Lugares de Siberia que no te puedes perder

El escritor estadounidense y columnista de 'The New Yorker' Ian Frazier presentó su libro en la Feria del Libro de Krasnoyarsk 2013, 'Travels in Siberia' ('Viajes por Siberia'), en el que describe los 18 años que ha pasado viajando por Rusia.

 

Ian Frazier, escritor norteamericano y columnista de The New Yorker. Fuente: Aleksandra Gúzeva

Ian Frazier llegó por primera vez a Rusia tras conocer por casualidad a los artistas rusos Kómar y Melamid. Cuando llegó a Moscú consiguió también una inesperada invitación para viajar aún más lejos, a Siberia, un lugar que durante muchos años había cautivado su corazón.

En su introducción al libro explica que en EE UU, como en todo el mundo, la gente se imagina Siberia como un lugar extraño, frío y lejano, donde te pueden “desterrar”. Pero al mismo tiempo este lugar posee un romanticismo enigmático que incluso resuena en su trémulo nombre, “Si-bir”, un lugar aparentemente desconocido hasta ahora.

En su cuaderno de viaje Ian Frazier se vuelve hacia la historia de Siberia y la historia de los viajes por Siberia –por ejemplo, los libros de George Kennan, que exploró el territorio en el siglo XIX–, y los compara con la realidad que le acoge. El autor también presta una gran atención a las personas que le ayudaron en su viaje. Tal como dijo Frazier en el encuentro de Krasnoyarsk, los habitantes de Siberia lo llenaron de cuidados, atención y curiosidad.

Le pedimos a Ian Frazier que nos aconsejara los lugares de Siberia que, a su modo de ver, resultan más importantes, aquellos que hay que visitar sin falta, y hemos escogido las respectivas citas de su libro. 

1. El kremlin de Tobolsk

 

Fuente: Lori / Legion Media

El kremlin de Tobolsk es muy bello y antiguo, posee una antigüedad auténtica, no artificial, que se experimenta con un sentido propio. También hay que visitar otro hermoso lugar cerca de Tobolsk, el promontorio de Chuvashia, donde el khan Kuchum derrotó el ejército de Yermak.

...el kremlin –la ciudad amurallada– de la antigua Tobolsk. Es el kremlin de piedra más antiguo de Siberia, se empezó a construir en 1587, y se erige hacia el cielo sobre su promontorio, a doscientos pies o más por encima de la llanura de los ríos Tobol e Irtish, como las legendarias encrucijadas de la caravana asiática del pasado.

Lo que busco en una ciudad es, en parte, la cualidad de un espejismo, un brillo esquivo que se puede ver y soñar desde lejos. La parte antigua de Tobolsk proporciona esta sensación, con el kremlin visible a cierta distancia y las monótonas estructuras de la ciudad, en absoluto prominentes. Los muros del kremlin son blancos, de unos cincuenta pies de alto, con unas torres de forma cónica en cada esquina. La Catedral de Santa Sofía, dentro de la muralla, tiene una gran torre central y tres torres auxiliares más. Sus cúpulas principales son de un color azul claro con puntos dorados y filigranas de oro en la parte superior e inferior, y encima hay unas cúpulas más pequeñas que soportan las altas cruces ortodoxas. 

2. Novosibirsk

 

Fuente: Lori / Legion Media

Mucha gente ni siquiera sospecha lo agradables y magníficas que son las ciudades siberianas, y no solo por sus centros históricos, sino también por los edificios soviéticos y la interacción con el paisaje natural.

La ciudad tomó el nombre de Novosibirsk en 1925. A partir de la Segunda Guerra Mundial inició su crecimiento. Los altos edificios de acero y vidrio de Novosibirsk, incluyendo una extraña construcción de color azul con una especie de bultos en la parte superior que le dan el aspecto de un enchufe eléctrico de dos puntas, forman un impresionante horizonte por encima de la orilla oriental del río Ob y su complejo entramado de grúas de carga.

Los defensores de la belleza de Novosibirsk apuntan a la cúpula del teatro de la ópera de estilo clásico, su moderno sistema de metro subterráneo y su población de casi un millón y medio de habitantes. Aquí, prácticamente en el centro de Siberia, se encuentra la tercera ciudad de Rusia.  

3. Krasnoyarsk

 

Fuente: Lori / Legion Media

En las grandes ciudades se encuentra todo aquello a lo que está acostumbrado el turista: restaurantes, cafeterías, comida rápida y tiendas de marcas conocidas. Antón Chéjov llamó a Krasnoyarsk la ciudad más bella de Siberia, y yo pude convencerme de ello con mis propios ojos. Hay incluso multitud de mujeres hermosas, parecería que solo viven en esta ciudad, como en una película de ficción.

El nombre –de krasni, “rojo” y yar, “acantilado” – hace referencia a los acantilados rojos que hay cerca de la ciudad y que dan al paisaje, con su amplio valle, un aspecto fuera de contexto, como si se encontrara en Wyoming del Este o Suráfrica. La ciudad está emplazada en una prominencia sobre el río Yeniséi, tan solo a unas aguas arriba de una serie de acantilados montañosos, cubiertos de árboles en las dos orillas del río, que descienden en picado al nivel del suelo. <...> Muchos edificios del centro de la ciudad son de finales del  siglo XIX, con un estilo casi caprichoso, en ladrillo. Las recientes reformas han enfatizado el esquema de color, tal vez basado en los tonos tierra rojizos de los acantilados del Yeniséi, y con una moldura blanca o azul claro que le da intensidad.  

4. El lago Baikal

 

Fuente: Lori / Legion Media

Todo el mundo debería visitar el Baikal, es increíblemente hermoso. Y no solo una vez, sino en las distintas épocas del año. Por ejemplo, en invierno se pueden experimentar sensaciones inolvidables, empezando por conducir un coche sobre el hielo del lago. Es simplemente genial.

Cuando en el Baikal se propaga una ola y se ondula para romperse, se pueden ver las piedras del fondo refractadas en la cara vertical de la ola. Esta visión, que aparece tan solo un instante, es como mirar hacia la ventana de un apartamento cuando vas en un tren elevado. La luna estaba llena aquella noche y cuando se levantó, las piedras del fondo del lago yacían fantasmagóricas bajo su potente luz. El brillo de la luna en la superficie del lago —“el camino de la luna”, como lo llamó Serguéi—, fluctuaba constantemente en puntos aislados que centelleaban, con una definición mucho más alta que cualquier agua turbia podría lograr. La luz brilla de forma diferente en este agua clara. Entonces comprendí que nunca antes había visto realmente la luna reflejada en el agua.  

5. Las remotas estaciones del ferrocarril Baikal-Amur

 

Fuente: ITAR-TASS

Las ciudades como Tinda son estremecedoras. Esta ciudad a orillas del río Amur, que se fundó para extraer oro, queda totalmente rodeada por las colinas de la taiga. Es el punto más extremo de la vía férrea Baikal-Amur (BAM, por sus siglas en ruso).

La gran ciudad de Tinda está considerada la capital de la BAM, y la estación ferroviaria de Tinda es un edificio modernista habitualmente desbordado por el bullicio. Los osados planteamientos arquitectónicos se abarrotan en una sola estructura con una energía e incoherencia difíciles de resumir.

Recuerdo mucho más nítidamente el interior de la estación, que era una suerte de centro comercial con tiendas vacías situadas a lo largo de pasillos que se dirigían a ninguna parte e irradiaban desde la zona central de la estación, relativamente abarrotada de gente. El eje central del interior de la estación era una fuente inverosímil y muy elaborada.

6. Chukotka

 

Fuente: Vladímir Vyatkin / Ria Novosti

Oh, esta visita es tan obligada como la del Baikal. En Chukotka hay una naturaleza y una fauna maravillosas, deslumbrantes y diversas: aves y ballenas gigantescas. Realmente impresionante.

El viento había muerto por completo y los espacios en forma de rombo iban cambiando de un lado a otro sobre la superficie, en la serenidad de la llanura. El mar brillaba con colores que iban del azul al verde y el turquesa con el encanto de una piscina, si conseguías olvidarte de lo fría que estaba el agua. Aquí y allá blancas plumas rizadas que se desprendían de las aves marinas se posaban imperturbables como virutas de madera sobre un suelo brillante. Pasaron cinco minutos o más. Entonces a una milla de distancia el surtidor de una ballena se erigió contra la tierra negra que había tras ella. El surtidor se disparó blanco y preciso hacia el cielo, después cayó hacia atrás, dejando un velo de niebla que flotó en el aire, y se desvió a un lado.

Citas extraídas del libro de Ian Frazier Travels in Siberia.

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