Chak-chak: un crujiente plato tártaro que es señal de amor y de una familia fuerte

Victoria Drey
¿Alguna vez has cocinado un pastel frito? Prueba este postre de miel frita y querrás prepararlo una y otra vez.

Montones de trozos de masa crujiente generosamente empapados en sirope de miel dulce: este es el tradicional chak-chak tártaro. En lengua tártara, chak-chak significa “un poco” o “pequeño”: quizás hace referencia a los pequeños trozos de masa con los que se hace el postre. Pero algunos creen que el nombre se parece al sonido de un cuchillo cortando un trozo de masa crujiente. Bueno, nadie sabe con seguridad de dónde viene su sonora denominación.

Se considera en general que la receta procede de la región de la Bulgaria del Volga, que ahora forma parte de la Rusia europea. Cuenta una leyenda que el gran kan de la región pidió a sus chefs que crearan un nuevo postre para la boda de su hijo. El plato dulce tenía que poder ser almacenado durante mucho tiempo, además de ser nutritivo y fácil de preparar, pero al mismo tiempo tenía que tener un aspecto impresionante. El kan degustó numerosos postres, pero su elección final recayó en este sencillo y dulce plato. 

Inicialmente, el chak-chak era una especie de postre ritual que se cocinaba en grandes celebraciones y bodas; se servía en las mesas festivas como símbolo de un buen matrimonio, amor y una vida familiar fuerte. Hoy en día, se puede encontrar en muchas tiendas de comestibles en toda Rusia.

El chak-chak es fácil de hacerse en casa, y lo mejor es que sólo se necesitan los ingredientes más simples. Otra gran ventaja es que se puede almacenar durante semanas. Pero te prometo que no necesitarás tanto tiempo: según la experiencia de mi familia, normalmente es consumido muy rápido.

Ingredientes para la masa:

  • 200 g de harina
  • 2 huevos grandes
  • 1 cucharadita de azúcar
  • ½ cucharadita de bicarbonato de sodio
  • una pizca de sal
  • aceite para freír

Ingredientes para el sirope:

  • 250 g de miel
  • 50 g de azúcar

Preparación:

1. Con un batidor de mano o un tenedor, bate los huevos y mezcla el azúcar, la sal y el bicarbonato de sodio en un tazón hasta que quede suave.

2. Tamiza la harina sobre una superficie de cocción limpia y crea una especie de hueco en el centro; utiliza unos 180 g de harina y luego el resto para la superficie de cocción. Vierte con cuidado los huevos batidos en el hueco y, con un tenedor, empieza a mezclarlos con la harina.

3. Cuando la masa esté más espesa, continua amasándola con las manos durante unos 5 minutos, hasta que se ablande y no se pegue a las manos.

4. Redondea la masa en una bola, colócala en una bolsa de plástico o en un recipiente y déjala reposar en un rincón fresco durante 20 minutos.

5. Divide la masa en dos trozos iguales y empieza a enrollar uno cada vez. Enrolla una pieza en una fina capa rectangular de unos 2-4 mm de grosor; luego corta la capa en tiras de unos 4 cm de ancho y déjala a secar durante 10 minutos.

6. Espolvorea las tiras con harina y colócalas una encima de la otra. Córtalas transversalmente en trozos estrechos de unos 5 mm de ancho: deben separarse muy fácilmente. Repite el proceso con la segunda bola de masa para obtener muchos “tallarines” pequeños.

7. Cuando hayas terminado de cortar toda la masa, vierte suficiente aceite en una olla profunda: necesitarás al menos 300 ml. Ponlo a fuego medio-alto y prueba a freír poniendo un “fideo” en una olla: si empieza a expandirse inmediatamente, entonces la temperatura es la correcta. Comienza a freír los “tallarines” en porciones pequeñas. La masa se expande en tamaño mientras se cocina.

8. Revuelve constantemente los trozos de masa con una espumadera mientras los fríes, y cocina hasta que estén dorados. Por lo general basta con uno o dos minutos. Coloca los “tallarines” listos sobre toallas de papel para absorber el aceite extra y sigue freír.

9. Para hacer el sirope, simplemente mezcla el azúcar con la miel en una olla y lleva a ebullición a fuego lento.

10. Cocina a fuego lento el sirope durante uno o dos minutos y retíralo rápidamente del fuego.

11. Transfiere todos los trozos de masa frita en un bol grande, vierte el jarabe caliente y empieza a mezclar inmediatamente el chak-chak con una cuchara de madera para cubrir los “tallarines” con miel.

12. Luego pasa suavemente la mezcla a un plato preparado, sumerge tus manos en agua fría y forma el chak-chak como si fuese una pirámide. Hazlo rápidamente porque el chak-chak se endurecerá. Puedes decorar el pastel con tus nueces favoritas.

13. Algunos dicen que el chak-chak necesita asentarse durante varios días antes de que lo comas, pero es imposible resistir tanto tiempo. Por lo tanto, deja el postre a temperatura ambiente durante varias horas, o ponlo en la nevera si prefieres servirlo frío. ¡Acompáñalo con té negro!

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