la mitad de ellos caducará y nadie los necesitará ya. Lo fundamental a la hora de ejercer el trabajo de inteligencia es entender lo que tu adversario pensará mañana y no lo que pensaba ayer.

Sus hijos tienen ahora 18 y 22 años. Nacieron en el extranjero, ¿verdad?

 

Sí, nuestros hijos nacieron y crecieron en el extranjero. Crecieron allí como niños normales y sin saber ni una palabra de ruso, naturalmente.

 

Han vivido allí toda la vida. ¿Es posible que se sientan sobre todo americanos?

 

Es verdad que antes de venir a Rusia no tenían nada de rusos. Es un hecho, pero tampoco son americanos al uso. Sabiendo cómo la sociedad americana fagocita las culturas para uniformarlas, decidimos enviar a nuestros hijos a una escuela francesa. Para que conservaran una manera de ver la vida europea. Y, desde luego, nos esforzamos en que tuvieran la posibilidad de ver y comparar los diferentes países y que sacaran sus propias conclusiones.

 

¿Cómo vivieron sus hijos lo que les pasó, su detención?

 

Nuestro arresto se produjo mientras celebrábamos el cumpleaños de nuestro hijo mayor. Al principio pensaron que se trataba una broma: una multitud de personas con trajes negros saliendo de coches negros… Para ellos fue un shock, por supuesto. Pero lo que nos ayudó a salir de este shock es que, como padres, hemos tenido siempre un contacto muy fuerte y bueno con nuestros hijos, un diálogo abierto, comprensión mutua y confianza. Cuando finalmente nos reunimos en Rusia después del intercambio y descubrieron cuál era en realidad nuestra profesión, los primeros meses nos pasamos noches enteras hablando sobre la vida y la historia. Creo que, al final, comprendieron por qué elegimos este tipo de vida.

 

¿Y les inculcaron una ideología determinada?

 

No, hemos intentado educarlos como gente decente, honesta, abierta a nuevas ideas, abierta al mundo. Cualidades humanas, en definitiva.

 

¿Qué pasará con ellos en el futuro? ¿Han logrado integrarse en Rusia?

 

Se encuentran en pleno proceso de integración, es muy difícil. El ruso, desde luego, no es una lengua sencilla. En estos dos años han viajado por el país. Y se han quedado muy impresionados con la naturaleza, sobre todo de Siberia.

 

Vuestro grupo fue descubierto debido a la traición de uno de los oficiales. ¿Qué le diría si se encontrara con él?

 

Bueno, creo que, en cualquier caso, ese tipo, Poteiev, hará todo lo posible por no cruzarse en mi camino…

 

Pero ¿y si llegara a pasar? Figúreselo…

 

¿Sabe? No le diría nada… Es inútil. Pienso que de todas maneras, hasta el final de su vida, se sentirá bastante mal. La traición es como una úlcera: si está en ti, te come. Es imposible mantener el equilibrio emocional en la vida cuando sabes que has traicionado o matado a alguien. Desde luego, el FBI y la CIA están muy satisfechos con el acto de Poteiev, pero, como usted sabe, los traidores nunca están bien vistos. Después de estos dos años en los Estados Unidos, seguramente ha comenzado ya a sentirlo.

Cuando le descubrieron, ¿trataron de comprarlo, de reclutarlo?

 

No. Por el traidor Poteiev y por sus propias observaciones, sabían que era inútil. Los agentes del FBI, después del arresto, siguieron viéndonos a mi mujer y a mí como profesionales y nos trataron con un gran respeto.

 

¿Puede explicarnos en detalle lo que ocurrió después de que les descubrieran? ¿Qué sintió en ese momento?

 

Enseguida después del arresto me acuerdo de un momento de movilización interior total e incluso física. Como si la vida de antes hubiera pasado a un segundo plano, en una especie de niebla. Mi principal deseo era encontrar el motivo del fracaso y poder comunicarme con mi mujer y mis hijos. Comprendía que mi vida anterior había acabado y que empezaba una nueva etapa: una lucha que seguía unas reglas nuevas y que podía prolongarse durante muchos años. Esa sensación de estar absolutamente preparado a todo duró diez días hasta que supimos que se mantenían negociaciones al más alto nivel respecto a nuestra liberación.

 

Como experto e historiador y persona que conoce el país ¿cómo ve los Estados Unidos?

 

Viven un periodo difícil, pues están pasando de ser una superpotencia a un país fuerte pero normal. Tal vez siga siendo líder en ciertos ámbitos, pero no en todo. Es un proceso bastante doloroso. Algunos se preguntan qué lugar ocuparán en el mundo. Muchos forman parte de la élite militar, gente con una sólida formación, capaz de valorar la situación del país. Proponen que se asuma una posición más orientada a la participación en la resolución de los problemas globales, no sólo en ámbito nacional, sino también mundial, como la ralentización del crecimiento económico, en lugar de mantener su posición por la fuerza sea donde sea. Pero por ahora constituyen una minoría. Este diálogo sobre el futuro de los Estados Unidos no ha hecho más que comenzar, pero tenemos que seguirlo, puesto que influirá también en Rusia, en cómo nos ven: si como enemigos o, de manera más realista, como un actor fuerte en un sistema global multipolar.

¿Cómo perciben los americanos Rusia?

 

En los medios de comunicación o en la política, Rusia ocupa una posición marginal. Después de la caída de la URSS, lo que les inquieta sobre todo es que nuestro potencial militar pueda representar sobre todo un peligro para ellos. No creo que los políticos americanos estén interesados en otro aspecto de Rusia. Todo se reduce a clichés: Rusia es inmadura, no juega a las mismas reglas,  no es democrática. Ven a Rusia débil y, por ello, la consideran no interesante, no merecedora de diálogo. Es como las relaciones entre personas: para ser respetado por otros, antes es necesario respetarse.

 

Versión completa de la entrevista en Russki Reporter.

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