Controversia en Rusia en torno a la prohibición de algunos tipos de ropa interior

Establece algunas exigencias para “garantizar la seguridad”. Las mujeres que vivieron en en la URSS recuerdan las restricciones de aquella época. Fuente: Alexéi Malgavko / Ria Novosti

Establece algunas exigencias para “garantizar la seguridad”. Las mujeres que vivieron en en la URSS recuerdan las restricciones de aquella época. Fuente: Alexéi Malgavko / Ria Novosti

La entrada en vigor de una ley que prohíbe la fabricación y la venta de algunos tipos de ropa interior en Rusia ha indignado a fabricantes, vendedores y consumidores. Por lo demás, hasta hace relativamente poco era casi imposible conseguir ropa interior de buena calidad en Rusia. RBTH recuerda los problemas a los que se enfrentaban los ciudadanos de la Unión Soviética en relación con la ropa interior y explica los daños que esta ropa interior prohibida según la nueva ley son capaces de causar en la salud.

“La nueva ley no prohíbe por completo las bragas (o bombachas) de encaje, sino que establece algunas exigencias para garantizar la seguridad, tales como que tengan una capacidad de absorción de por lo menos el 6%, etc. La ropa interior de tejido sintético no permite la transpiración. Por tanto, equivale a ponerse una bolsa de plástico”, explica Elena Uvarova, profesora del Departamento de Ginecología, obstetricia, perinatología y ciencia de la reproducción de una de las principales facultades de medicina de Rusia, en la página web de Snob.

Sin embargo, en su opinión, el gobierno debería haber adoptado medidas educativas en lugar de imponer prohibiciones que van en detrimento de la libertad individual. “Considero que esta ley es una intromisión inadmisible en la vida privada “, señaló la doctora Daria Baskakova en la página de la misma publicación.

Fealdad soviética

La nueva ley sobre la ropa interior ha inquietado especialmente a quienes aún recuerdan los tiempos de déficit mercantil en la Unión Soviética. Cuando en 1991 se desmoronó el telón de acero, las mujeres tuvieron la posibilidad de cambiar su ropa interior cómoda pero sin ningún atractivo por lencería de importación, confeccionada con tejidos sintéticos y encaje.

Respecto a esto, actriz rusa Renata Litvinova lamentó en un documental emitido por televisión, Belleza escondida, lo siguiente: “La historia de la ropa interior en Rusia es una historia de humillación y sacrificio a la que los ciudadanos comunes fueron sometidos en aras de una política de Estado”.

Según los constructores del comunismo, la población no debía dedicar el tiempo a tonterías como la ropa interior bonita.  Lencería y comunismo eran dos cosas incompatibles. En su trabajo de investigación La ropa interior en la cultura soviética, la socióloga Olga Gurova indica que la apariencia “decente” era la principal exigencia que se le hacía a esta prenda del vestuario. De acuerdo con el sentido común de la época, una prenda de ropa era considerada “decente” si su tamaño y color correspondían a su portadora. Se consideraba mucho más importante la calidad y la seguridad para la salud.

Además, conforme a los cánones de belleza soviéticos, una mujer atractiva tenía un cuerpo torneado y musculoso, con un talle fuerte y caderas, además de unos voluminosos senos capaces de alimentar a muchos futuros comunistas. Como la sensualidad no figuraba en la lista de exigencias, la ropa íntima sugerente no estaba presente en la lista de prioridades ni de mujeres ni de hombres soviéticos.

En una fiesta organizada en 1921 en San Petersburgo (entonces Petrogrado), Herbert Wells fue abordado por un escritor que le dijo: “Ninguno de los asistentes a la fiesta se atrevería a quitarse la ropa ante usted, pues debajo de ella no hay más que harapos sucios que un día se llamaron, si no me equivoco, ropa interior”.

La ropa íntima femenina soviética se convirtió en un símbolo de la fealdad para los extranjeros. “En 1958 visitaron la URSS unos amigos de Francia,  Yves Montand y Simone Signoret”, cuenta Renata Litvinova. “Durante su viaje de trabajo compraron ropa interior soviética: pantaloncitos hasta las rodillas,  leotardos marrones,  un sujetador que parecía un paracaídas. Todo esto lo llevaron a Francia y montaron una exposición que causó estupor entre las francesas”.

A pesar de la falta de interés por parte de las autoridades soviéticas, de vez en cuando había tímidas tentativas de cambiar  la situación.  En 1954, Yekaterina Furtseva, la única mujer en un alto cargo del gobierno, declaró: “Todas las mujeres soviéticas tienen derecho a un sujetador de calidad”.

Como resultado, aparecieron en el mercado sujetadores de buena calidad de fabricación nacional, pero sin una mejora estética. Ya a finales de la década de 1960, la oferta de prendas íntimas en las tiendas soviéticas se amplió con piezas de encaje y combinaciones de tejido sintético. No obstante, algunas mujeres, no acostumbradas a este tipo de refinamiento, creían que se trataban de vestidos exteriores y salían a la calle de esa guisa.

La abundancia postsoviética

Todo cambió tras la desintegración de la URSS. Accesorios íntimos de importación de todo tipo aparecieron en los escaparates. Abrieron sex shops, boutiques, se puso a la venta ropa interior para todos los gustos en diferentes categorías de precios. La Rusia postsoviética tuvo que cumplir algo más de dos décadas para que las mujeres por fin se acostumbraran a la abundancia de surtido de este género.

Es natural, por este motivo, el miedo: ¿acaso se acabará esta época de abundancia? Nadie tiene ganas de volver a la carestía de los tiempos soviéticos, al margen de las buenas intenciones que tengan los legisladores rusos. “Primero nos quitarán la lencería y luego todo lo demás”, piensan algunos. Cualquier prohibición es, antes que nada, una restricción de la libertad para quienes recuerdan bien los tiempos en que todo estaba bajo control. Incluso si la prohibición está relacionada con algo tan pequeño como unas bragas o unas bombachas.

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