Sebastópol

La ciudad resistió el asedio de las tropas en la Segunda Guerra Mundial y hará lo mismo ante el nuevo episodio de Guerra Fría planteado por Occidente. Fuente: Reuters

La ciudad resistió el asedio de las tropas en la Segunda Guerra Mundial y hará lo mismo ante el nuevo episodio de Guerra Fría planteado por Occidente. Fuente: Reuters

Al parecer Obama espera que ucranianos y rusos se autodestruyan para poder tomar Sebastópol sin derramar sangre. Eso no ocurrirá.

Así, con tilde, para que el lector sepa cómo pronunciar el nombre de esta ciudad sagrada para cualquier ruso y para gran parte de la humanidad. No por mucho apoyar a los nazis de Maidán, que son los que realmente detentan el poder en Kiev,  EE UU y la UE, van a lograr que Rusia se rinda, y no importa las sanciones que le impongan, por el contrario, estas estimularán a su pueblo a luchar por sus derechos hasta las últimas consecuencias.

Rodolfo Bueno

 (Esmeraldas, 1937), profesor de matemáticas en la Escuela Politécnica Nacional y de la Universidad Central del Ecuador. Estudió en la URSS, país del que regresó como el primer matemático ecuatoriano. Además es escritor y autor de varias novelas. En el año 2011 recibió la medalla Pushkin de manos del Presidente de Rusia por su contribución al desarrollo de las relaciones entre Ecuador y Rusia.

Entiéndalo bien, presidente Obama, pues usted es el dueño del circo, y no los payasos de Europa que le acolitan, por esa sola ciudad de Crimea ofrendaron su vida más rusos que todos los norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial. Por eso, Sebastópol es la línea roja que Rusia jamás le va permitir transgredir.

Durante 250, Sebastópol soportó el asedio por aire, mar y tierra de las Fuerzas Armadas de la Alemania nazi, que tenía una superioridad astronómica sobre sus defensores. Los rusos no tenían vituallas ni la mínima esperanza de sobrevivir, pero combatieron hasta el último hombre y la ciudad fue tomada, no entregada, cuando los alemanes se adentraban ya por las llanuras de Stalingrado, donde encontrarían su sepultura. Dos años después, por más que Hitler instara a sus tropas a luchar con la misma heroicidad con que los rusos lo habían hecho, los soviéticos liberarían Sebastópol en solo cuatro días de combate. El soldado ruso era heredero de la bravura de sus antepasados, que un siglo atrás habían resistido once meses el embate de las tropas de Inglaterra, Francia y Turquía durante la Guerra de Crimea.

¿Qué espera, presidente Obama, que ucranianos y rusos se autodestruyan para que el imperio tome Sebastópol sin derramar una sola gota de sangre? ¡Eso sí no lo verán sus ojos! No todos los ucranianos son Timoshenko, ladrones dispuestos a traicionar por un plato de lentejas.

Durante tres años, Ucrania fue ocupada por los nazis, supo combatirlos y liberarse de ellos. Ahora también lo hará. Conoce de falsas promesas que, igual que usted, Hitler le ofreciera. No logrará, con base en la mentira reiterativa, romper una unidad forjada por siglos de historia, tradición y cultura comunes. Gógol y Tolstói son tan ucranianos como rusos, lo mismo la música, la danza, la poesía y la religión.

Ya se dijo el 9 de mayo de 1945: los Hítleres van y vienen, pero las naciones perduran. Sépalo de una vez y para siempre, presidente Obama y gobiernos serviles de la UE: ¡No pueden comprar con dinero lo que ha sido pagado con sangre! No revivan la Guerra Fría y reculen ustedes, porque Rusia no lo hará.

Artículo publicado originalmente en el diario ecuatoriano El Telégrafo.