“Los niños huérfanos necesitan una relación permanente con un adulto”

Psicólogos explican las dificultades de reinserción social de los internos que viven en los orfanatos. Fuente: Vladímir Presnia / Ria Novosti

Psicólogos explican las dificultades de reinserción social de los internos que viven en los orfanatos. Fuente: Vladímir Presnia / Ria Novosti

En Rusia hay 650 orfanatos y la mayoría de los internos se enfrentan a dificultades a la hora de reinsentarse en la sociedad.

La psicóloga del orfanato №12 de Moscú, Yekaterina Dovgan, explica que los niños del orfanato  apenas desarrollan las herramientas de comunicación con adultos; viven en un mundo de relaciones horizontales y sólo confían en quienes se encuentran en la misma posición social que ellos. Dentro de los grupos de internos se crean roles sociales y unos a otros se proclaman la madre, el padre, la hija”, dice la psicóloga. “Les unen estrechos vínculos que persistirán incluso después de abandonar las paredes de la institución pública”.

Sin embargo, en la vida adulta, sólo unos pocos logran construir una verdadera familia. Por encargo de la Consejería de la familia y políticas de juventud de Moscú, la Universidad Estatal de Psicopedagogía de la ciudad realizó un estudio sociológico sobre la situación en 2010, entre los egresados de los hospicios infantiles de Moscú.

Gracias a una serie de encuestas, concluyeron que una cuarta parte de los graduados en orfanatos no son huérfanos de primera generación. En algunos casos, no sólo la madre sino también la abuela, crecieron en una institución estatal.

Cada año más de 60.000 padres en Rusia ven restringidos sus derechos a la custodia de los hijos o los pierden por completo. Según datos del Ministerio de Educación y Ciencia, a principios de 2014 se contabilizaron 2.000 hospicios infantiles en operativo, que albergan a más de 650.000 internos. En opinión de los especialistas en la materia, la mayoría de los estudiantes que se gradúan en los orfanatos se enfrentan a problemas de adaptación social.

Los sociólogos también descubrieron que el 40% de los graduados no planea tener hijos. En este sentido, uno de cada tres tiene pareja sin formalizar el matrimonio, uno de cada 15 tiene hijos y uno de cada cuatro no los cría. Además, el 10% no quiere vivir solo, por lo que se establecen con compañeros del mismo internado.

“En nuestro país, no existen estadísticas oficiales sobre la socialización de los niños procedentes de orfanatos”, dice la directora de la fundación Voluntarios para la infancia y los huérfanos, Yelena Alshanskaya.

La supervisión de los egresados de los orfanatos corre a cargo del personal de servicios sociales hasta los 21-23 años, pero a partir de entonces nadie hace un seguimiento para cerciorarse de si se han integrado o socialmente. No obstante, la experta señala que muy probablemente, en la edad adulta tendrán problemas con la ley, el alcohol o las drogas.

“Lo que fundamentalmente facilita las relaciones en sociedad es la vida familiar”,  afirma Alshanskaia. “Todos los demás mecanismos para ayudar a los  huérfanos: ir de excursión, al cine, hacerles regalos, dar clases de cocina, son muletas que sirven de apoyo a algunos pero no a otros. Para que el niño pueda llevar una vida normal dentro de la sociedad, debe haber asumido las pautas psicológicas básicas que se sientan en la primera infancia. El niño necesita un adulto que establezca una relación permanente con él”.

Voluntarios en lugar de padres

 La fundación "Voluntarios para la infancia y los huérfanos" capacita a especialistas que acuden al orfanato. Asignan un educador para un niño y una vez por semana hablan personalmente con él durante varias horas. El papel de los familiares lo interpretan los voluntarios.

También existen iniciativas privadas dirigidas a la socialización de los huérfanos, como las aldeas infantiles. La idea de la aldea infantil se toma prestada de la organización internacional SOS Kinderdorf (Aldeas Infantiles), que el educador austríaco Hermann Gmeiner desarrolló después de la Segunda Guerra Mundial. Se basaba en la crianza de los niños en condiciones similares a las propias de la unidad familiar.

En seis regiones de Rusia han estado operando con éxito. La primera fue construida en 1996, en la región de Moscú; luego aparecieron en las regiones de Múrmansk, Orel, Leningrado y Pskov. Cuentan con 10 ó 15 casas de dos pisos y en cada una viven entre seis y ocho niños. En las aldeas infantiles viven una vida normal: tienen tutores, estudian en la escuela secundaria, van a la compra y cocinan sus propias comidas.

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