Tras los pasos de Antón Chéjov: la isla Sajalín 123 años después

23 de julio de 2013 Ajay Kamalakaran, Rusia Hoy
La isla rica en petróleo y gas fue una colonia penitenciaria zarista y aún existen pequeños rastros del breve período de la visita realizada por el gran escritor ruso.

 Antón Pávlovich Chéjov. Fuente: Wikipedia

En 1890, Antón Pávlovich Chéjov no pudo disfrutar del lujo que supone realizar un vuelo de ocho horas y cuarenta minutos desde Moscú hasta la lejana isla de Sajalín. En su viaje de dos meses y medio a través de Siberia, el escritor utilizó diferentes medios de transporte: trenes, trasbordadores y carruajes tirados a caballo, para llegar a la isla que por entonces era una colonia penitenciaria.

El punto más occidental de Sajalín está a siete kilómetros de la Rusia continental.En la actualidad, existen servicios regulares de transbordadores que operan desde Vanino en la región de Jabárovsk y desde Jolmsk, al sur de Sajalín. A menudo, los isleños se quejan de que el transbordador es un medio de transporte común para los fugitivos de otras partes de Rusia y de antiguas repúblicas soviéticas.

En 1890, Antón Chéjov inició un tedioso viaje a Sajalín, incluso después de enterarse de que padecía tuberculosis. "Un infierno",  esa fue su descripción de la isla cuando el régimen zarista estableció allí una colonia penitenciaria. Durante los tres meses que permaneció allí fue testigo de azotes, de la confiscación de bienes y de la prostitución forzada de mujeres. 

Escribió La isla de Sajalín puede considerarse el primer reportaje sobre un presidio, realizado con criterios modernos de objetividad. El relato muestra al lector los horrores de la vida en una colonia penitenciaria del siglo XIX. Fue una obra censurada y no se publicó íntegra hasta 1895.

Cuando Chéjov tomó el transbordador para cruzar el "rugiente mar frío e incoloro" para llegar a un puerto del norte de Sajalín, en realidad se utilizaba para trasladar a los criminales más peligrosos. El trato que recibían estos convictos entristecía al gran escritor.

"En el buque de vapor Amur que se dirigía a Sajalín, viajaba un convicto que había matado a su esposa y tenía grilletes en sus piernas", escribió Chéjov en su libro La isla de Sajalín. "Su hija, una pequeña niña de seis años, viajaba con él. Me di cuenta de que si el convicto se movía a algún lado, la pequeña niña se abría paso tras él con dificultad, sosteniéndose a sus grilletes. Por la noche, la niña dormía junto con los convictos y soldados, todos ellos hacinados".

Cuando Chéjov llegó a la isla sufrió la brutalidad de su inhóspito clima y la falta total de instalaciones. Consideraba que la isla era un “infierno helado”.

La ciudad de Yuzhno-Sajalinsk distaba mucho de ser como lo es en la actualidad. Entre otras cosas porque la zona fue ocupada por los japoneses en 1905, durante la guerra ruso-japonesa, y la cambiaron casi por completo.


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Chéjov también escribió acerca del asentamiento de Vladimirovka, que hoy en día se encuentra en la periferia del centro administrativo. El asentamiento consistía de 46 casas y 91 habitantes en 1890 y constituía una colonia con forma lineal. Entre sus residentes había personas deportadas de origen polaco. En la isla aún son comunes algunos apellidos como Kovalsky, Kriminetsky y Krakowsky.

Actualmente en Vladimirovka hay grupos de pequeñas dachas y algunas casas más grandes de madera.  Las casas más pequeñas están habitadas por inmigrantes de lugares tan lejanos como Armenia y Kirguistán. Estos obreros sobreviven gracias a trabajos temporales.

Los residentes rusos también se quejan actualmente de la pobre infraestructura de un lugar que se encuentra a apenas unos kilómetros de los modernos edificios de acero y vidrio de Yuzhno-Sajalinsk, que albergan las oficinas de compañías petroleras internacionales. Las quejas más frecuentes tienen que ver con el con el suministro del agua y la inseguridad nocturna.

Extrañamente, esta área también se conoce como Shanghái, dado que muchos de los coreanos más pobres que permanecieron en la isla fueron a parar a Vladimirovka tras la retirada japonesa en 1945. Los historiadores locales explican que el nombre designa simplemente una zona asiática. Los visitantes de la verdadera Shanghái estarían sin lugar a dudas estupefactos de que el asentamiento, aunque informalmente, comparta el nombre con su gran ciudad. 

Alexandrovsk-Sajalinski

Mientras vivió en Sajalín, Chéjov pasó la mayor parte de su tiempo en el pequeño pueblo de Alexandrovsk-Sajalinski, un puerto tranquilo al noroeste de la isla. Las condiciones de vida horrorizaron al escritor y situó allí la última parte del relato Un asesinato.

 

Fuente: alamy / legion media

Alexandrovsk era el centro administrativo de la isla en la época de Chéjov, aunque en la actualidad es un pueblo adormecido de unos 12.000 habitantes con riscos verdes que miran hacia el estrecho de Tartaria y una imponente formación de tres enormes rocas que recibe el nombre de 'Tres Hermanos'.

En el pueblo existen todavía algunos restos de 1890, aunque afortunadamente la colonia penitenciaria fue cerrada hace ya mucho tiempo. Chéjov seguramente pudo ver el viejo edificio de la tesorería, una casa de troncos de madera construida diez años antes de que él llegara a Sajalín. Se cree que es la construcción humana más antigua que todavía sigue en pie en toda la isla.

La casa en la que vivió el escritor también permanece y es ahora un pequeño museo que exhibe objetos del período en que Chéjov realizó su trabajo.

De colonia penitenciaria a la migración voluntaria

Aunque Chéjov habría jurado que la isla era el peor lugar que había visto en su vida por el indecible sufrimiento humano que supo presenciar, los siglos XX y XXI trajeron numerosos cambios a Sajalín. Los ocupantes japoneses desarrollaron rápidamente el sur de la isla y después de 1945 diferentes especialistas fueron incentivados por las autoridades soviéticas con buenos salarios y alojamiento para trasladarse a Sajalín y establecerse allí.

La decisión de explorar activamente las vastas reservas de petróleo y gas de la plataforma de la isla a principios de la década de 2000 no solo atrajo a especialistas extranjeros de compañías petroleras multinacionales sino que también hizo que la isla (en la imaginación rusa) pasara de ser el 'infierno de Chéjov' a convertirse, para siempre, en El Dorado para los jóvenes del Lejano Oriente Ruso. 

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