El Vladivostok que no puedes encontrar en las guías turísticas

Fuente: livejournal.com / vladivostokasya

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Si bien en tiempos soviéticos Vladivostok era una ciudad ‘oculta’ dedicada a la industria militar, ahora esta metrópolis se ha transformado en una urbe abierta. En los últimos años, las autoridades rusas han tratado de convertir Vladivostok en el ‘centro de la cooperación internacional de la región del Asia-Pacífico’. Sin embargo, sobran razones para decir que Vladivostok es una ‘ciudad-iceberg’, y es que hay toda una parte ‘sumergida’, que se oculta a los ojos del observador no iniciado.

1. La arqueología militar

Vladivostok es sin duda una ciudad militar: alberga, entre otras instalaciones, el cuartel general de la Flota del Pacífico. Desde la época zarista y los tiempos soviéticos, un gran número de túneles militares recorren el subsuelo de esta ciudad, muchos de los cuales ahora se encuentran abandonados. Los aficionados locales podrían realizar una excursión verdaderamente apasionante a través de los túneles subterráneos de Vladivostok. Por otro lado, en la isla Russki se pueden visitar almacenes de pólvora construidos a principios del siglo ХХ, las ruinas de múltiples cuarteles y restos de buques militares soviéticos. 

2. Lo prohibido

 

Fuente: livejournal.com / vladivostokasya

En Vladivostok se utiliza la palabra ochkur (que hace referencia a un lugar recóndito e incomunicado) para designar a toda clase de callejones, recovecos, pasajes deslucidos, etc. Millionka es un antiguo barrio en otro tiempo conocido por la enorme concentración de toda suerte de garitos, burdeles y fumaderos de opio que se hallaban dentro de su demarcación. 

3. Gostinki y jrushovki.

 

Fuente: livejournal.com / vladivostokasya

Al alejarnos del centro aparecen los barrios-dormitorio de la ciudad, que llaman la atención por sus edificios, popularmente conocidos como gostinki: unos bloques de viviendas rectangulares y lúgubres, de color gris, que albergan apartamentos diminutos, de una sola habitación, normalmente ocupados por gente con pocos recursos, extranjeros, estudiantes y drogadictos.

Entre estos últimos goza de amplia popularidad la llamada jimka: marihuana empapada en alcohol etílico,  acetona u otros químicos. Una excursión a los gostinkis podría compararse con una al 'Harlem de Vladivostok', conocido aunque peligroso al mismo tiempo. Son famosos los gostinkis de algunos barrios periféricos de la ciudad como Daljimprom, Zmeika o Tíjaya.

Aparte de los gostinkis, en Vladivostok, como en cualquier otra ciudad rusa, tampoco faltan los jrushovki: edificios de cinco plantas con apartamentos de pequeñas dimensiones. A principios de los años 60 este tipo de edificio se construyó en masa por toda Rusia.

En la calle Sajalínskaya, uno de estos edificios constituye un auténtico monumento a las bandas criminales de los 90: hace cerca de 20 años, en un atentado contra el cabecilla del crimen local, voló por los aires una de las esquinas de este bloque, que más tarde fue reformada con paneles de distinto color. No muy lejos de Sajalínskaya se encuentra el cementerio Morskoe (marino, en ruso), donde no solo descansan el famoso excursionista Vladímir Arsenev, la primera mujer del mundo que obtuvo el grado de capitán (Anna Shetínina) o la tripulación del legendario crucero Variag —conocido por la desigual batalla que libró contra todo un escuadrón japonés en 1904—, sino también las víctimas de los numerosos ajustes de cuentas que se vivieron en los años 90. Los ostentosos mausoleos de estos últimos se pueden ver desde la distancia. 

4. El mercado de coches Zelioni Ugol (el rincón verde).

 

Fuente: livejournal.com / vladivostokasya

Una de las curiosidades de la ciudad que no aparece en las guías de viaje es el mercado de coches Zelioni Ugol, donde se venden coches usados de Japón. Es precisamente aquí a donde acuden, desde hace unos 20 años, los numerosos turistas provenientes de Siberia y de otras regiones de Rusia.

El negocio automovilístico no solo se ha convertido en el principal representante de la economía local, sino también en un auténtico modo de vida en Vladivostok, a pesar de los continuos obstáculos que opone el Gobierno federal. El mercado de coches se encuentra a las afueras de la ciudad, emplazado sobre varias colinas, y consiste en una extensión repleta de coches, una pequeña cafetería, etc.

Aquí se puede adquirir whisky, coñac y tabaco traído de contrabando desde Japón. Además, el mercado está rodeado de garajes (los hombres de Vladivostok pasan buena parte de su vida entre garajes: allí quedan con los amigos, preparan barbacoas, arreglan el coche) y de desguaces, donde se venden piezas de coche. 

5. Los chifanki

 

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Como alternativa a los restaurantes caros (Vladivostok es una ciudad bastante cara; la hostelería tiene unos precios comparables a los de Moscú) vale la pena visitar unos pequeños establecimientos chinos conocidos como chifanki (del chino chifan, que significa comer), en los que se puede almorzar comida china de buena calidad adaptada a los paladares europeos y por unos precios inusualmente baratos.

Estos establecimientos se pueden encontrar en cualquier barrio de Vladivostok, pero el mayor número de ellos se concentra en el barrio Sportivni, que se encuentra cerca del mercado chino.

Entre la comida rápida gozan también de buena reputación los pian-se, unas empanadillas coreanas de col y carne cocinadas al vapor. Se cree que los pian-se los inventaron los coreanos rusificados de la isla de Sajalín. 

6. Las colinas

 

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Una de las particularidades de la ciudad es su relieve montañoso. Algunas de sus colinas están cubiertas de grandes edificios de viviendas, pero aún quedan varias en estado salvaje, como la colina Jolodilnik (refrigerador). Viejos cañones soviéticos siguen aún en pie sobre esta colina, y desde ella se desvela una de las vistas de la ciudad menos explotadas y más interesantes.