El cinturón de hierro de Rusia

La red ferroviaria del Transiberiano ha entrado en el Libro Guiness de los Récords por tres méritos: extensión, número de estaciones y tiempo de construcción. A principios del siglo XX esta línea unió la Rusia europea con las provincias del Lejano Oriente ruso en un medio de transporte fiable, y ahora está previsto que se continúe desarrollando como un corredor de transporte internacional entre Europa y los países de la región Asía-Pacífico.

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En la actualidad el Transiberiano no ha perdido un ápice de su importancia: a través de su red se transportan hasta 100 millones de toneladas de mercancías y varios millones de pasajeros al año. El mejor momento para viajar por esta línea ferroviaria es entre mayo y septiembre. 

El Transiberiano se construyó en varias etapas y constaba de seis estaciones. El primer tramo es la línea Ussuri (Vladivostok-Jabárovsk), con una longitud de 769 kilómetros,  que se construyeron y entraron en funcionamiento seis años después de que se pusiera la primera piedra, en 1891, en Vladivostok. La línea de Siberia occidental, su segundo tramo con una extensión de 1.417 kilómetros (Cheliabinsk – río Ob), se levantó en un tiempo récord de cuatro años. El tercer tramo, del río Ob a Irkutsk, con una longitud de 1.830 kilómetros (línea de Siberia central), se construyó en seis años, de 1893 a 1899. Tender la línea fue, desde el punto de vista de la ingeniería, mucho más complicado: el terreno plano dio paso al montañoso. 

Aquí es donde los constructores se toparon por primera vez con un fenómeno natural previamente poco conocido, el permafrost, la capa de hielo permanente que se da en regiones muy frías como Alaska y la propia Siberia. 

La construcción de la línea Circumbaikal (260 kilómetros) fue aplazada debido a una serie de dificultades técnicas. En 1900, a través del lago Baikal, se inauguró un tren ferry que cubría una distancia de 73 kilómetros, los rompehielos Baikal y Angar, traídos de Reino Unido, durante cinco años transportaron trenes a través del lago.

El Transiberiano es la línea de ferrocarril más extensa del mundo,  su longitud real es de 9.282,2 kilómetros. El turista que viaja por el Transiberiano desde Moscú hasta Vladivostok cruza 10 husos horarios. Pasa por territorios de 12 regiones, cinco krai, dos repúblicas, una república autónoma y un distrito en los que están situadas 87 ciudades. Su construcción a principios del siglo XX costó 1.500 millones de rublos de oro. Con este dinero, en aquella época, se habrían podido comprar, por ejemplo, 750.000 coches modernos.

En el invierno de 1903-1904, se tendió directamente sobre el hielo un carril con una longitud de 45 kilómetros, por el que los vagones y las locomotoras eran transportados por tracción animal. 

Sin embargo, la ineficacia de este paso se dejó sentir especialmente durante la guerra ruso-japonesa y, en 1902, se empezó a construir la línea Circumbaikal. La orilla del lago entre las estaciones del puerto Baikal y Kultuk era una cadena pedregosa (con una longitud de 81 kilómetros), que se encontraba a 400 metros sobre el nivel del lago. En la línea se construyeron 14 kilómetros de muros de contención, 445 puentes metálicos, 6 viaductos de piedra, 46 galerías de seguridad y 39 túneles con una extensión de 7,3 kilómetros. 

Por su coste, su dimensión y la dificultad de su ejecución, estas obras no tienen parangón en el mundo. No obstante, se construyó en apenas dos años y se puso en funcionamiento un año antes de lo previsto. 

En mayo de 1908 se tomó la decisión definitiva de construir el último tramo del Transiberiano, la línea Amur. Precisamente aquí fueron construidas por primera vez las vías mejoradas con revestimiento de grava, así como el primer túnel en el mundo en terreno de permafrost, con una capa calorífuga entre la roca y el revestimiento del túnel. La construcción de la línea del Transiberiano a través de Rusia concluyó oficialmente en los años de la Primera Guerra Mundial, y en 1916 entró en funcionamiento la línea Amur, con una extensión de 2.178 kilómetros. 

Hasta el 1 de enero de 2003 no se consiguió electrificar toda la red del Transiberiano.

El Transiberiano no sólo une Siberia y el Lejano Oriente con el resto de Rusia, sino que ha creado una cadena de nuevas ciudades y pueblos en los rincones más remotos del país. Hoy en día, el Transiberiano se ha convertido en una de las rutas turísticas más importantes de Rusia, junto con el Baikal, las dos capitales rusas y el Anillo de oro. 

Las ciudades más grandes a lo largo del trayecto son Vladivostok, Jabárovsk, Irkutsk, Ekaterimburgo, Nizhni Nóvgorod y Moscú. Un nuevo sistema de compra de billetes permite adquirir un tour Hop On-Hop Off, para pasar varios días en cada una de estas ciudades. 

Vladímir

Fuente: Lori / Legion Media

La antigua Vladímir se encuentra a orillas del río Klyazma y es lugar de destino y partida de los viajeros que llegan o van a Moscú y Nizhni Nóvgorod. Es de especial interés para los turistas que quieren conocer el Anillo de oro. La ciudad es un asentamiento histórico, con un trazado muy sencillo y arquitectura clásica de los siglos XVIII y XIX. También cuenta con muchas infraestructuras típicas de la época soviética.

Históricamente, Vladímir era una ciudad mercantil, porque estaba situada en la ruta comercial hacia Nizhni Nóvgorod. Hoy, Vladímir es una ciudad bastante industrial.

Lo que tiene mayor importancia histórica es, sin duda, el Kremlin. No se trata de un conjunto arquitectónico amurallado sino que constituye toda una zona de la ciudad, que se extiende desde la Puerta Dorada hasta el monasterio Rozhdéstvensky (Natividad). En 1164, la ciudad fue rodeada con un muro protector y un foso defensivo. La Puerta Dorada, hecha construir por el príncipe Andréi Bogolyubski, ha sido reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Nizhni Nóvgorod

Fuente: Lori / Legion Media

En siglos anteriores, Nizhni Nóvgorod  fue un importante centro económico, cultural y de transportes de Rusia, ubicado en la confluencia estratégica de los ríos Oka y Volga. Gran parte del centro de la ciudad se construyó según los cánones de los estilos arquitectónicos neorruso e Imperio estalinista.

El museo de arte de Nizhni Nóvgorod se abrió al público en 1896. Tiene una galería extraordinaria que ha acogido más de 12.000 exposiciones, así como una enorme colección de obras de artistas rusos, como Víktor Vasnetsov, Karl Briullov e Iván Shishkin. No obstante, lo que hace esta galería sumamente importante es la impresionante colección de arte vanguardista ruso, con obras de Malévich y Vasili Kandinski.

El Kremlin de Nizhni Nóvgorod está en el centro de la ciudad antigua y ocupa un área relativamente pequeña sobre una colina. Originalmente, la muralla del Kremlin medía casi 2,5 km de largo, unos 180 metros menos que la de Moscú. Todavía se mantienen en pie once de las trece torres originales.

Perm

Perm se encuentra a orillas del Kama, el quinto río más largo de Europa después del Volga, el Danubio, el Ural y el Dniéper.

 

Fuente: Colección Prokudin-Gorski / Loc

Hay muchos lugares para visitar en la ciudad, como la galería de arte Perm, con sus abundantes exposiciones, y el Museo de Historia de la Represión Política “Perm-36”. Este último fue antiguamente un campo y escuela de entrenamiento para los condenados por delitos especialmente peligrosos contra el Estado.

Hay también diferentes tipos de teatros en Perm: el Teatro de Ópera y Ballet de Perm, el Teatro de Drama de Perm y el Teatro de la Juventud. La famosa figura teatral Serguéi Diáguilev pasó su infancia y adolescencia en Perm. Las “Estaciones rusas” de Diáguilev (“Los ballets rusos”), estrenados en París a principios del siglo XX, hicieron que los bailarines de ballet rusos entraran en la historia de la cultura mundial.

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Ekaterimburgo

 

Fuente: Lori / Legion Media

Ekaterimburgo, a 33 horas en tren al este de Moscú y más allá de los Urales, se encuentra en el umbral entre Europa y Asia. La línea divisoria imaginaria atraviesa 12 obeliscos reales que marcan la frontera a lo largo de la cordillera montañosa de los Urales. Uno de estos obeliscos está situado a 16,9 kilómetros de Ekaterimburgo.

Durante la era soviética, la ciudad (entonces llamada Sverdlovsk) era un centro industrial. Hoy, probablemente, es más conocida por ser el lugar donde, en 1918, murió Nicolás II, el último zar, junto con su familia y sirvientes, a manos de los bolcheviques. La Casa Ipatiev, donde se consumó la orden, fue derribada en 1977 por orden de Borís Yeltsin.

Ekaterimburgo da la sensación de ser algo así como una mezcla de las dos ciudades más grandes de Rusia: tiene el ajetreo y el bullicio de Moscú combinado con la arquitectura prerrevolucionaria, el agua y los espacios verdes de San Petersburgo. A este lado de los Urales, las autoridades parecen haber redoblado sus esfuerzos por preservar las casas de madera de la ciudad, que contrastan con las torres y edificios de dos plantas, lo que le confiere un aire diferente al de muchas otras ciudades rusas. 

Novosibirsk

 

Fuente: Lori / Legion Media

Novosibirsk es el principal nudo ferroviario del Transiberiano. La ciudad fue construida en las estepas siberianas a principios del siglo XX y prosperó durante la época estalinista.

El centro histórico de Novosibirsk está compuesto por un conjunto de edificios que, en su gran mayoría, tienen el mismo aspecto soviético.

Novosibirsk se caracteriza por la belleza de sus lugareñas, tan abundante como las copiosas nevadas. Cuenta con un teatro de ópera colosal con intérpretes de primera línea, una enorme estación de tren, un Akademgorodok (un enorme barrio periférico dedicado a la educación y a la ciencia con laboratorios, centros de investigación, áreas residenciales y una excelente infraestructura).

Lo principal que hay que tener en cuenta cuando se viaja a Novosibirsk en invierno es que los siberianos sienten frío y se abrigan, incluso si es incómodo y no esté de moda. 

Krasnoyarsk

 

Fuente: Lori / Legion Media

Krasnoyarsk es una de las paradas más importantes de los viajeros del Transiberiano. De hecho, es un lugar perfecto para hacer un alto en el trayecto: es un lugar tranquilo para pasar un día o dos o atreverse con los deportes de riesgo.

Entre las principales atracciones de esta ciudad siberiana están la reserva natural de Stolby y la estación de esquí Bobrovi Log. Resultaría bastante fácil pasarse un día entero en Krasnoyarsk solo paseando por la reserva natural. En la cima de la montaña se puede almorzar con todo esplendor, disfrutando de las vistas de las copas de miles de pinos siberianos.

La ciudad misma es un lugar agradable por el que vale la pena perderse. Hay varias cafeterías en el centro donde se puede tomar un bocado, lo que compensa la falta de conexión a Internet. También dispone de una gran variedad de restaurantes  de comida internacional: a los obligatorios puestos de sushi  en Krasnoyarsk se suma la oferta de cafés regentados por chinos e indios. 

Irkutsk

 

Fuente: Lori / Legion Media

Irkutsk  es uno de los centros neurálgicos de la ruta del Transiberiano y el punto desde el cual se puede explorar el gran lago Baikal, inscrito en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y también escogido como una de las Siete Maravillas de Rusia. No es difícil descubrir por qué.

Los autobuses o las furgonetas hacia la isla de Oljón, en la orilla occidental del lago Baikal, parten justo de detrás de la estación principal de tren. Las maltrechas casas de la isla son de madera y está claro que el turismo es la principal fuente de ingresos de la zona. Los abalorios de la (relativamente) cercana China, artículos de piel y estatuillas del lago y de Irkutsk se venden en los escasos establecimientos turísticos. La ropa tradicional rusa como las “válenki” -botas de fieltro diseñadas para los duros inviernos- son también muy populares.

Jabárovsk 

 

Fuente: Lori / Legion Media

Con un total de 6,7 millones de personas, Jabárovsk es uno de los territorios menos poblados del mundo. La ciudad figura en diversas encuestas entre los mejores entornos para hacer negocios de Rusia, lo cual ilustran bien los cafés y centros comerciales que salpican el centro de la ciudad. Allí, se ven rascacielos en construcción en diferentes localizaciones, así como a mujeres, subidas a una máquina elevadora especial, regando con esmero las flores que cuelgan de lo alto de las farolas.

Vladivostok

Fuente: Lori / Legion Media

Los habitantes de la Rusia europea consideran Vladivostok el final del país, pero los naturales de Vladivostok ven su ciudad como el principio: al fin y al cabo, el sol sale por el este. Cuando se inició la construcción de la línea del Transiberiano la piedra inaugural se puso en Vladivostok.

Cuando el primer ministro soviético Nikita Jruschov visitó Vladivostok en 1959, después de un viaje a los Estados Unidos, declaró que la ciudad sería el “San Francisco soviético”.

La ciudad compensa cualquier inconveniente ofreciendo innumerables oportunidades para ver el variado paisaje de la región, con unas vistas increíbles desde casi todas las azoteas. El lugar más popular para ver la ciudad, sin embargo, es el mirador del funicular en la colina Orlinaya.

Los topónimos soviéticos, una serie de edificios prerrevolucionarios que aún en quedan en pie, los puentes del siglo XXI, entre otras cosas, contribuyen a crear un color inusual que es imposible encontrar en otra ciudad rusa.