Rusia intenta convertir la diáspora en un instrumento de influencia

Fuente: Alamy / Legion-Media

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Se están ideando nuevas formas de trabajar con las diásporas y utilizar su potencial de “poder blando”. El gobierno ruso intenta convertir las diásporas en un instrumento de influencia en la opinión pública de los otros países.

Rusia está intentando reformular su política para las relaciones con los rusos que viven en el extranjero: los numerosos exiliados del Imperio ruso, de la Unión Soviética y de la Rusia actual. El problema de los expatriados, que ha permanecido en el centro de la atención del gobierno durante la última década, ha adquirido una especial relevancia debido a los acontecimientos en Ucrania.

Según declaraba el presidente del comité del senado para los asuntos internacionales, Konstantín Kosachov, “debemos ser conscientes de que nuestros compatriotas que se encuentran en el extranjero ahora viven en unas condiciones geopolíticas distintas”. La nueva situación, en la que se oyen opiniones acerca de la posibilidad de volver al ambiente de la guerra fría, ha centrado la atención en las diásporas de habla rusa como posible herramienta para hacer llegar la opinión de la sociedad y el gobierno de Rusia a los ciudadanos de otros países, un método que se ha bautizado como “fuerza blanda”.

¿Una diáspora rusa al estilo turco?

Kosachov hizo estas declaraciones durante una mesa redonda celebrada el 5 de marzo en el Consejo de la Federación (equivalente al senado) y dedicada al trabajo conjunto con los expatriados y a la “poder blando”. En este evento intervino también el senador Ígor Morózov, quien, hablando sobre la política del gobierno respecto a la diáspora rusa, mencionó el ejemplo de la experiencia de otros países para esbozar su idea de la relación que Rusia debería mantener con sus ciudadanos expatriados.

Morózov citó la situación de los grupos étnicos turcos que viven en Alemania y que tras una década de integración han formado un partido político y tienen representación en todos los niveles del gobierno estatal. Además, el gobierno de Turquía mantiene un estrecho contacto con los representantes de esta fuerza política. Algo similar, según el senador, empieza a suceder en el caso de la diáspora rusa en algunos países europeos. Además, en Alemania, se registró recientemente un partido de expatriados alemanes llamado EINHEIT. Este partido también opera en Francia y tiene previsto registrarse próximamente en Italia.

Según el senador, este proceso presenta unas buenas perspectivas, ya que en ciertas regiones del mundo (Oriente Próximo, África, Latinoamérica o Asia Central) viven muchas personas que tienen relación con Rusia. En estas regiones, según subraya el senador, viven “jóvenes de 30 a 35 años, activos, formados, motivados, que están dispuestos no sólo a identificarse con el mundo ruso (como llaman en Rusia a los que viven en el extranjero pero que siguen estrechamente vinculados al país abandonado por ellos o por sus antepasados), sino que incluso están dispuestos a ir más allá”.

“No existe un movimiento prorruso”

Alexander Radkov, director adjunto de Rossotrúdnichestvo,  la organización que se dedica al trabajo con los países de la CEI y los expatriados, también ha resaltado la importancia del uso del “poder blando”. Según Radkov, es importante trabajar con las élites y con la sociedad civil de otros países. Los expertos señalan la dificultad de este tipo de tarea.

Según declara a RBTH Alexandra Dokucháyeva, directora de la sección de diáspora y migración del Instituto de los Países de la CEI, a pesar de que en la actualidad se ha conseguido cierto progreso en lo que respecta a la actividad de la diáspora rusa, esto por ahora se reduce a casos esporádicos. A día de hoy no ha surgido un movimiento de dimensiones relevantes en el extranjero. En opinión de la experta, esto demuestra el deficiente trabajo que el gobierno ha llevado a cabo con los expatriados durante los últimos años, a pesar de ciertos éxitos en la organización y la consolidación de las diásporas en el extranjero.

No obstante, los representantes del gobierno ruso declaran que están dispuestos a aprender de los errores cometidos y a diseñar nuevos enfoques para resolver el problema de los expatriados.

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