Cuentos de invierno del Lejano Oriente de Rusia

La vida se transforma con la llegada de la nieve y el frío en una de las regiones más despobladas del mundo. Fuente: Elena Safónova

La vida se transforma con la llegada de la nieve y el frío en una de las regiones más despobladas del mundo. Fuente: Elena Safónova

Ver minibuses volando, esquivar avalanchas, quedarse dentro de una casa tres días y pescar en lagos helados y en el mar... Estas son algunas de las experiencias que surgen cuando pasas los largos y extremos inviernos en el Lejano Oriente de Rusia.

Cuando vives en un lugar cuyo invierno dura seis meses, la caída de los primeros copos de nieve sobre las hojas otoñales despierta un sentimiento de melancolía irremediable. La llegada del invierno marca el momento de guardar la bicicleta y el calzado normal y, si no sabes conducir por carreteras heladas (como era mi caso), de dejar el coche aparcado en el garaje unos cuantos meses.

Es más fácil aceptar medio año de frío atroz y heladas aceras resbaladizas cuando la nieve recién caída se asienta. Un manto blanco engulle los bosques y los paisajes del Lejano Oriente de Rusia,  una de las regiones menos pobladas del mundo. La evocadora belleza de la nieve en los árboles tanto de hoja perenne como en los de hoja caduca, con sus ramas desnudas, se intensifica con los reflejos de los primeros rayos del alba.

Pero, por bello que sea el invierno, en esta estación también se revela el poder abrumador de los elementos de la naturaleza.

Virulentas tormentas de viento y nieve capaces de llevarse por delante a niños son de lo más habitual. Una vez incluso vi cómo un vendaval desplazaba un minibús aparcado en la calle y lo arrastraba hasta empotrarlo contra el muro de un garaje.

Por suerte, yo estaba en casa cuando la naturaleza se divertía con un pesado objeto hecho por el hombre y ganaba la batalla.

Descubrí hasta qué punto era arrollador el poder de la naturaleza cuando una cámara digital que compré especialmente adaptada para las condiciones del crudo invierno apenas sobrevivió dos horas en la ciudad de Jabárovsk, donde la temperatura cayó hasta 29 grados bajo cero.

Es realmente asombroso que la vida siga su curso como si nada en la región, a pesar de que las ventiscas sean un fenómeno común. En el tiempo que yo estuve la calefacción central nunca se apagó, el suministro de agua (caliente y fría) era continuo las 24 horas del día, así como el de la electricidad. Los lugareños también se las arreglaban para llegar puntuales al trabajo incluso en las condiciones más adversas.

Pero, en algunos casos, la naturaleza se las ingenió para salir vencedora en algunos combates contra los obstinados seres humanos y consiguió interrumpir la actividad. El aeropuerto de Yuzhno-Sajalinsk se cerró cuando hubo demasiada nieve para poder despejarla. El departamento de inmigración, acostumbrado a los casos de expiración de visados entre los pasajeros atrapados por las inclemencias del tiempo, tenía la potestad para extender la duración del visado "por tormenta de nieve". Las ventiscas también afectan al tráfico de ferris que conecta la Rusia continental con la isla de Sajalín.

Cuando los fragmentos de hielo flotante llegan al sur y se endurecen las capas superiores del mar de Ojotsk se inaugura oficialmente la temporada de pesca en el hielo. Cada año se publican artículos acerca de pescadores varados en el mar cuando el hielo marino se desgaja de la costa y va a la deriva.

 

Fuente: Lori / Legion Media

Recuerdo que en una ocasión el Ministerio de Emergencias tuvo que rescatar a más de 600 pescadores que se desplazaban despacio y angustiosamente hacia Japón sobre un gigantesco fragmento de hielo desprendido.

La madre naturaleza también decide cuando la gente necesita tomarse un día o dos libres. No me imaginaba una tarde de domingo que fui a cenar a casa de un amigo que tendría que pasar los siguientes tres días allí encerrada con él y seis personas más.

La nevada fue muy intensa y se amontonó tanta nieve en la puerta de entrada que quedó bloqueada.

No había forma de que saliéramos del edificio y acabamos quedándonos en su apartamento hasta que dejó de nevar y las autoridades pudieron retirar la nieve de la entrada del edificio.

Aquellos días se habló de casos en que la población se desplazaba a través de túneles practicados en la nieve.

Para algunos, la mejor parte del invierno es la celebración de Año Nuevo y los siguientes diez días de vacaciones que siempre se dan en estas fechas.

Es entonces cuando se cierra todo, desde instituciones académicas hasta bancos y oficinas privadas y gubernamentales.

Sólo permanecen abiertos los hospitales y los servicios de emergencia.  Cuando Dmitri Medvédev (2008-2012) era presidente planteó la posibilidad de acortar las vacaciones de Año Nuevo, sin duda teniendo en cuenta el coste que suponen para la economía y la productividad industrial. La iniciativa nunca se concretó y este año el periodo vacacional durará once días.

En algunas fiestas se celebra el Año Nuevo con tanto desenfreno que sus asistentes necesitan todas las vacaciones para recuperarse de los excesos. En mi caso, disfruto de ese tiempo después del descanso, cuando me suelo sentir rebosante de energía y el resto del país está aún en plena recuperación.

El Lejano Oriente de Rusia sigue inmerso en un estado casi de sopor hasta marzo, cuando se oye la palabra “primavera”, aunque en realidad no hay indicios tangibles de la incipiente estación. Lo que algunos denominan primavera en esta región podría considerarse fácilmente crudo invierno en muchas partes del mundo.

Bastó que viviera cuatro inviernos allí para empezar a aborrecer la nieve, pero ahora que han pasado siete años cambiaría de buena gana una playa tropical por una escapada al reino del invierno. Uno sólo puede apreciar de veras el esplendor y la belleza austera del invierno cuando pasa algunas semanas entre diciembre y marzo en el Lejano Oriente de Rusia.

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