Verano en Sochi: excentricidad en el centro turístico de Rusia

Fuente: Ria Novosti

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Sochi, que durante la época soviética fue un importante centro turístico, se está preparando para los inminentes Juegos Olímpicos de Invierno. A los que quieren visitar los futuros escenarios deportivos antes de los Juegos, les gustará descubrir la excéntrica mezcla del estilo de vida soviético, los restaurantes modernos, la chanson rusa, la comida tradicional del Cáucaso y chicos con aspecto mafioso con sus chicas arregladísimas.

Una de las ciudades más esparcidas del mundo, Sochi, es una franja de tierra que se extiende a lo largo de más de 100 kilómetros en frente de la costa del Mar Negro. La combinación única del clima subtropical en el área costera con las montañas del Cáucaso Norte que se elevan sobre la costa hace de este sitio una de las destinaciones turísticas más atractivas de Rusia. 

Existen más estereotipos sobre Sochi que sobre cualquier otra ciudad rusa. Es ampliamente conocido como un sitio donde todavía se puede encontrar la peculiar cultura de la Rusia de los 90,  chicos duros de aspecto mafioso, cantantes en los restaurantes interpretando canciones sobre el difícil destino de los mafiosos, la dureza de la vida carcelaria y la lucha por la libertad. 


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En parte es verdad porque, por un lado, la ciudad intenta alcanzar a Moscú abriendo modernos restaurantes y clubes nocturnos con nombres tan de moda como London o Malibú con miembros de seguridad  negros que tienen un aspecto tan dramáticamente severo que hacen reír. Pero por otro lado, Sochi está todavía profundamente sumida en el pasado. 

Por ejemplo las chicas locales. Ataviadas con vaqueros ceñidos, minifaldas y tacones altos en cualquier ocasión, una chica corriente de Sochi tiene el aspecto y estilo de Kim Kardashian y generalmente un chico con aspecto de gánster al lado conduciendo desde un Lada de fabricación local hasta un Porsche pero eso sí, siempre con cristales oscuros. 

 

Fuente: Mijaíl Mordásov

Sin embargo todo forma parte de la imagen única de Sochi, tan diferente del tradicional estilo de vida occidental. Al igual que la misma Rusia, Sochi tiene rasgos de carácter contradictorios, le puede gustar o la puede odiar pero seguro que no le dejará indiferente. 

Parques y villas 

“El verano en Sochi empieza cuando toda la ciudad se llena de la característica fragancia  de las magnolias en flor y del olor a shaslyk (un tipo de Shish kebab)”, explica un guía turístico en el arboreto”, el lugar de interés más emblemático de la ciudad

Fundado en el 1892 por el editor Sergei Judekov, las 50 hectáreas de jardín botánico dedicado primordialmente a árboles y otras plantas leñosas acogen ahora una colección única de 2.000 especies de árboles exóticos y flores llegadas a Sochi de todas las partes del mundo. El complejo está dividido en dos áreas, el parque superior y el inferior. 

La primera parte es la parte principal y cuenta con una colección de árboles y flores que recuerda a un bosque tropical sin fin. Cuando se entra uno puede perderse fácilmente entre la gran cantidad de palmeras, cipreses, magnolias, cedros y pinos. Cabe mencionar que no es solo la naturaleza edénica lo que sorprende, sino también el aroma, una exótica mezcla de hierbas y flores. 

La parte inferior es un sitio para descansar en el valle de yedra, observar una pareja de cisnes blancos y negros planeando en el agua y alimentar a unas cuantas desvergonzadas nutrias. 

El arboreto está ubicado en la Avenida Kurortni, 74. En verano el parque está abierto cada día de 8 de la mañana a 9 de la noche. La entrada cuesta cerca de 8 dólares (6 euros) y si quiere realizar un tour guiado, más informativo y entretenido, tendrá que añadir 1,5 dóalres (alrededor de un euro). 


Vista desde la rambla de Sochi, cerca del puerto. Fuente: Mijaíl Mordásov

Una noche en la villa de Stalin 

Sochi ha sido siempre uno de los sitios preferidos de vacaciones de muchos líderes políticos soviéticos y rusos, un hecho que ahora es muy explotado por la industria turística. Es casi imposible que le inviten a Bocharev Ruchei (la residencia de verano de Vladímir Putin) pero sí que podrá entrar fácilmente en la villa de Stalin y darse la mano con su anfitrión, o mejor dicho, su figura de cera. 

Situado a unos 50 metros por encima del nivel del mar, el edificio comprende la casa museo de Stalin y el área residencial con 12 apartamentos suites que se pueden alquilar. 

La responsable del lugar, una mujer con una voz de acero, una exempleada del KGB, le recibirá en la entrada y le explicará la historia de la villa, que la mansión fue construida en el 1937 (aunque no mencionará que ese año fue el punto más álgido de las purgas estalinistas) y que desde ese momento no ha sido renovada y, por tanto, todo el mobiliario y decoración son auténticos. 

Después le llevarán a la Sala de la Chimenea donde Stalin celebraba las recepciones pero “nunca bebía con los invitados”. También le mostrará su despacho donde una figura de cera del dictador está sentada delante del escritorio. Allí podrá ver un pesado sillón de cuero donde veía películas solo ya que “era una persona muy reservada y no quería que nadie le viera sus emociones”. No se le ocurra atreverse a acariciar al anfitrión o tocar su pipa ya que le acusarían de mala conducta en presencia líder soviético.

Si no tiene miedo de los posibles fantasmas y no le importa gastar 450 dólares (340 euros) por una noche en la suite de Stalin de 111 metros cuadrados, esta experiencia será el tema principal de conversación con sus amigos durante mucho tiempo. 

La residencia (conocida como Zeliónaya Roshcha o 'Arboleda verde') está situada en la Avenida Kurortni, 120, en el barrio Khota de Sochi. 

Restaurantes locales 

Nada satisfará más al turista que las exquisiteces locales a un precio razonable. Por suerte, en Sochi cada uno encontrará restaurantes que se ajusten a su presupuesto. La proximidad de la ciudad con las repúblicas del Cáucaso, así como Abjazia y Georgia explica la abundancia de restaurantes étnicos con sus especialidades de la casa, shashlyks, jinkali, jachapuri, matsoni, satsivi y otros platos que requieren talentos de políglota para pronunciar sus nombres correctamente. 

Belie Nochi 

Belie Nochi (Noches Blancas) es el mejor restaurante para probar el jinkali georgiano, unas bolas de masa de harina hervidas o al vapor  generalmente rellenas de ternera y cerdo. En Belie Nochi las sirven fritas o hervidas con un gran surtido de salsas. Una ración de 5 jinkalis sale por $6 un precio increíblemente barato por los estándares de Sochi. Si está dispuesto a comer más, hay sopa de esturión o ujá, que tradicionalmente se ha considerado una comida de zar. Créanme, merece ese título. 

Si tiene intención de pasar cierto tiempo en este restaurante, reserve con anticipación una mesa en la terraza ya que el establecimiento generalmente está abarrotado. Belie Nochi está en la Calle Ordzhonikidze, 9. 

Starii Bazar

A dos minutos del puerto, está el restaurante Starii Bazar (Antiguo Bazar) que atrae tanto a los turistas como a los locales por sus precios democráticos y una comida sabrosa de muerte. Si come en este restaurante pruebe el jachapuri, una empanada georgiana de pan de forma redonda rellena de queso. Es difícil elegir entre el jachapuri imeretiano, el más común de todos, y el jachapuri adzhariano, una masa en forma de barca abierta con un huevo un poco hervido y mantequilla en la parte superior. Los dos son realmente enormes y pueden tomarse como una cena completa. En cuanto a la ujá rusa, la preparan de forma excepcional con trucha e hinojo. 

El precio medio de la cuenta por una comida de tres platos es de unos 30 dólares (22 euros).

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Starii Bazar está situado en la Calle Neserbskaya, 4. 

Chaika 

A diferencia de la mayoría de restaurantes de Sochi con comida tradicional e interiores de inspiración caucásica, Chaika (Gaviota) ofrece mayoritariamente cocina europea y tiene un aspecto muy mediterráneo. Vale la pena visitarlo ya que el establecimiento está situado en un edificio único del estilo imperial estalinista (había sido un edificio del puerto durante tiempos soviéticos) con magníficas vistas al mar desde la terraza. 

El restaurante es propiedad de una empresa de Moscú de lujo que ha dotado al local de atmósfera de relax a este local de moda con comida más bien cara. Eso sí, únicamente aquí podrá probar una crema de setas excelente. La cuenta media sale alrededor de 70 dólares. 

Chaika está en la Calle Voykovaya, 1.

 

Fuente: Mijaíl Mordásov