Los secretos de la balalaika

29 de octubre de 2015 Andréi Vasianin, para RBTH
La balalaika nació en el siglo XVII y fue un instrumento popular entre los artistas ambulantes. Una caja antigua de forma triangular con nada más que tres cuerdas. Así es la balalaika, un elemento de la cultura eslava que se remonta al siglo XVII.
balalaika
La balalaika nació en el siglo XVII Fuente:Ria Novosti

En este instrumento todo parece extraño, empezando por su nombre, gracioso y trivial: balalaika. En esta palabra reside toda la esencia de este instrumento jovial siempre predispuesto para la diversión. Y más todavía teniendo en cuenta que en el pasado quienes más la dominaban eran los bufones y los artistas ambulantes, gente libre de cargas domésticas.

Los campesinos rusos no estaban para músicas, y por eso tocar la balalaika era considerado una ocupación inútil que no estaba bien vista. “La balalaika no suena, arruina”, solían decir en los pueblos. A los campesinos, naturalmente, les gustaba escuchar la balalaika y cantar y bailar al sonido de este instrumento.

Y eso, por cierto, no era lo único que podían hacer con ella: dado que en cualquier comercio se podía comprar por muy poco dinero a veces se utilizaba con otros fines.

Las crónicas cuentan que los campesinos se perseguían los unos a los otros y se golpeaban con balalaikas. Y así continuó hasta la mitad del siglo XIX. “Una vez estaba disfrutando del silencio cuando de golpe oí unos sonidos desconocidos para mí. ¡En el porche había un campesino sentado tocando la balalaika! La había visto antes en los comercios, pero nunca había oído como sonaba ni podía imaginarme que un instrumento de apariencia tan pobre, con sólo tres cuerdas, pudiera emitir tantos sonidos!”.

El renacimiento de balalaika

Desde aquella misma tarde el músico y comerciante petersburgués Vasili Andréiev, se propuso el objetivo de mostrar a todo el mundo que aquél “pobre instrumento de sólo tres cuerdas”, merecía un rol mucho más digno que ser una simple arma de peleas entre campesinos. Que la balalaika, mejor que ningún otro instrumento, era capaz de descubrir el alma rusa.

Andréiev empezó su labor de difusión, adaptando el instrumento a la realidad de su tiempo: acortó el mástil y hizo que las balalaikas se empezaran a elaborar con madera de arce y abeto, en vez de abedul o pino como se solía hacer, algo que mejoró notablemente su sonido.

Andréiev creó la Orquesta Bielorrusa, un verdadero acontecimiento musical que después de conquistar a Rusia, recorrió todo el mundo. Tal fue su fama que incluso en Inglaterra, EE UU y Alemania se crearon orquestas de instrumentos populares rusos siguiendo el modelo de la Orquesta Bielorrusa.

Ya en Rusia, a la balalaika le aparecieron sus propios Stradivarius y Guarneri: como por ejemplo Semión Nalímov, cuyas creaciones con el instrumento tradicional emitían un sonido comparable con el canto del ruiseñor.

“La huérfana balalaika ha encontrado la calidez en tu buen corazón!- le escribió un siglo atrás a Andréiev el gran cantante ruso Fiódor Shaliapin. -Gracias a tu amor ha crecido y se ha convertido en una belleza rusa que ha conquistado el mundo entero”.

A principios del siglo XX empezaron a aparecer arreglos para balalaika y se empezó a tocar mucho más allá de sus posibilidades como instrumento de baile. El gran Rimski-Kórsakov, autor de El gallo de oro y Sadkó usó la balalaika en su ópera La ciudad invisible de Kítezh y la doncella Fevróniya.

Más allá del país eslavo

El baile con música de balalaika siguió avanzando en popularidad por todo el mundo con el inicio de la inmigración rusa del los años 20: fue precisamente entonces cuando sonó en todo su esplendor por los restaurantes y cafeterías de Europa y fue a parar a América, tanto del sur como del norte.

Este instrumento triangular, alzó definitivamente el vuelo en el momento en que el mundo entero escuchó el tema de Lara escrito por balalaika, en la legendaria película Doctor Zhivago de 1965.

“Con David Gilmour incluso pensamos como íbamos a hacer un concierto dividiendo el escenario en dos con una pared en medio: en un lado él con la guitarra y en el otro yo con la balalaika”,-cuenta el músico Alexéi Arkhipovski, que ya en la escuela de música empezó a tocar a Paganini y Saint-Saëns con este instrumento.

Su proyecto junto al guitarrista de Pink Floyd todavía no se ha realizado. Sin embargo, Alexéi actúa por todo el mundo, toca en jam sessions junto con Tommy Emmanuel, actúa en el programa cultural “Olimpiada” (en Sochi) y en las recepciones presidenciales del Kremlin.

A la prensa europea, su modo de tocar le recuerda a Steve Vai o Jeff Beck y sus piezas musicales no se componen a menudo de una selección permanente de notas, sino más bien de imágenes musicales, un conjunto de improvisaciones y reflexiones filosóficas interpretadas con una técnica única.

Al virtuoso músico ruso, la balalaika le ofrece un terreno infinito para la creación artística.

Otros instrumentos tradicionales

Treshiotki

musica folklorica rusa

Fuente: lori / legion media

Estos instrumentos percusivos de madera se utilizan como acompañamiento en los grupos folklóricos rusos. Su efecto es similar a la occidental sonaja o a la española castañuela, que generan un sonido seco. Existen diferentes tipos, su tamaño es reducido, y por regla general se ejecutan con una sola mano.

Garmón

garmon

Fuente: lori / legion media

Este instrumento ruso que tiene su origen en la primera mitad del siglo XVIII. Su forma es idéntica a la del acordeón, aunque su tamaño es menor. Tiene 50 teclas en total, 25 en la parte izquierda, que sirve de base para el acompañamiento, y otras 25 en la parte derecha, con las cuales se ejecuta la melodía.

Domra

dorma

Fuente: lori / legion media

Este instrumento de tres cuerdas se utiliza desde finales del siglo XIX, cuando fue descubierto por el estudiante Vasili Andréiev. Domra contaba con tres cuerdas, y a principios del XX pasó a tener cuatro. A menudo acompaña a la balalaika en conjuntos tradicionales.

Gusli

dorma

Fuente: lori / legion media

Es el instrumento de cuerdas más antiguo del país eslavo. Se le suele comparar con el arpa. Cuenta con doce cuerdas que permiten generar un sonido polifónico adecuado para la realización de múltiples melodías. Los primeros instrumentos se remontan al siglo VI.

 

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