La evolución de la mafia rusa

Fuente: kinopoisk.ru

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La mafia rusa alcanzó su apogeo en los años 90. Luego, a medida que se fortalecía el Estado, las asociaciones criminales dejaron de existir: una parte considerable de mafiosos acabó entre rejas o fue destruida; el resto consiguió legalizar su situación y alejarse del crimen organizado.

En Rusia la palabra “mafia” está estrechamente vinculada con la década de 1990, una época de vertiginosa transición a la economía de mercado en la que el crimen organizado alcanzó unas proporciones sin precedentes. Fue durante este periodo cuando los criminales tuvieron la posibilidad de legalizar su capital y ante ellos se abrieron las puertas del poder (en lo que mucho tuvo que ver la creciente corrupción de las élites).

Se extendió ampliamente su ámbito de su acción: extorsión, prostitución, hoteles, juego y narcotráfico.

En la década de 1990, a la ya existente comunidad de criminales, se añadieron un gran número de nuevos grupos, muchos de los cuales no reconocían los códigos existentes y actuaban sin ceñirse a ningún principio.

Las bandas se formaban a menudo sobre una base territorial. Por ejemplo, una de las facciones más influyentes de esa década fueron los sólntsevskie y los oréjovskie, que surgieron respectivamente en las regiones moscovitas de Sólntsevo y Oréjovo.

Sus intereses no se limitaban a sus territorios: por ejemplo, los sólntsevskie en el momento de su apogeo controlaban decenas de empresas y hoteles de Moscú y de sus alrededores, pero sus tentáculos se extendían también a otras ciudades, como Arjánguelsk, Múrmansk y Tolyatti, e incluso al extranjero.

Según informaciones de la web “Mundo criminal” ya en 1995 estaban registrados a nombre de miembros de esta banda criminal más de 120 bancos y de empresas. En 1997 los líderes de los sólntsevskie tenían a su disposición 250 combatientes dispuestos a empuñar las armas para defender sus intereses. Hubo también otros grupos influyentes fuera de la capital rusa: los tambovskie en San Petersburgo, los volgovskie en Tolyatti y los slonovskie en Riazán.

Las bandas rivales peleaban por las esferas de poder, lo que desencadenó numerosas guerras criminales. Morían cientos de delincuentes, pero aun así no les faltaban individuos dispuestos a unirse a sus filas: en aquellos años se convirtieron en criminales muchos expolicías y militares, también deportistas y simplemente jóvenes de complexión robusta.

En los años 90 los grupos criminales lo habían invadido todo como una plaga, pero los peces gordos y los mandamases del crimen organizado eran los jefes mafiosos. Esta capa privilegiada de delincuentes ya había florecido en la década de 1930. Gozaban prácticamente de un poder ilimitado: autorizaban o no las disputas entre delincuentes, mantenían el “fondo común” (la caja criminal), pero el pago por la relevancia en la asociación criminal era la austeridad total: los “mafiosos” no podían poseer propiedades, trabajar, cooperar con el poder.

La fama de algunos de jefes mafiosos traspasaron las fronteras de la antigua URSS como, por ejemplo, Aslán Usoyán, conocido con el apodo de Abuelo Hasán. Cuando en 2013 un sicario mató a Usoyán, The Washington Post lo llamó el Corleone ruso. El abuelo Hasan, de 75 años, natural de Tiflis, era todo un patriarca del hampa y su muerte tuvo repercusión mundial.

Sin embargo, no a todos los involucrados en las vicisitudes de la década de 1990 les esperaba un destino similar. Muchos de ellos son ahora respetables hombres de negocios que no tienen ningún problema con la ley.

Panorama actual

El caos de los años 90 es cosa del pasado y, a pesar de que no se puede hablar de derrota total de los jefes de la mafia, ahora son figuras mucho menos visibles. Actualmente la situación es bastante estable: los líderes del mundo criminal siguen siendo los hombres del abuelo Hasán.

En una entrevista concedida al periódico Kommersant Vladímir Zinóviev, el jefe del departamento de investigación criminal de Moscú, explicó:

“Los líderes del hampa de la década de 1990 son personas ya de edad avanzada. La mayoría de ellos hace mucho que legalizaron su situación. La vuelta del clima de la década de 1990 no les resultaría ventajoso desde ningún punto de vista”.

Por lo que respecta a las mafias “territoriales” como los sólntsevskie o los oréjovskie, Zinóviev está convencido de que están desarticulados: algunos murieron en luchas intestinas, otros están en la cárcel, contra otros se dictó una orden internacional de búsqueda y captura y permanecen escondidos en el extranjero.

Según Zinóviev, son mucho más peligrosos los grupos formados por inmigrantes irregulares, sobre todo procedentes de Asia Central. A diferencia de los viejos mafiosos, no se supeditan a ningún código moral y actúan sin control ya que no tienen un mando central. Se especializan sobre todo en delitos a pie de calle: según datos estadísticos, en su haber figuran más de la mitad de crímenes cometidos en Moscú, ya sean robos, atracos o violaciones.

Estos grupos tampoco tienen reparos para dedicarse al tráfico de drogas: una gran parte del tráfico de heroína afgana en Rusia está en manos de personas procedentes de Tayikistán y también de gitanos

   

Fragmento de la película 'Búmer', que trata sobre mafiosos rusos en los años 90

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