BAM: la línea de ferrocarril que recorre el interior de Siberia

Fuente: Lori / Legion Media

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Este verano, uno de los proyectos de transporte de mayor envergadura y más costoso de la URSS, el BAM (Ferrocarril Baikal-Amur, por su nombre en ruso), cumple 40 años. El trayecto, que cruza la intransitable taigá, pasando por majestuosas cordilleras y anchos ríos, dio al país eslavo una segunda salida al océano Pacífico y acceso a las riquezas naturales de aquellos confines recónditos.

La idea de construir una ruta que atravesara las vastas extensiones de Siberia Oriental y del Extremo Oriente surgió a finales del siglo XIX. Pero el gobierno ruso solo mostró interés por el proyecto tras el fracaso de la guerra con Japón, en 1905, cuando se vio en la necesidad de reforzar sus fronteras orientales. 

En los años siguientes, se llevaron a cabo numerosos trabajos de exploración, interrumpidos por la Primera Guerra Mundial y la Revolución. Finalmente en 1971, llegaron al lugar las primeras brigadas de obreros para tender los rieles en el kilómetro cero.

En la ‘obra del siglo’ participaron cerca de dos millones de personas. Algunos iban atraídos por el romanticismo de la taigá, otros por los altos salarios. Muchos de ellos se quedaron en el BAM, asentados a lo largo de una hilera de aldeas y ciudades desperdigadas que a principios de los 90 entraron en decadencia.

El BAM constituye una de las rutas más largas del mundo. Actualmente cuenta con 4.300 km de vías, con una media de diez trenes por día. El transporte de mercancías por esta vía no es muy elevado: cerca de 12 millones de toneladas al año; la cantidad de pasajeros transportados asciende a 12 millones de personas anuales (cerca del 1 % de todo el tráfico de pasajeros de Rusia).

Sin embargo, a pesar del relativamente escaso volumen de pasajeros y de mercancías, el BAM representa la materialización de los ideales de los estrategas soviéticos. Uno de los principales objetivos logrados con la construcción del BAM fue la dotación de una comunicación eficaz con las regiones del extremo oriente del país a fin de evitar posibles incursiones en la sección oriental de la ruta transiberiana, ubicada prácticamente en la frontera: por ejemplo, en caso de un conflicto bélico con China. 

Los récords del BAM

La construcción de los 4.287 kilómetros de vías del BAM se llevó a cabo bajo unas condiciones extremadamente difíciles: temperaturas de 50 grados bajo cero en invierno, mosquitos en verano, un entorno geológico complejo (numerosas fallas, abundante agua subterránea), incluso una elevada actividad sísmica (hasta 9 grados en la escala de Richter).

Al inicio de la obra, el único medio de transporte capaz de llegar a los rincones más profundos de la taigá era el helicóptero. Se utilizaba para transportar los materiales, el equipo, los alimentos, el correo... Y, por supuesto, también a los propios obreros.

La ruta debía atravesar once ríos caudalosos, siete cordilleras y cruzar más de mil kilómetros en regiones con una alta sismicidad y cubiertas de permafrost. Además se tuvieron que excavar ocho túneles, construir 142 puentes y más de 200 estaciones de ferrocarril. El BAM se convirtió en una obra de gran importancia para toda la Unión Soviética.

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Iván Varshavski, un afamado jefe de brigada, recordaba tiempo después:

“Se puede hablar mucho de nuestros éxitos, ¿pero a qué precio fueron alcanzados? Superamos extraordinarias dificultades: hablo del lodo que se cuela a través de la ropa, del olor del sudor y de los materiales, del viento helado, del calor extenuante, las fuertes lluvias y nevadas, la tensión física y psicológica... Cuando miro atrás, al camino recorrido, recuerdo con un ligero sentimiento de tristeza y de orgullo a los amigos, a la brigada, todo lo que tuvimos que soportar...”

Era una verdadera obra internacional: vinieron a trabajar rusos, ucranianos, kazajos, georgianos, armenios, moldavos, bielorrusos, azerbayanos, uzbekos, tayikos y representantes de otras nacionalidades de la URSS. Muchas aldeas fueron construidas por una de las repúblicas, regiones o ciudades representadas. Por ejemplo, la ciudad central de la ruta, Tynda, fue construida por los moscovitas; las estaciones de Niya y Ikabia fueron levantadas por georgianos; y los ucranianos fundaron la capital del carbón, Novi Urgal.

 

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El tramo más complicado del BAM fue el de Buriatia. Allí se excavaron los túneles más grandes de Eurasia: el túnel Baikal, de 7 kilómetros, y el Severomuiski, de 15 kilómetros.

A los constructores del BAM se toparon con una enorme barrera montañosa: la cordillera Baikal, con montes de hasta 2.500 metros de altura. El túnel se construyó por ambos lados y las obras no resultaron nada sencillas, puesto que dentro del túnel tuvieron que sortear varios ríos y un terremoto provocó un derrumbe. Una vez atravesada la cordillera Baikal por el túnel que lleva el mismo nombre, el ferrocarril sale al lago Baikal, y detrás de este viene el túnel Severomuiski: el túnel ferroviario más largo de Rusia, sin contar con las líneas del metro, que superan los 15 kilómetros.

Otro ‘famoso’ punto de la ruta es la aldea de Taksimo, conocida porque en sus alrededores se alcanzó el récord mundial de velocidad en el tendido de vías férreas. En agosto de 1984, en el tramo de Taksimo, la brigada de Alexander Bondar colocó en un solo día 5.400 metros de vías.

Quienes estén buscando un recorrido épico por el interior de Siberia lejos de los estereotipos deberían considerar viajar hacia el este por la ruta del BAM. Este trayecto hará que el viajero se sienta pionero en su exploración de algunos de los confines más aislados y exóticos de las grandes extensiones de Rusia.

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