Historias de la guerra en la redacción de RBTH

Orka Shabshlis Peretsmanas. Fuente: archivo personal

Orka Shabshlis Peretsmanas. Fuente: archivo personal

En la redacción muchos han oído contar historias de la Segunda Guerra Mundial a sus abuelos y familiares. Recopilamos algunos de los episodios más emotivos.

María Ázhnina, editora de aplicaciones móviles

Alexánder Ázhnin y Liudmila Smirnova (Ázhnina)

Mi abuelo llegó a Berlín formando parte de la 5ª división de tanques Dvinskaia.Fue galardonado con las órdenes de la Gran Guerra Patria de 2º grado, de la Estrella Roja y la medalla “Por el valor”. Contaba historias de la guerra a sus parientes de manera simple: “Hacía lo que tenía que hacer,¿cómo podría ser diferente?”.

El abuelo ya no está, pero conozco bien su historia por mi abuela, Liudmila. Ella, en ese entonces Smirnova, fue al frente como voluntaria a los 17 años, ocultando su edad. La enviaron a un tren de ayuda sanitaria, donde se acostumbró a tener miedo al cielo: los aviones fascistas volaban justo sobre el tren y lo bombardeaban guiándose por las cruces rojas en los techos de los vagones.

A la abuela le dolía recordar lo que tenía que ver con la muerte y el miedo. Sus historias son a menudo sencillas: como cantaban y bailaban en las estaciones cuando dejaban de disparar, como escribía a su casa: “Vendan todo, ¡ojalá alcance para la comida!”

Una vez estaban trasladando a delincuentes heridos que habían sido enviados al frente. En la estación de trenes algunos robaron a los evacuados. Mi abuela se les acercó y dijo: “¡Qué tipo de conciencia tienen! Estas personas son más pobres que ustedes, no tienen ni casa, ya no les queda nada!” Recuerda que estaba gritando a los criminales sin tener miedo, sabiendo que era por una buena causa. “Perdón, hermanita, devolveremos todo”, le contestaron. Y así lo hicieron.

Mi abuela tiene 91 años, y su orden de 2º grado de la Gran Guerra Patriótica brilla un poco más que la del abuelo: la galardonaron más tarde. Pero cualquier premio o fama se desvanecen en comparación con el hecho de que gracias a ellos y personas como ellos todos estamos vivos.

Alexéi Mosko, redacción alemana

Orka Shabshlis Peretsmanas

El abuelo de mi esposa, Orka Shabshlis Peretsmanas (1913-2008), entró a servir en el Ejército en 1941 (Lituania se adhirió a la URSS solamente en 1940). En junio de ese año, cuando la Alemania nazi penetró en el territorio de la URSS, Orka Shabshlis trabajaba de sastre en Letonia, en la frontera con Lituania. Justo después del ataque de los alemanes a Lituania iniciaron unos sucesos dramáticos: el poder pasó de los Consejos al gobierno provisional, y la población judía local sufrió represiones masivas. Al enterarse del inicio de la guerra Orka decidió no volver a su pueblo natal y escapó a la URSS. Más tarde se supo que sus padres y también sus hermanos habían sido fusilados.

En la URSS Orka Shabshlis se quedó sin dinero, comida ni techo. Al enterarse de que el Ejército Rojo está formando la división lituana de refugiados de Lituania en Gorki (actualmente Nizhni Nóvgorod), se apresuró para ir a la ciudad de Volga. Sin embargo, cuando llegó no pudo sumarse a la lucha debido a su agotamiento.

Entonces Orka decidió mudarse al sur. En Uzbekistán encontró un trabajo de sastre y al recuperarse volvió al punto de formación de la 16ª división lituana.

En el frente fue francotirador de tanques. Con el Ejército Rojo Orka Shabshlis vivió toda la guerra, combatió en la batalla de Kursk, donde fue herido. Más tarde fue galardonado por méritos en el combate en esta batalla de tanques.

Después de la guerra, Orka Shashblis, junto con su primo Iakov Idelson llegaron a Shaturtorf, en la región de Moscú, donde trabajó de cortador. Junto con su esposa crió a dos hijos.

Yuri Sovtsov, redacción búlgara

Fuente: archivo personal de Yuri Sovtsov

Alexánder Sovtsov y María Sovtsova

Mi mamá estuvo en la guerra durante tres años, siempre estaba cerca del frente en un hospital. Una vez, cuando estaban hablando con el doctor se oyó un estruendo. En el lugar donde estaba el doctor solo quedó una columna de humo y mi mamá tiene en la  espalda una enorme cicatriz.

La guerra alcanzó a mi padre después – durante toda su vida sufrió problemas de corazón y falleció a los 59 años. Mi mamá vivió más, pudo ver a sus nietos, pero creo que la guerra fue lo principal, lo más significativo de su vida. Su generación no ha podido ver nada más importante. Mi papá nunca hablaba de la guerra. Y mi mamá solamente se refería a aquel suceso del doctor.

Siempre sueño con ellos – Alexander Sovtsov, mayor de la guardia, y la teniente mayor del servicio médico, María Sovtsova.

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