La vida cotidiana en la mayor clínica de Moscú

Valve replacement operation at the Sklifosovsky Emergency Care Research Institute

Valve replacement operation at the Sklifosovsky Emergency Care Research Institute

Alexey Kudenko / RIA Novosti
El Centro de Urgencias N. V. Sklifosovsky, considerado como un recodo de esperanza, es uno de los hospitales más antiguos de Moscú. Hasta 150 personas acuden cada día a este hospital, en el que se realizan hasta 20.000 operaciones anuales y más de 52.000 pacientes son atendidos.

El Instituto de Urgencias N.V. Sklifosovski fue fundado en 1923 a partir de una de las clínicas moscovitas más antiguas, que fue inaugurada en 1810 por el conde Sheremétev.

Se trata de un centro científico-práctico multidisciplinario en el que se ofrece atención médica y cirugía de urgencia, además de tratar lesiones graves por quemadura, problemas cardiovasculares graves e intoxicaciones agudas.

De media, cada año son atendidos 52.000 enfermos y se realizan más de 20.000 operaciones.

En el instituto trabajan 820 investigadores y médicos.

Mogueli Jubutia, director de uno de los hospitales más antiguos de Moscú, el Centro de Urgencias N.V. Sklifosovsky, cree que un cirujano solo debe entrar a operar cuando está convencido de que el resultado será positivo. Sin embargo, a lo largo de toda su carrera, también él se ha visto obligado a infringir su propia norma en alguna ocasión.

“Hace unos años, el director de un importante banco se encontraba en un estado crítico, le fallaron los dos riñones. Era un hombre de avanzada edad y la operación podía acabar mal”, cuenta Jubutia. “En Alemania le negaron el trasplante, así que lo enviaron de vuelta a Moscú”. El cirujano aceptó operar al paciente a pesar de su difícil situación. “Cuando encontramos un donante compatible, realicé el trasplante. Ya han pasado unos seis años desde entonces y el paciente está en perfectas condiciones, trabajando”, añade.

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Mogueli Jubutia recuerda otro caso complejo. “Un conocido deportista había tomado una gran cantidad de esteroides anabólicos, lo que no solo favoreció el crecimiento de sus músculos, sino también un crecimiento desmesurado del hígado, hasta 8,5 kg”, comenta el cirujano. “En el extranjero le dijeron que le quedaban tres semanas de vida, pero se negaban a operarle”. El joven llegó al centro Sklifosovsky en un estado crítico, los médicos creían que no sobreviviría a la operación. “Pero le hicimos el trasplante y un año después de la operación nos invitó a su boda, donde conocimos a su madre, que estaba encantada de conocer a los médicos que salvaron la vida de su hijo”, cuenta Jubutia.

Poner en práctica los logros de la ciencia

Jubutia cree que la unión entre el centro de investigación Sklifosovsky y la clínica es una buena idea. “La ventaja de esta fusión es que los enfermos reciben ayuda tanto de los investigadores como de los médicos.

En el centro se investigan posibles tratamientos para las enfermedades de nuestros pacientes”, explica el médico. “Aplicamos tratamientos basados en la investigación que no se pueden encontrar en los centros de atención primaria”. Esto es lo que distingue a los cirujanos del Sklifosovsky: la enorme experiencia clínica se complementa con el apoyo académico. “Ahora, por ejemplo, estamos muy comprometidos con el desarrollo de tratamientos celulares. Usamos células madre mesenquimales y plaquetas para tratar quemaduras graves”, explica Jubutia.

Mogueli Jubutia señala que los pacientes suelen estar muy tensos, sobre todo cuando se trata de operaciones serias como el trasplante de órganos. “Es necesario calmarlos tanto antes como después de la operación. Sin embargo, los propios pacientes no deben darse por vencidos, deben luchar”, afirma.

“Hay enfermos que se dicen a sí mismos: '¡Tengo que vivir! ¡Voy a luchar!'. Tras la operación basta con decirles que respiren por sí mismos para que lo hagan. Se les dice que se levanten y se ponen a caminar. El paciente debe tener deseo de vivir”.

Artículo publicado originalmente en ruso en Moskovski Komsomólets.

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