Cómo Rusia prueba sus rifles: Kaláshnikovs sometidos al desierto, el frío polar y el trópico

Valery Mélnikov/Sputnik
Se trata de los tests más duros del mundo y pocas son las armas que pueden superarlo.

 

Si un fabricante de armas quiere que su creación sea adoptada por el ejército ruso, lo envía a una instalación de pruebas en los suburbios de Moscú para que se someta a 80 pruebas de “tortura” consecutivas. Se hacen para comprobar la fiabilidad, la potencia de fuego, la precisión, la ergonomía y otros aspectos de las armas, con el fin de averiguar si es adecuada o no para las despiadadas e impredecibles condiciones de batalla de la vida real.    

“Estas pruebas se crearon justo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los sistemas de armas soviéticas tuvieron que superar serias dificultades. Todas las posibles armas de fuego tuvieron que hacerse más rígidas y resistentes a la suciedad, el agua, el fuego, el frío y las contaminaciones a largo plazo”, explica Ilyá Davídov, jefe de la instalación de pruebas de TSNIITOCHMASH.

Según él, las pruebas que los ingenieros llevan a cabo en la instalación son las más duras del mundo.

“Los vehículos blindados ligeros rusos tienen que cruzar ríos, pantanos y colinas de arena al mismo tiempo, sin cambiar el chasis u otras partes esenciales. Sin mencionar que somos los únicos que creamos tanques flotantes que disparan a los enemigos en su camino a través del río”, afirma el experto.

Pruebas climáticas

La mayoría de las pruebas realizadas en la instalación están clasificadas como secretas. Sin embargo, algunas de ellas pueden ser reveladas y el equipo de filmación de Russia Beyond ha sido un testigo de lujo.

Según los ingenieros de la instalación, la prueba más dura a las que puede someterse un arma es una consecutiva de calor, arena, agua y frío extremo.

Echemos un vistazo a las pruebas del clásico AK-74M, el principal rifle de asalto ruso que ha estado en servicio durante los últimos 50 años. Antes de su adopción por el ejército, su prototipo fue sometido consecutivamente a estos tests.

Al principio un rifle se coloca en un recinto parecido a un horno donde su metal se calienta hasta +60ºC. Después los ingenieros le dan un par de minutos de descanso al arma y luego la sellan en una cámara que imita las tormentas del desierto del Sahara. Una persona dispara un tiro tras otro mientras pequeñas partículas de arena se atascan en los mecanismos del arma y sus partes más sensibles.

Posteriormente, si el arma todavía está operativa, el hombre lleva este polvoriento rifle a la cámara de lluvia tropical. En este lugar todas las pequeñas partículas de arena se licuan y se convierten en piezas viscosas de suciedad que podrían impedir que todas las partes móviles de un rifle funcionen.

Si un arma obtiene una calificación de “A” y sobrevive a esta prueba, el ingeniero la coloca en algo parecido a un enorme refrigerador. Aquí, el rifle, con todas sus partes sucias y húmedas, se congela a -60 ºC.

“Sólo si un arma pasa con éxito todas estas pruebas operacionales la llevamos a las siguientes etapas, donde tenemos que ver si es adecuada para los soldados y lo suficientemente poderosa para penetrar en los modernos y futuros conjuntos de armaduras”, concluye Davídov.

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