Stalin y Trotsky son vecinos: siete calles con nombres rusos en México D.F.

Descubrimos las calles con nombres rusos en la capital mexicana y charlamos con los vecinos para que nos expliquen si conocen su significado.

La delegación Venustiano Carranza se encuentra al este del centro, no muy lejos del aeropuerto. Hay aquí dos calles con nombres que evocan a dos personajes determinantes en la historia no sólo de Rusia sino del mundo: la calle Stalin y la calle Trotsky. Nuestro taxista, como muchos mexicanos con los que hablamos, no recuerda quiénes, aunque pero sí ha oído hablar sobre Hitler y la Segunda Guerra Mundial.

La calle Stalin, la primera que encontramos después de dar muchas vueltas en nuestro taxi, está casi toda decorada con adornos que evocan la reciente celebración del Día de Muertos.

Un padre con su hijo pequeño pintan simbólicamente de rojo la fachada de su casa.

“Sé que Stalin tenía problemas con Trotsky, el que está en la calle de al lado. Vivió en México hasta su muerte”.

A Trotsky lo encontramos en la calle paralela a la de Stalin. Por ironía del destino, estos dos enemigos mortales viven juntos en México.

Como en cualquier barrio popular latinoamericano hay muchos perros, algo de basura, chatarra y ropa colgada secándose en plena calle.

Un vecino nos cuenta que Lev Trotsky huyó de Rusia y al llegar a México se hizo amigo de importantes artistas mexicanos, como Frida Kahlo y Diego Rivera.

Ya casi en el centro de la ciudad y en el bonito barrio de Roma Norte nos dirigimos al Jardín Pushkin.

Hay un parque canino donde se juntan hasta 35 perros al mismo tiempo, canchas de baloncesto, de fútbol y un parque de juegos para niños.

Todo se encuentra detrás del monumento al gran poeta ruso y al lado de una estación del metrobús que lleva el mismo nombre.

“¿Por qué se llama Pushkin? No lo sé”, es la respuesta que encontramos en cada paseante.

“Es un sitio muy agradable de la ciudad. Hace poco lo reconstruyeron. Pushkin, creo que era un poeta o escritor, pero no sé decirle de dónde”, nos dice por fin un señor.

En pleno centro y muy cerca del Ángel de la Independencia hay un grupo de calles con nombres de ríos de todo el mundo. No podía faltar el Volga.

Hay puestos de venta de tacos y tamales, un tráfico pesado y gente que corre de un lado a otro con mucha prisa. “No, señorita, no sé dónde está ese río”, “Al lado de la calle del río Nilo”, son algunas de las respuestas que escuchamos de los transeúntes.

En un garaje entramos para preguntar si alguien sabe dónde está el Volga. Unos chicos nos contestan que no, pero señalan a un señor que sabe mucho, es mecánico. Nos acercamos a él: “En Rusia. Sé que los rusos son muy alegres, les gusta la fiesta, como a nosotros los latinos”.

Según podemos ver en una tabla en una pared en la calle, ésta no es una de las más tranquilas de la ciudad.

Finalmente nos dirigimos a la delegación Miguel Hidalgo, en el noroeste de la capital mexicana. Por el famoso Paseo de la Reforma, cerca del Museo de Antropología y del Jardín de las Naciones Unidas, encontramos una gran cantidad de calles con nombres que recuerdan a poetas, escritores y filósofos de todo el mundo.

A Tolstói lo encontramos gracias a las indicaciones que nos da una joven madre rusa que pasea con su niñera mexicana y sus dos niños pequeños. “Un escritor ruso, pero no lo he leído nunca, no recuerdo cómo se llaman sus novelas”, nos dice la niñera.

Una tabla de parada de buses al revés, algunos edificios muy modernos, una casa de cambio que vemos desde un pequeño café de comida de la India donde decidimos almorzar.

Nos queda sólo la zona de las calles de montes y cordilleras, donde hallamos los montes Urales y Altái. Un barrio con varias colinas que hace honor a su nombre, colonia Lomas de Chapultepec.

Aquí vemos la ciudad se ve más opulenta, con rascacielos y otros edificios modernos de oficinas y apartamentos.

En los Montes Urales hablamos con un mimo: “Creo que están ubicados en Europa, Alemania, si no estoy mal”.

Altái tiene casas con bonitos jardines y también orgullosos dueños de perros que pasean con ellos o practican deporte.

Cerca de la estación de policía un oficial nos pregunta de dónde somos.

Sólo se sonríe como respuesta a nuestras preguntas y nos dice que en este barrio se puede pasear tranquilamente, pero que tengamos cuidado en otras zonas de la ciudad.

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