Viborg: una romántica ciudad a punto de desaparecer

Visiten la excepcional y única ciudad medieval rusa mientras aún está allí. Fuente: PhotoXpress

Visiten la excepcional y única ciudad medieval rusa mientras aún está allí. Fuente: PhotoXpress

Viborg siempre ha sido una ciudad con características propias únicas y esquivas, que no puede encasillarse en una nacionalidad o tiempo. No es rusa ni europea, medieval ni moderna tampoco... La mejor definición probablemente sea 'romántica'.

Su antiguo centro urbano, con su fortaleza y pequeños caminos, los edificios boreales modernos, su parque Mon Repos, de estilo inglés y con un puerto marítimo neogótico… todo esto resumen el encanto de su nostalgia romántica.

La ‘crónica’ de Viborg ha sido escrita varias veces a lo largo de los años, y la ciudad quizás sea un sorprendente ejemplo de cómo los altibajos históricos pueden verse reflejados en la apariencia de una ciudad.

Viborg muchas veces ha sido obligada a alterar no solo su forma de gobierno, sino también su religión y composición étnica. Resulta simbólico que la estatua del fundador de la fortaleza de la ciudad —el legendario sueco Torkel Knutsson— haya sido bajada de su pedestal debido a motivos ideológicos en numerosas ocasiones… aunque siempre la vuelven a colocar.

Se han contratado manos rusas, suecas y finlandesas en el diseño de la ciudad y sus edificios, algunas veces reforzando el trabajo de los demás, y, otras, borrándolo.


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Hay edificios que desaparecieron en tiempos de paz, mientras que otros se perdieron durante las guerras. Tras la Segunda Guerra Mundial, muchos edificios, incluida la Catedral Antigua, quedaron de pie en ruinas terriblemente melancólicas, lo cual otorga un aura romántica a la ciudad.

Durante el último medio siglo, Viborg ha estado prácticamente sumida en el abandono. Los viejos edificios se sostienen sin ser mantenidos ni remodelados, inhabitables, y luego, bajo el pretexto de preocuparse por su peligrosa condición, estos edificios históricos son derribados por los inversores y desarrolladores que buscan despejar el camino para nuevos proyectos. Es otro caso de 'bruselización', que amenaza con la pérdida de nuestra ciudad exquisitamente multicultural, y representa otro motivo para echarle un buen vistazo... mientras aun esté allí.

Si vienen en tren, primero verán los años soviéticos de la ciudad: la solemne y neoclásica estación ferroviaria de 1950. La zona de equipajes de la estación, sin embargo, es un rezago de la anterior estación finlandesa, construida en 1913, cuyos remanentes fueron destruidos en la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, dos estatuas de osos construidas en piedra de la anterior estación fueron trasladadas y escoltan dos de los parques de la ciudad.

Por el contrario, la estación de autobuses una estructura constructivista simple y carente de ornamentos. El finlandés Uno Ullberg, que mantuvo el puesto de arquitecto principal de la ciudad por un buen tiempo, estuvo involucrado en la reconstrucción de la estación.

Las calles desde las estaciones hacia el centro de la ciudad ilustran estilos edilicios de finales de siglo xix y xx —estilos modernos funcionalistas y boreales. Son amplias y están circundadas por casas con fachadas de granito que exhiben grandes ventanales vidriados, vitrales, gabletes decorados, torrecillas y ventanas de cuyas paredes se asoman animales en yeso y los héroes de historias épicas nórdicas.

El principal hito y atractivo de la ciudad es la Fortaleza y Torre de San Olaf, que conserva parte de sus cimientos desde el siglo xiv. En la actualidad, alberga al Museo de Historia local, junto con unas escalinatas bastante espeluznantes que conducen a la plataforma de observaciones, en la cúpula de la torre, desde la cual se obtiene una vista aérea de toda la ciudad de Viborg.

Desde la torre obtenemos una clara vista de la Ciudad Antigua, fácilmente reconocible por su campanario que se dibuja solitario sobre la Vieja Catedral. Más allá de la Ciudad Antigua, las desordenadas vías medievales van acabándose y comienza la uniforme disposición europea, solo para desaparecer a la distancia en una pila de construcciones soviéticas de vivienda y levemente industriales.

La vista desde nuestra torre también ilustra la manera en que la mayoría de las principales vistas de Viborg sobresalen entre los edificios circundantes. La imponente Torre Redonda sueca del siglo xvi se impone en la plaza por sobre los edificios que la rodean.

Esta incongruencia incluso fue potenciada como un motivo para demolerla, pero en 1920, en cambio, la transformaron en una particular especie de cafetería. Junto al puerto marítimo, se halla un moderno edificio semicircular que llama nuestra atención —otro trabajo de Uno Ullberg—. Construida originariamente como museo de arte y escuela, en la actualidad alberga a la galería local de arte, dependencia del Ermitage de San Petersburgo.

En la frondosa colina ubicada frente a la fortaleza se encuentra un adusto edificio que se asemeja a una suerte de código de barras —también diseñado por Ullberg, construido para que funcione como el Departamento Estatal de Archivos. El espacio verde de la Plaza Roja alberga a la Biblioteca Municipal, construida en 1933 por el arquitecto sueco más famoso, Alvar Aalto. Lamentablemente, esta aclamada obra maestra del modernismo también está cayendo en un peligroso deterioro.

Este último tiempo, casi un cuarto entero de los edificios del distrito de la Ciudad Vieja ha sido tirado abajo. Edificios rusos y finlandeses del período moderno sencillamente han sido demolidos porque habían dejado que cayeran en un estado muy peligroso. Los arquitectos y otros especialistas coinciden en que estamos lejos del final, y debe detenerse la destrucción del legado arquitectónico de la ciudad.

En la actualidad, existe la sensación de que casi todo en Viborg está bajo amenaza de demolición, desde los edificios suecos del siglo xv hasta los edificios de departamentos finlandeses de 1930. Todo lo cual constituye un motivo adicional para aprovechar la oportunidad de visitar Viborg pronto, antes de que se transforme por completo de su estado de encantador fantasma romántico a un simple y triste recuerdo de lo que alguna vez fue.