Vida eterna en mármol negro

Fuente: Ricardo Marquina Montañana

Fuente: Ricardo Marquina Montañana

La capital rusa cuenta con enormes camposantos, muchos de ellos anteriores a los tiempos de la Revolución. Rusia Hoy ofrece un breve repaso de sus historias más misteriosas y peculiares.

Los habitantes de Moscú siempre han vivido más cerca de sus muertos de lo que podrían pensar. Durante la demolición de una línea de tranvía cerca del monasterio de Simónov, al sur del centro de la ciudad, emergieron del pavimento cientos de lápidas con sus nombres y sus epitafios. En 1930, cuando se estaba construyendo la línea de transporte, los terrenos del cementerio del convento habían sido convertidos en el solar para la obra de la planta de motores ZIL. Así, las sólidas lápidas fueron arrancadas y utilizadas para pavimentar las calles. Lo mismo pasa en las estaciones de metro de la periferia de Moscú, donde lápidas, previamente recortadas, fueron utilizadas para revestir de mármol muros y columnas.

Para los rusos, el cementerio es un lugar importante de todo pueblo y ciudad. Tradicionalmente, todo el mundo quería ser enterrado cerca de la parroquia de su lugar de nacimiento. En Moscú, que llegó a tener más de 400 iglesias, también estaba cuajada de cementerios: en el siglo XIX había más de 300, la mayoría de los cuales fueron demolidos en las primeras décadas de la URSS. Ahora, en la capital rusa quedan solo 71 campos funerarios, pero un gran número de parques y edificios están construidos sobre antiguos lugares de enterramiento, hecho casi desconocido para muchos ciudadanos.

Los cementerios dentro de los muros del Kremlin fueron de los primeros que surgieron en Moscú. Después del siglo XIV, los príncipes y los zares eran enterrados en las criptas de la catedral de Arjánguelski. Es curioso que, durante los primeros años de gobierno soviético, se estableciese un cementerio “alternativo” fuera de los murallas. En 1917, se enterraron allí los restos de los bolcheviques caídos durante la Revolución de Octubre en Moscú. En 1924, el Mausoleo de Lenin se convirtió en el centro del cementerio.

A la muerte de Stalin, en 1953, su cuerpo también se conservó en el Mausoleo, pero en 1961 sus restos fueron inhumados en una tumba al lado del muro. A día de hoy, persiste un debate en la sociedad rusa sobre si deben ser trasladados o no de la Plaza Roja.

Cuando se clausuraron los cementerios dentro de la ciudad, las cenizas de muchos escritores, miitares y revolucionarios fueron llevadas a un nuevo cementerio cerca del monasterio de Novodévichi. Este fue también el destino de los restos del gran escritor, Nikolái Gógol.  Fallecido en 1852, fue enterrado en el monasterio Danilovski; en 1931, cuando se eliminó ese cementerio, el Gobierno dio la orden de reubicar a Gógol en Novodévichi. Algunos escritores contemporáneos que asistieron a la exhumación, juraron que el ataúd estaba abierto, y que faltaba la cabeza del escritor...

Sin embargo, esto no sorprendió a los artistas. Se dice que Lidin, un escritor casi olvidado, se atrevió incluso a cortar un trozo del capote de Gógol, que utilizó posteriormente para encuadernar una edición de Almas muertas, de tiempos del autor, que Lidin poseía. En cualquier caso, las cenizas fueron inhumadas, pero ¿dónde fue a parar la cabeza? Corre el rumor de que en 1909, cuando se renovó la tumba de Gógol, Alexéi Bajrushin, un famoso y excéntrico comerciante de Moscú, sobornó a los monjes del monasterio de Danilovski y pudo encontrar la cabeza de Gógol para exhibirla en su museo privado. Desde entonces, se ha perdido completamente la pista de la calavera del escritor. Por lo que respecta al capote de Gógol, la citada copia de Almas muertas está supuestamente en propiedad de la hija de Lidin.

El nuevo cementerio de Novodévichi se convirtió en el lugar de enterramiento de la mayor parte de la elite de la URSS. En tiempos soviéticos, solo se permitía la entrada a los parientes de los muertos, que tenían pases especiales, pero ahora es libre y gratuita. Sin embargo, el precio de las tumbas es muy elevado, igual que en el cementerio de Vagánkovskoe, donde yacen muchos actores, pintores y famosos bohemios. En general, es caro ser enterrado en cualquier cementerio intramuros. Uno de los más costosos es el cementerio de Vvedenskoe, en Lefortovo, antiguo territorio del 'Barrio Alemán', un distrito organizado en el siglo XVII para residentes extranjeros.

En la actualidad, Vvedenskoe es probablemente uno de los cementerios más bellos y tranquilos, que cuenta también con una arquitectura espectacular. Entre los monumentos más destacados está la cripta de G. Lion, con una reproducción en mosaico de La isla de los muertos de Arnold Bocklin.

También está la cripta de la familia Erlanger, diseñada por el arquitecto ruso Schechtel, un maestro del art nouveau. Esta cripta muestra huellas de una tradición pagana muy extraña: por alguna razón desconocida, sus paredes han sido elegidas por la gente de los alrededores para escribir mensajes... ¡a Dios! “Dios, ayúdame a encontrar trabajo. Vladímir”; “Dios, dame fuerzas para sacar un notable en geometría descriptiva”; “Señor, ayúdame a pasar el examen de conducir y sacarme el carné”; “Dios mío, que se acaben mis problemas financieros”, y un largo etcétera. Las inscripciones son borradas cada poco tiempo, pero vuelven a aparecer. Pero esta no es la única costumbre curiosa en la tradición funeraria rusa.

Desde tiempos inmemoriales, el pueblo ruso acostumbra a celebrar picnics en las tumbas de sus antepasados. En los tiempos zaristas, en las grandes fiestas, los moscovitas iban al cementerio con cestas de comida y samovares, para celebrar fiestas conmemorativas que a menudo derivaban en grandes borracheras. En tiempos soviéticos, esta tradición recibió un impulso inesperado. Como estaba prohibido beber en la calle, mucha gente empezó a usar los cementerios para emborracharse. Si los pillaba la policía, la excusa estaba a mano: “Estamos conmemorando la muerte de un amigo”. Los agentes, conocedores de las tradiciones, dejaban en paz a los borrachos. Esa es la razón por la que muchos cementerios rusos están equipados con bancos.

Pasead por las sinuosas vías, entre las numerosas criptas y lápidas que llevan los nombres de la gente que un día también formó parte de la historia de esta ciudad. Y, lo más importante, no te molestarán las hordas de turistas: para ellos, los cementerios de Moscú son aún un territorio desconocido.

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