El objetivo de todos es que Chernóbil no se repita

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La catástrofe en la central nuclear, de incalculables pérdidas a nivel humano, provocó cambios en la industria. Tres décadas después las centrales nucleares en Ucrania se encuentran en un proceso de cambio que tiene importantes riesgos.

Hace 30 años, el 26 de abril de 1986, el reactor nº 4 de la central nuclear de Chernóbil explotó y dio lugar a una catástrofe de grandes dimensiones. Millones de partículas radioactivas se emitieron al exterior. El paso del tiempo demostró que, a pesar de varios errores cometidos por entidades administrativas, los ingenieros soviéticos en energía nuclear tomaron una decisión correcta y para el otoño ya se había terminado la construcción de un sarcófago que hizo imposible que la radiación siguiera extendiéndose por Europa. Lo ocurrido en Chernóbil ha servido de lección para todo el mundo.

En las últimas tres décadas posteriores al accidente se han producido numerosos cambios en el ámbito de la energía atómica. Las reglas de explotación de las centrales nucleares se han endurecido considerablemente, han aparecido nuevos y mejorados sistemas de seguridad en los reactores y se hay nuevos proyectos de centrales que cuentan con los dispositivos más modernos.

Sin embargo, el accidente nuclear en Fukushima nos enseñó que el átomo no permite que nos relajemos y requiere extraordinaria diligencia y cuidado. En la actualidad, la situación de la energía nuclear en Ucrania es motivo de preocupación entre los expertos en energía nuclear. El país heredó de la URSS una serie de  centrales nucleares y una industria nuclear competitiva que necesita un buen mantenimiento.

Sin embargo, los altibajos políticos y la degradación total de la administración sufrida en los últimos años así como la actual calidad de las operaciones realizadas en las instalaciones nucleares provoca cada vez más preguntas entre los especialistas.

La empresa Energoatom, que opera en las centrales nucleares en Ucrania, anunció a mediados de marzo un plan para modernizar sus centrales nucleares y aumentar la capacidad de los 13 reactores VVER-1000 hasta un 110% de su nivel nominal.                 

Además, también se informó que tiene planes para introducir un modo de carga continua en sus centrales, lo que significa que tendrá la posibilidad de aumentar y reducir la salida de energía cuantas veces desee el operador. Esta rápido cambio en la potencia de salida es potencialmente peligroso. 

Conscientes de la necesidad de expertos, Ucrania se ha dirigido a la reputada compañía estadounidense  Westinghouse. El problema es que esta empresa no conoce detalladamente las características técnicas de los reactores VVER, de creación soviética.

El principal diseñador de estos reactores, la oficina experimental rusa Gidropress, conoce al detalle hasta los detalles más pequeños de los reactores, pero ni tan siquiera fue invitada a participar en el programa de modernización. Este desdén por el manufacturador original ya ha provocado problemas a la hora de remplazar el fuel ruso por estadounidense. Por ejemplo, ya se cargó combustible estadounidense en la central de construcción soviética de Temelin, en la República Checa. Como la calidad de ambos combustibles era incompatible, para evitar el desastre se decidió volver a utilizar el combustible de fabricación rusa. 

Ucrania ha ido más allá y ha cargado combustible de Westinghouse mezclado con el ruso TVEL FA, en un central nuclear situada en el sur sin contar con la ayuda de especialistas rusos.

Tal y como explicaron los expertos, ha habido serios problemas de deformación del combustible y esta central nuclear también tuvo que retirarlo. A pesar de esta situación, los políticos ucranianos decidieron continuar la compra de combustible a Westinghouse hasta 2020.

Sin embargo, la adopción de un módulo de carga continua y su modernización son opciones tecnológicamente todavía más delicadas que el recambio de combustible. Recientemente se celebró en Ucrania una mesa redonda con el título: Energía Nuclear en Ucrania: carga continua: riesgo ciego o posibilidad económica viable en la que se discutían los peligros de estas medidas.

En 2015 tuvo lugar un experimento en las la unidad nº2 de la central de Jmelnitski. Según Yuri Sheiko, director de producción de Energoatom, debería haber diez veces más experimentos para obtener algún tipo de resultado significativo.

Entonces,  Konstantín Uschapovski, asesor del primer ministro ucraniano, señaló que para introducir el modo de carga continua y la modernización de las centrales nucleares hacían falta grandes fondos. Sin embargo, actualmente Ucrania carece de esos fondos.

De modo que, si se introduce un modo nuevo de carga en las centrales nucleares sin los adecuados planes de modernización y con el objetivo de conseguir rendimiento económico, entonces se corre el riesgo de que un nuevo Chernóbil pueda ocurrir.

Andréi Retinguer es periodista y experto independiente en el ámbito de la energía nuclear.

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