Cuando hacerse un selfie se convierte en una enfermedad

Fuente: TASS  / Ruslán Shamukov

Fuente: TASS / Ruslán Shamukov

El deseo de compartir las fotos propias, inofensivo a primera vista, puede llevar a una persona al psiquiatra. La adicción a internet se incluye ya entre las enfermedades de la psique.

“El selfie es un autorretrato”, explica el médico Lev Perezhogin. “Los autorretratos son habituales en en el arte, es un modo de autoexpresión”.

El tratamiento se hace necesario cuando uno no puede vivir sin hacerse selfies y expone cada una de sus acciones.

“Ahora los doctores afrontan la afición a los equipos móviles en general y a los selfies en particular”, afirma Perezhoguin. “El selfie es una forma de adicción a los dispositivos móviles. Hay personas que no pueden publicar la imagen sin internet y empiezan a tener un síndrome de abstinencia, parecido a lo que sufren los adictos a la heroína. Es una adicción y requiere tratamiento, incluso con medicamentos”, explica.

Los productores crean nuevos objetos que se terminan por hacerse “necesarios” para el consumidor: trípodes, palos especiales para hacerse selfies, temporizadores y cables son los más habituales.

La demanda de tales artículos crece considerablemente. En algunos parques de Moscú incluso piensan poner palos de selfie para alquilar a los paseantes.

“Para mi cumpleaños pedí un trípode con control remoto”, dice Yulia, moscovita de 21 años.”Mi esposo y yo viajamos mucho y quiero que los dos salgamos en las fotos. Puedo tomar alrededor de 100 tomas en el mismo lugar para tener fotografías perfectas”.

“En las redes sociales los selfies son los que reciben más 'Me gusta”, continúa su esposo Alexéi. “He publicado fotos de la naturaleza, de calles o edificios, pero un selfie tienen más 'Me gusta', aunque lo haga desayunando”.

Los psicólogos destacan son los jóvenes entre 13 y 30 años los más sufren de “selfiemanía”, sobre todo las chicas a las que les encanta hacerse selfies en grupos.

Son también muchos famosos quienes comparten sus autorretratos, y lo hacen para aumentar su popularidad. También hay muchos casos en los que los hackers roban las imágenes de los famosos desnudos.

“Ahora nadie se sorprenderá al ver a alguien desnudo en una fotografía, con un edificio en llamas de fondo, con gente peleando o en un accidente de tráfico, y todo ello para hacerse famoso”, dice la psicóloga Olga Peshkova. “Pero hay personas a las que les falta atención, comunicación y empiezan a subir sus fotos con comida, en la habitación, con el baño de fondo”.

El deseo de captar cada paso provoca que en las redes sociales abunden los selfies comunes, cuyos autores ni siquiera saben qué están haciendo.

“Vivimos en la época del egocentrismo. Muchas personas no entienden su papel social ni sus preferencias personales, por lo tanto hacen experimentos”, explica Perezhoguin. “De allí surge el deseo de cambiar de trabajo diez veces, de pareja 20 veces – una búsqueda eterna de la personalidad, por entender quién es uno mismo. En el transcurso de la búsqueda de la identidad surge el narcisismo; las ganas de verse, exponerse y recibir la aprobación de los demás”.

La afición a los selfies ya ha provocado varias prohibiciones. Una de las más famosas ha sido la de no permitir hacerse autorretratos en la alfombra roja del Festival de cine de Cannes. Además, está prohibido hacerlo en la Galería Nacional de Londres, en el Museo del Arte Moderno de Nueva York y en la Galería Nacional de Australia. En Rusia tampoco se permite en la galería Tretiakov. Los expertos creen que es solamente el principio de la lucha contra el narcisismo.

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