Cruzar Rusia haciendo autoestop

Fuente: archivo personal

Fuente: archivo personal

Koldo y Gosia se propusieron hacer la ruta del Transiberiano a la inversa: partir desde Vladivostok para llegar a Moscú. Descubre sus aventuras a lo largo de Siberia, donde se encontraron con la amabilidad de la gente, aventuras inesperadas, la historia y la naturaleza.

En época soviética Vladivostok fue una ciudad secreta y el mayor puerto de submarinos nucleares. También es el destino final del Transiberiano y casi el lugar más alejado al que puedas llegar por tierra desde España. Sin embargo, para nosotros Vladivostok adquiere un significado diferente: es el punto de partida de un largo viaje que hicimos en el verano de 2014. 15.000 kilómetros que cubrimos haciendo autoestop. 

Empezamos sin mapas, tan solo con la idea de seguir la ruta transiberiana al revés, parando en las diferentes ciudades. Pero en este país las distancias son mucho más grandes de lo que nos podemos imaginar. Para cubrir la primera, hasta Jabárovsk (760 kilómetros), cruzamos caminos sin asfaltar, carreteras en construcción y viejas vías soviéticas. Es duro, pero la gente que conocemos en ruta nos convence de que hemos venido al país idóneo para viajar. 

 

Jabárovsk

Una vez en la preciosa Jabárovsk, donde confluyen dos grandes ríos, descubrimos la hospitalidad de sus habitantes. Las ciudades son un reflejo de la gente que en ellas conoces. Aquí nos aloja Tolya, un joven de 30 años que trabaja de comercial. A Tolya no lo hemos elegido, él nos ha invitado a su casa mediante couchsurfing. Es una persona llena de curiosidad e inquietud por viajar y conocer distintos lugares. Nos muestra la ciudad junto a sus amigos y, además de lo monumental, descubrimos con ellos que ante la ley seca, hay gente que se dedica al contrabando de alcohol: “Compra un litro de zumo y te haremos un regalo”. Además, nos explican como funciona el contrabando con las ciudades más cercanas de China. Hay mujeres que hacen pasar lámparas por sombreros para no pagar aranceles. 

En otro momento, mientras adormilados recorríamos la extensa estepa, un camionero nos iba descifrando las huellas secretas de un paisaje aparentemente monótono. Pasábamos por un gulag, campo de trabajo de la época estalinista, donde miles de personas sufrieron la deportación. Después de diez horas llegamos con él a Belogorsk. Allí una maestra de escuela nos reveló el interesante pasado de una ciudad aparentemente anodina y la historia de sus ancestros, que fueron deportados a esta parte de Rusia, como una mayoría de sus habitantes. 

En Belogorsk empezaba el tramo que, según nosotros, iba a ser el más duro: días de autoestop sin saber dónde podríamos dormir, miles de kilómetros sin grandes ciudades ni tráfico fluido. Sin embargo, esta parte se convirtió en una de las más memorables.

 

Región de Krasnoyarsk

Nos recogió Andréi, padre de familia y exmilitar, que nos llevó a su casa a comer con su familia y amigos y nos invitó a pasar el fin de semana en una casa en el bosque. Lamentablemente, debido a la cercanía con la frontera china y no tener nosotros visados a ese país, tuvimos que declinar su oferta. Sus ojos reflejaban una profunda pena.

Nos acercó nuevamente a la carretera, donde en muy poco tiempo nos recogió Vlad. Nuestro objetivo era llegar al pequeño pueblo de difícil pronunciación conocido como Skovoródino, pero Vlad, en un coche importado de Japón, es decir, con el volante a la derecha, nos llevó hasta Chitá: un viaje de 1.500 kilómetros que nos hizo avanzar mucho más de lo previsto. 

Chitá es una ciudad de marcado pasado militar con gran cantidad de monumentos relacionados con las Fuerzas Armadas. En las calles te encuentras con tanques, aviones y monumentos en honor de héroes de guerra. Sin embargo, también es una ciudad colorida, con pintorescas iglesias ortodoxas y carruseles. Además, es muy tranquila y cuenta con un ambiente agradable que te hace olvidar el pasado de la época soviética, unido a las armas y a los soldados. 

¿Quién dijo que en Rusia hacía frío en agosto? Hace un calor abrasador y es necesario combatir a los mosquitos que se arremolinan alrededor de las carreteras. 

 

Omsk

Pasamos un tormento hasta que llegamos a la región de Buriatia y esperamos que el tormento de la jornada valiera la pena. 

Cuando llegamos a la capital, Ulán-Udé, nos encontramos con personas de rasgos mongoles, de mirada curiosa pero nada entrometida. Son tan amables y dadivosos como la gente conocida hasta ahora, pero nos resultaba más cercana. Teníamos la sensación de haber entrado en otro país. En el Museo Etnográfico de Buriatia, donde nos llevó la joven Darima, probamos el "pozi", plato típico de la región que consiste en sacos hechos a base de harina y rellenos de carne picada con cebolla y especias, hechas al vapor. 

También nos enseñó algunas palabras en el casi olvidado idioma buriatio, de origen mongol y que desgraciadamente se está perdiendo. Nos asombró comprobar como se parecen algunas palabras a las palabras del euskera, por ejemplo, para decir “adiós” en buriatio es “Bai ar te” mientras que “hasta mañana” en el idioma de los vascos se dice “Bihar arte”. 

La visita al lago Baikal fue balsámica. La mayor reserva de agua dulce del mundo es un lugar majestuoso: especies autóctonas, pequeñas islas y gran cantidad de lugares llenos de una energía especial. Disfrutamos paseando por sus costas y nos quedamos con muchas ganas de recorrerlo con calma, en busca de los chamanes y las focas, que dicen, habitan en la parte norte, la más salvaje de todas. Lo dejamos para la próxima visita a Rusia. 

 

Baikal

En vez de eso descubrimos la vida cultural de Baikalsk, un pueblo al sur del lago, gracias a Vitali, director del teatro local. Nos pusimos diferentes disfraces, subimos a distintos escenarios y una tarde de domingo por fin descubrimos qué significa realmente estar en una “dacha” rusa. 

Después nos llegó la hora de ver Krasnoyarsk, una ciudad muy interesante, por el gran surtido de oferta cultural, decoración alternativa y naturaleza que tiene a su alrededor. En esta ciudad nos separarnos; Gosia fue a casa de Nikolái y Koldo a la de la familia de Katerina. 

Gosia descubre la realidad de la gente joven trabajadora y de clase media en esa región. Koldo se sumerge en la vida de una familia poco tradicional, los tres son couchsurfers, y subiendo hasta la cima de la roca más alta en el parque natural Stolby, admiran la magnanimidad de la naturaleza en Rusia. 

La siguiente parada sería en Novosibirsk, la mayor ciudad de Siberia, llena de edificios con diseños singulares, clubs y lugares donde pasarlo bien y tomar un buen cocktail. Fue algo inaudito lo que allí nos pasó. Nos llevaron a la playa y después a un beach bar. Sí, sí, en plena Siberia. 

Pasamos de ahí a Omsk, donde nos espera Anna, amiga de Tolya y que conocimos el segundo día en Jábarosvk. Gracias a su hospitalidad descubrimos la “banya” rusa, jugamos al “durak”, un juego de cartas con baraja autóctona y cenamos con ellos. Nuestra impresión es que la gente en Rusia es realmente sencilla y agradable. 

Como el visado de Koldo expiraba en tres días y seguíamos inmersos en Siberia, no pudimos llegar hasta Moscú, como era la idea original. Modificamos los planes iniciales y tomamos un tren:50 horas hasta Volgogrado, antiguamente conocida como Stalingrado, dede donde salimos por la frontera con Ucrania, país para el que no necesitamos visado. 

Una pena que no podamos dedicar más tiempo a Rusia, pero los visados turísticos son de 30 días y a Koldo le obligan a estar en las siguientes doce horas fuera del país. 

Así que seguimos nuestra andanza en autoestop sin contratiempos y siempre con buenas experiencias por Ucrania, Transnistría y Moldavia hasta llegar a la Unión Europea. La frontera entre Ucrania y Polonia será la última que crucemos.

Cuanto bien ha hecho a los viajeros la política de fronteras abiertas en la zona Schengen y cuanto bien haría que esto se ampliase a países colindantes como Rusia, Ucrania, Turquía o toda la zona balcánica. 

Acabamos de entrar en Europa y, pese a que no hemos sentido ningún tipo de inseguridad en el viaje, nos llega la sensación de que ya estamos en casa. La aventura ha quedado atrás y empezamos a pensar en los siguientes destinos. 

Para obterer más detalles sobre el viaje pincha aquí.

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