Turismo extremo: ¿qué hacer en Norilsk, la ciudad más al norte y contaminada de Rusia?

María Nikítich/Sputnik
Si consigues llegar hasta este paraje antiutópico en Siberia, echa un vistazo a nuestra guía ‘turística’. Seguro que te sorprendes con la dureza y la inesperada belleza de este lugar.

En Norilsk (a 2.800 km de Moscú), no hay ni antiguos fuertes ni suntuosas fincas. Aquí el invierno dura nueve meses al año y la nieve no se derrite hasta finales de verano. La única manera de llegar hasta aquí es en avión o en barco (aunque solo en verano), tras conseguir un permiso especial, que se rellena en la web de la administración local y solo está en ruso, también lo puede hacer una agencia turística.

Todo esto persuade tanto a los turistas extranjeros como a los rusos. Peri si consigues llegar hasta aquí, podrás decir que eres uno de los pocos que lo ha conseguido. En la Agencia del Desarollo de Norilsk afirman que reciben unas 200 visitas al año, sin contar a los ciudadanos de las antiguas repúblicas soviéticas.

Norilsk se encuentra dentro del círculo polar ártico y toda su historia es un episodio de gestas humanas. Se construyó en 1935, en unas circunstancias muy duras (heladas y noche polar) y actualmente trabajan aquí algo más de 170.000 habitantes, que no ven el sol durante varios meses al año y gastan mucho más en comprar comida y otros productos que el resto de los rusos.

¿Qué puedes hacer si te encuentras en este monumento de la indestructible voluntad humana?

1. Visita el Gólgota de Norilsk

La ciudad es uno de los mayores centros industriales de Rusia. Pero este “oasis en el centro del desierto de nieve”, tal y como se escribía en el periódico local en los años 30, fue construido por los presos de Norillag (“campo de trabajo correctivo”, parte del gulag), “para ganarse el perdón del pueblo soviético”.

En los años 90 se creó el Gólgota de Norilsk en el monte Shmídtij, donde se descubrieron los restos de algunos internos. Su Last Gate (la Última Puerta), tiene 56 m de altura y recuerda a la entrada de las antiguas prisiones siberianas. Aquí se puede ver, e incluso sentir, el precio en vidas humanas que pagó el país por la milagrosa construcción de la industria en el Extremo Norte de Rusia.

2. Admira la arquitectura septentrional

A nivel arquitectónico Norilsk es una ciudad soviética más. A excepción de un par de casas, no hay nada destacable.

“Norilsk es una ciudad muy dura, y eso se nota desde el principio”, explica William Brumfield, profesor estadounidense de estudios eslavos en la Universidad de Tulane. Visitó la ciudad en octubre de 2016 por invitación del Museo de Historia de Norilsk. “Aparte de un par de calles hechas para mostrar y construidas, principalmente gracias al trabajo forzado, en la década posterior a la Gran Guerra Patria, los edificios cuentan con lo básico para sobrevivir. La obstinación es esencial para la supervivencia en Norilsk. La ciudad y la gente se enfrentan a algunas de las condiciones más severas del planeta”.

La característica única de las construcciones radica en que la ciudad está construida sobre una capa helada, que nunca se descongela. Por eso todos los edificios están sobre pilotes y las entradas son muy altas, lo que sirve para evitar que la nieve las pueda bloquear en algún momento.

La ciudad está construida para proteger a los ciudadanos del fuerte viento. Las hileras de casas están colocadas de tal manera que forman una especie de pared contra el viento. Además, los propios edificios están cerca unos de otros, dejando un estrecho espacio para poder pasar.

Debido a su ubicación, muchas de las cosas que hay en esta ciudad ostentan el título de “lo más al norte”. Por ejemplo, la mezquita de Nord Kamal, erigida sobre pilones a mediados de los años 90, donde el permafrost se extiende entre 300 y 500 metros por debajo del templo.

3. Siente el verdadero invierno

Lo cierto es que no es la ciudad más fría de Rusia, pero el frío aquí sigue siendo terrible. El invierno dura de septiembre a mayo y puede haber nevadas en pleno julio. En otoño, la temperatura desciende a -30ºC, a lo que hay que añadir los fuertes vientos del norte. La periodista italiana Lucia Bellinello, que estuvo en noviembre de 2016 con un grupo, recuerda que por la noche solo podían pasar entre 10 y 15 minutos al aire libre, a pesar de llevar ropa de invierno. “Así que nos tuvimos que calentar en el supermercado”, sonríe.

Pero la cosa no acaba con el viento y el frío. Durante los largos meses de invierno, no hay sol, literalmente. Nos encontramos con la llamada noche polar. En el lado positivo, es posible ver la deslumbrante aurora boreal.

No es de extrañar que los lugareños traten el frío con el mayor respeto. Si ven a alguien que lo está pasando mal, incluso aunque no lo conozcan, llamarán a un taxi o lo llevan dentro de donde están para calentarlo.

“En Norilsk, el frío se compensa con el cálido corazón de la gente”, comenta el periodista estonio Jaanus Piirsalu, que estuvo allí en enero de 2018.

En ocasiones excepcionales hace calor, pero hay que reconocer que no por mucho tiempo. Los residentes bromean diciendo que a veces extrañan el verano porque tuvieron que trabajar ese día.

4. Cambia tu mirada sobre las cosas cotidianas

Muchas cosas a las que no sueles prestarles atención aquí se ven de otra manera. Por ejemplo, Internet. Hay Red pero es cara y muy lenta, por eso quizá no puedas cargar los videos en Instagram.

Ir de compras es otra de las cosas que aquí es muy diferente. Un par de pepinos y de tomates en Norilsk cuestan tanto como una cesta completa en la Rusia central. Todo ello se debe a las dificultades de suministro. Los productos, al igual que las personas, solo pueden llegar de dos maneras: por barco a través del río Yeniséi, lo que es largo, o por avión, lo que es muy caro.

¿Quieres darte una vuelta por el parque? Es cierto que aquí hay mucho verde, pero la mayoría se encuentra dentro de las casas y de las oficinas. Aquí los árboles son enanos pero los habitantes locales crean auténticos jardines de invierno dentro de los edificios.

5. Encuentra el corazón de Rusia

Dicho esto, lo más interesante está fuera de la ciudad, donde se encuentra la belleza de la ilimitada tundra, que sorprenderá tanto como las vistas surrealistas de Norilsk. Desde aquí los turistas pueden salir hacia la meseta de Putorana, un bello paraje natural incluido en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, con cañones que parecen no tener fondo y ríos que salen de las rocas, formando algunas de las cascadas más altas de Rusia. También se encuentra aquí el lago Vivi, el corazón geográfico de Rusia.

Aquí te mostramos una galería sobre la vida cotidiana en Norilsk, la ciudad más contaminada de Rusia.

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