La balalaika, un sinónimo de Rusia

Durante la Segunda Guerra Mundial hubo una importante oleada inmigratoria en la Argentina proveniente de la Unión Soviética. Rusos, ucranianos y bielorrusos fueron los que en mayor medida recalaron en estas tierras y con ellos traían una fuerte identidad cultural y de tradiciones a las que no querían renunciar. Fue así como en los años 50 comenzaron a proliferar por todo el país los clubes culturales y deportivos con el propósito de no olvidar el idioma, la música, las canciones, lascomidas y los bailes de la tierra de origen.

Los inmigrantes no sólo dejaron allí su conocimiento, también legaron para los descendientes sus libros escritos en ruso, los trajes tradicionales y sus instrumentos musicales. Abriendo los armarios de la biblioteca del Club Vissarion G. Belinski en San Martín (Buenos Aires) se pueden encontrar en sus estantes las balalaikas que sus dueños dejaron para que alguien siguiera tocándolas. Y aunque durante muchos años permanecieron allí encerradas, recientemente han sido devueltas a la vida gracias a Alex Dunay, un profesor de música y carpintero, que a fines de los 90 llegó a la Argentina desde Ucrania. “Cuando encontré las balalaikas guardadas en la biblioteca decidí sacarlas. El único problema que tenían es que estaban desafinadas”, cuenta Alex. 

Estos instrumentos, de los años 70, pertenecían a la orquesta que por entonces funcionaba en el club Vissarion G Belinski. Su actual presidente, Alejandro Stasark, se lamentó de que esa orquesta hubiera desaparecido y le propuso a Alex volver a organizarla.

En primer lugar, se organizaron clases de música, con Alex como instructor. “Todos los viernes nos juntamos para ensayar. Empezamos con tres personas y ya somos diez, pero invitamos a más gente a que venga. Las clases son gratuitas”, explica. Alex destaca la gran importancia de poder contar con instrumentos originales, ya que en la Argentina no se pueden conseguir las balalaikas. “Acá no se pueden comprar estos instrumentos, algunas balalaikas que se venden en la Argentina solo sirven para hacer leña para el asado”, bromea.

En la ciudad de Rosario lleva funcionando desde 2007 el Coro Chiriómuskha, nacido bajo la tutela de la Biblioteca Cultural Alejandro Pu­shkin. Su directora, Jesica Herasimovich, se recibió como Maestra Nacional de Música y le encargaron que formara el coro. “Mi abuelo paterno, de origen ucraniano, tocaba la balalaika en un conjunto instrumental de cuerdas y le transmitió a mi padre las vivencias y aprendizajes ucranianos, que él más tarde me transmitió a mí”, cuenta Jesica.

 

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Hace tres años decidieron ampliar el coro con una orquesta, incorporando los instrumentos típicos de Rusia como la balalaika, el gusli, flautas y flautines. “Mi balalaika pertenecía a mi abuelo, él la trajo de Ucrania y tiene más de un siglo”, dice Jesica.“Los otros instrumentos son traídos de Rusia en los viajes que algunos de los integrantes del grupo han realizado”. Actualmente el Coro Chiriómuskha viaja por todo el país llevando el original sonido por las ferias del inmigrante y de las colectividades, cantando e interpretando la música tradicional rusa.

El hermano pequeño de la balalaika

El domra es un instrumento de tres cuerdas que se utiliza en Rusia desde finales del siglo XIX, cuando fue descubierto por el estudiante Vasili Andréiev. El instrumento constaba de tres cuerdas, y a principios del XX pasó a tener cuatro. A menudo acompaña a la balalaika en conjuntos tradicionales. 

El sonido que viene del siglo VI 

El gusli es el instrumento de cuerdas más antiguo de Rusia. Se suele comparar con el arpa, solo que tiene una forma de tocarse más parecida a la moderna guitarra. Posee doce cuerdas que permiten generar un sonido polifónico adecuado para la realización de múltiples melodías. Los primeros se remontan al siglo VI. 

Garmón: el acordeón ruso

El garmón es un instrumento tradicional ruso que tiene su origen en la primera mitad del siglo XVIII. Su forma es idéntica a la del acordeón, aunque su tamaño es menor. Tiene 50 teclas en total, 25 en la parte izquierda, que sirve de base para el acompañamiento, y otras 25 en la parte derecha, con las cuales se ejecuta la melodía. 

Treshiotka: una percusión diferente

Se trata de una de las piezas básicas del folklore ruso. Encontrarla en la Argentina no es fácil, pero sí existen posibilidades de aprender a ejecutarla.

Las treshiotki son unos instrumentos percusivos de madera que se utilizan como acompañamiento en los grupos folklóricos rusos. Su efecto es similar a la occidental sonaja o a la española castañuela, que generan un sonido seco. Existen diferentes tipos, su tamaño es reducido, y por regla general se ejecutan con una sola mano.

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