Un descenso a las entrañas de Moscú

Fuente: Vladímir Astapkovich / Ria Novosti

Fuente: Vladímir Astapkovich / Ria Novosti

Bajo la superficie el terreno sobre el que se alza Moscú parece un inmenso queso gruyer.

El horizonte de Moscú sigue estando dominado por los siete rascacielos, los famosos símbolos del poder soviético, construidos después de la Segunda Guerra Mundial. Pero literalmente no son más que la punta del iceberg, bajo ellos, así como debajo de otros muchos edificios de Moscú, hay toda una ciudad subterránea con sus comunicaciones, refugios, sistemas de habitabilidad, cuentos y misterios.

Ecos de la Guerra Fría: refugios antiaéreos en Moscú  

Después de la guerra, al inicio de la carrera armamentística entre la URSS y los EE UU, los ingenieros y científicos soviéticos recibieron la misión de crear refugios antiaéreos en las principales ciudades.

Estos refugios eran de dos tipos. Los que se hallaban aislados estaban pensados para un refugio temporal y estaban a unos 5-6 metros por debajo del suelo. Y los refugios integrados, situados bajo las casas de apartamentos (como algunos de los rascacielos estalinistas que tenían refugios muy espaciosos), colegios, hospitales, fábricas, estaciones de tren, etc. que podían albergar a cientos de personas durante dos o tres días.
 
Los refugios integrados podían situarse hasta 20 metros de profundidad y sus entradas estaban protegidas por puertas herméticas dobles. Los refugios aislados podían ser detectados por las ventilaciones y los quioscos de entrada y salida que sobresalían al nivel de la calle. Las instalaciones integradas tienen entradas en los sótanos del edificio y no son tan fáciles de detectar.
 
Los refugios integrados de Moscú estaban equipados con instalaciones de habitabilidad, generadores diésel, sistemas de filtrado y enriquecimiento de aire, provisiones de agua potable y medicinas (pero no comida, a no ser que el refugio estuviera en uso). También se almacenaban aquí máscaras de gas, trajes de protección química, hachas y palas en caso de que la gente que se refugiara tuviera que salir a través de los escombros de la explosión.
 
Durante los simulacros de defensa, que se hacían regularmente, los adultos y niños soviéticos también aprendían a utilizar las instalaciones de los refugios. Las clases demostraron ser muy útiles para los escolares que rápidamente aprendieron a colarse en los refugios y robarlos.
 
Por suerte nunca llegaron a usarse de verdad, así que actualmente la mayor parte de los refugios se han convertido en almacenes, gimnasios, estudios de música, etc. Pero algunos de ellos siguen siendo operativos y están preparados para cumplir su principal función. Algunos de los que siguen activos compiten de vez en cuando por ser el 'refugio antiaéreo mejor equipado del distrito', aunque las competiciones no son públicas. Estos refugios, sin embargo, son relativamente nuevos, la historia de las construcciones subterráneas de Moscú puede rastrearse hasta la Edad Media.   

Las mazmorras del Kremlin

Las primeras instalaciones subterráneas de Moscú se crearon para defender el Kremlin a finales del siglo XV. En una época de permanente conflicto armado, la principal fortaleza de la ciudad tenía que estar bien fortificada y ser capaz de aguantar un largo asedio. Esto se consiguió con la ayuda de Aristóteles Fioravanti, un arquitecto e ingeniero italiano que fue invitado a Rusia después de ser acusado de falsificación en Europa. Fioravanti, más conocido en Rusia por haber creado la Catedral de la Asunción, también es considerado el creador del plano de los subterráneos del Kremlin.

La mayor parte de las torres del Kremlin tienen grandes sótanos. Durante un asedio podían usarse como almacenes de provisiones, algunos de ellos también tenían túneles que llevaban fuera de las murallas, para que las tropas pudieran recibir mensajes y municiones, así como pozos ocultos para que los asediados tuvieran agua fresca.

Más importante aún eran los pasadizos bajo las murallas. El Kremlin, una fortaleza inexpugnable, podía ser tomado haciendo túneles debajo de las murallas y volándolos, por lo que los defensores utilizaban unos pasadizos (llamados orejas) para detectar los trabajos de excavación desde el interior.
 
En el siglo XX, el subsuelo del Kremlin fue explorado en busca de la biblioteca de Iván el Terrible, pero en vano. La mayoría de los pasadizos resultaron estar bloqueados o destruidos por las excavaciones o la erosión, por lo que la mayoría de las cámaras del Kremlin siguen siendo un territorio inexplorado.

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