La extravagante vida de Serguéi Polonski, el empresario ruso más excéntrico

Fuente: Ria Novosti

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Serguéi Polonski, que fuera uno de los rusos más ricos del país, ha sido detenido en Camboya y deportado a Rusia. Está siendo juzgado por defraudar 5.700 millones de rublos (más de 107 millones de dólares) a los compradores de un edificio de viviendas de élite y se encuentra ahora retenido en un centro de prisión preventiva de Moscú. La biografía de este empresario del sector inmobiliario recuerda a una novela surrealista.

Uno de los cuatro hijos de Serguéi Polonski se llama Mirax, en honor a su empresa. Se cuenta que, en una ocasión, pasó una noche en el cementerio porque le habían encerrado en un ataúd. Ha intentado viajar al espacio en tres ocasiones (incluso realizó la preparación previa), aunque, según la versión oficial, no superó las pruebas porque no cumplía los requisitos de peso y altura: 197 cm y 100 kg.

En las reuniones de trabajo, obligaba a sus empleados a contar chistes. A los directivos de sus empresas les obligó a practicar deportes extremos. En una ocasión, 37 de sus subordinados realizaron una marcha de 300 kilómetros al norte del país. El día del constructor, ordenó a sus administradores que descendieran desde un rascacielos con material de alpinismo. En una entrevista concedida a los medios de comunicación, reconoció que su instructor personal le llevó a Carelia en una ocasión y le dejó solo en medio del bosque durante cuatro días.

Lo más impactante fue una declaración de Polonski en la inauguración de la exposición del sector inmobiliario MIPIM-2008 celebrada en Cannes. El empresario mandó al diablo a todo aquel que no fuera millonario.

Nació en San Petersburgo y, más tarde, se mudó a una pequeña ciudad ucraniana. Después de cumplir el servicio militar, empezó a dedicarse a los pequeños negocios. Ganó un importante capital llevando a Rusia trabajadores de la construcción desde Ucrania y, enseguida, pasó a los proyectos de construcción.

En 1994, Polonski fundó con un amigo la empresa Stroimontazh en San Petersburgo, de la que sería director. Los dos empresarios planeaban dedicarse a la rehabilitación de viviendas, pero al poco tiempo encontraron un proyecto de construcción inacabado y lo terminaron de ejecutar. Después de aquello, empezaron a construir.

En el año 2000, Stroimontazh pasó a llamarse Mirax Group, empresa con la que Polonski dio el salto al mercado inmobiliario de Moscú. Para noviembre de 2008 ya había ejecutado proyectos equivalentes a una superficie de más 12 millones de m². Se calculaba que tenía unos beneficios de 1.650 millones de dólares.

Entre los proyectos gestionados por la empresa, se incluían varios complejos residenciales que replicaban una ciudad dentro de la ciudad. Con la crisis del año 2008, Polonski reconoce primero el estancamiento de la empresa en el mercado y decide congelar los proyectos. En 2012, le acusan de cometer fraude con los fondos de los compradores del complejo residencial ‘Kutuzovskaya Milia’. De acuerdo con la investigación, Mirax recaudó 5.700 millones de rublos y solo invirtió en la obra 2.500 millones.

Según explica el socio gerente de Blackwood, Konstantín Kovalev, el negocio de Polonski no seguía el modelo piramidal. “Era una gran empresa, líder en la construcción de viviendas de lujo. Por un lado, la crisis frenó su desarrollo; por otro, el rápido crecimiento de la empresa dio lugar a una crisis de gestión a la que Polonski no logró hacer frente”, comenta el experto. “Las empresas en Rusia se desarrollan muy rápido, sin tener que ganarse una reputación durante décadas. No se puede decir que él engañara a los compradores; Mirax era una empresa de confianza. Lo que ocurrió es que sus previsiones de crecimiento del precio de la vivienda no se cumplieron, lo que ocurre con frecuencia en los mercados”.

Nuevo escándalo

En Camboya, donde Polonski tenía pensado iniciar un nuevo proyecto de construcción, se desató un nuevo escándalo. El empresario se encerró en el camarote de una embarcación y lanzó por la borda a toda la tripulación local, lo que le costó tres meses en la cárcel.

Kovalev afirma que no conoce a ningún alto directivo que no tenga sus rarezas, por lo que las salidas de Polonski no le sorprenden, sino que las interpreta más bien como parte de una campaña de marketing.

El empresario de 42 años ha sido condenado por las autoridades camboyanas de violar la ley de inmigración y deportado a su país. Por los cargos que se le imputan, podrían condenarlo hasta a 10 años de prisión. Tsogóev está convencido de que Polonski será declarado culpable, pero aún no sabe la pena que se le impondrá. “Demostrar el fraude no será fácil; el hecho es que Polonski trató de completar el proyecto, pero sus socios no se lo permitieron. Lo más probable es que sea declarado culpable. Si recibe una pena condicional o real se decidirá durante la vista de la causa”, concluye.

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