Parque Nacional Onega Pomorie, el lugar perfecto para fotografiar osos

Anton Agarkov
Alejado del mundanal ruido el parque natural Onega Pomorie se sitúa en el extremo noroccidental de Rusia. Es un lugar perfecto para fotografiar osos.

A través de la ventanilla se ve el mar Blanco, la sombría taiga de Arjánguelsk, lagos e infinitos pantanos. Después de dos horas el avión aterriza junto a una pequeña casa descolorida por el paso del tiempo. Un viejo cartel con el letrero “aeropuerto Létnaya Zolotitsa” hace las veces de torre de control. Esta pequeña aldea a orillas del golfo de Onega en el mar Blanco cuenta con una población de tan 700 habitantes... en verano. Cuando llega el invierno en el hosco norte, la cifra disminuye a 300. El frágil condón umbilical que une la aldea con el resto del mundo son los aviones y el agitado mar Blanco, del cual es mejor desconfiar en invierno. 

 / Antón Agarkov / Antón AgarkovPara nosotros Létnaya Zolotitsa es la capital del parque nacional Onega Pomorie y un punto de partida a lo desconocido. Lo que nos ha traído aquí es la propuesta de fotografiar los osos de las orillas del mar Blanco, que tanto se han reproducido hasta el punto de empezar a dar miedo a los lugareños. 

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En mayo los osos deambulan con parsimonia, recogen todo lo que les parece oportuno y buscan entre las algas que han dejado atrás las tormentas primaverales. Un poco más adelante empezarán, como si se tratase de ovejas, a mordisquear la hierba. No suelen llegar hasta Létnaya Zolotitsa, y  los habitantes de la aldea están encantados. Si se viene buscando una sesión de fotos de los osos hay que alejarse unos 40 km por carreteras que requieren un vehículo con garantías. 

 / Antón Agarkov / Antón AgarkovLa accidentada calzada nos lleva a una casita de pescador situada en la misma orilla del mar. A un lado está la taiga, al otro un mar enorme y una playa de arena. Sobre nuestras cabezas empieza un día típico de estas zonas septentrionales. En la pequeña cabaña de madera, pulida por el paso del tiempo y el viento, hay una pequeña mesa y un viejo horno, ¿qué más necesita un simple hombre del norte? 

 / Antón Agarkov / Antón AgarkovDentro de nada se lanzarán al mar en sus barcas con largos remos. Atado a un extremo hay un cuchillo con forma de guadaña para extraer algas. Las laminarias se cuelgan y se dejan secar en un alambre de espino. Posteriormente se atan en fardos y se entregan a los compradores. Esta preciada algo se irá encareciendo hasta llegar a las limpias mesas moscovitas con sus brillantes vajillas. 

 / Antón Agarkov / Antón AgarkovNos alojamos en una modesta casa de pescadores. Por la ventana se ve a torpes focas tomando el sol sobre las rocas. Desciende torpe al agua y una vez allí dejar ver sus habilidades. Como un reloj, viene hasta la casa un desconfiado zorro para ver quién ha ocupado su territorio. Entorna los ojos con astucia, pero se deja fotografiar antes de marcharse a reanudar sus asuntos. 

 / Antón Agarkov / Antón AgarkovAntes de un largo viaje, los gansos salvajes paran a retomar fuerzas en las aguas poco profundas de Groenlandia. Por la arena, firme después de la lluvia, se extiende un auténtico mapa: junto a unos rastros de huellas de zorro se ven otras de lobo. Juntos a estos últimos, también han dejado su firma una osa y un osezno. Aquí los osos son los amos y señores. Se desplazan por los senderos porque es más cómodo que por la taiga, si bien no suelen ceder el paso a los motoristas. Si ellos están en el camino, que se esperen los demás. 

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La orilla del golfo de Onega es la parte principal del parque nacional Onézhkoye Pomorie. Sin embargo, al volver a Létnaya Zolotitsa te das cuenta rápidamente de que esta aldea dejada de la mano de Dios merece la misma protección que los osos, los zorros y las focas. Sus habitantes no cierran con llave sus casas, y el palo, apoyado contra la puerta, hace las veces de cerradura incluso para la tienda. En realidad los lugareños no suelen acudir a ella con mucha frecuencia, pues la madre naturaleza les proporciona pescado, carne y frutas del bosque. Los ancianos van hasta la isla de Anzer en barcazas de madera, los hombres aran con caballos, y las abuelas cocinan en hornos rusos deliciosos pasteles típicos de Carelia con frutas del bosque y pescado.

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