La generación X en Rusia: valores y propuestas

Los jóvenes profesionales de ahora proceden de la difícil década de los 90, la energía y el ímpetu son las claves para entenderla. Fuente: ITAR-TASS

Los jóvenes profesionales de ahora proceden de la difícil década de los 90, la energía y el ímpetu son las claves para entenderla. Fuente: ITAR-TASS

La tumultuosa década de los 90 dio lugar en Rusia a una enérgica generación de jóvenes. Aspiraban a un futuro mejor y participaban en este proceso asistiendo a mítines, comunicándose con la administración y educando a sus conciudadanos.

La hora del despertar

Expertos de la Academia de las Ciencias de Rusia han retratado al ciudadano ruso comprometido: tiene poco más de 30 años, vive en una gran ciudad y no se despega de Internet. A finales de junio se publicó un informe extraído de un importante estudio titulado Activismo ciudadano: los nuevos sujetos de la actividad sociopolítica. La mayor parte de las encuestas incluidas en él se llevaron a cabo en marzo de 2014.

“En relación con los cambios que está experimentando la sociedad rusa, se puede hablar de una simbólica generación de los 90 , a la que pertenecen quienes recorrieron la última década del siglo pasado siendo jóvenes, cuando el grado de receptividad de la vida social llega a su punto álgido (hasta 1987 apenas hubo cambios en la sociedad). Los posteriores cambios en la situación geopolítica de Rusia, en su sistema político y económico y en muchas otras esferas de la vida diaria constituyen un cambio en las condiciones de socialización, generando una diferencia generacional mayor”, escribió Vladímir Sibirev, candidato a doctor en Economía y profesor de la Universidad Estatal de San Petersburgo, donde comparte cátedra con el candidato a doctor en Filosofía Nikolái Golovin.

La teoría de las pequeñas acciones

El periodo que formó a esta enérgica generación se le ha dado el nombre de Perestroika. Un momento en el que la URSS —hasta entonces bien resguardada del resto del mundo mediante el telón de acero y sumida en una guerra fría con Occidente—, tras la llegada al poder de Mijaíl Gorbachov en 1985, entreabre sus fronteras.

Muchas personas empiezan a dudar de la veracidad de la propaganda y miran hacia Occidente con curiosidad. Los adolescentes son la generación más susceptible. “Yo tenía unos cinco o seis años cuando mi padre trajo de Moscú una botella pequeña de Coca-cola. La verdad es que la repartimos a partes iguales entre mi hermano y yo, cada uno se bebió medio vaso. Entonces me pareció que no había probado nada más bueno en mi vida”, recuerda Andréi Kiseliov, administrador de sistemas en una filial moscovita de un importante banco ruso. Andréi pasa de los 30, está casado y tiene una hija pequeña.

Con la caída del muro los estantes de las tiendas se vaciaron y en las calles aparecieron los primeros coches caros de importación, que pertenecían o bien a delincuentes o a los funcionarios. “Para nosotros no había ninguna diferencia entre ellos. Los funcionarios conducían coches de importación, mientras que a su alrededor había un caos tremendo: los portales y las calles estaban sucios, las farolas no funcionaban... Las reclamaciones a las autoridades no servían para nada”, dice Andréi.

Durante sus estudios en la universidad organizó con sus amigos un foro de Internet para los vecinos de su ciudad natal, Odintsovo, situada a las afueras de Moscú. En él se discutían los problemas de la ciudad: desde una bombilla rota en un tren, hasta la economía sumergida. A través del foro se podía atraer la atención hacia un problema propio o ajeno y organizar recogidas de firmas. Según Andréi, a veces la plataforma recibía la visita de los agentes del orden. Se trataba de una pequeña página de Internet que, a principios de la década del 2000, se convirtió en un importante portal en la región y que las autoridades no podían ignorar.

“Mis amigos y yo no recibíamos ni un céntimo de aquello y todo lo que se recaudaba con la publicidad lo gastábamos en el alojamiento de la página. Pero era agradable saber que podíamos mejorar algo”, dice Andréi.

La empresaria Tatiana Lápina no se ha perdido ni un solo mitin de los que lleva celebrando la oposición en Moscú desde diciembre de 2011. Cuando los activistas instalaron sus tiendas de campaña en el centro de la ciudad, fue a verlos después del trabajo. “No estoy en contra del gobierno ni a favor del desorden público, pero creo que estos mítines tienen que existir. Yo misma caminé por el campamento desplegado y quería que se mantuviese allí durante mucho más tiempo. Pensaba en qué podía hacer para que la gente no tuviera ninguna prisa por irse de allí”, comenta Lápina. Se acercó a una tienda cercana y compró unos cuantos paraguas grandes, unas sillas plegables y unas alfombrillas. “De vuelta en el campamento, simplemente lo coloqué todo junto a la tienda de los organizadores”, recuerda esta moscovita de 30 años.

Las conclusiones de los investigadores rusos son comparables a la opinión de los investigadores norteamericanos Neil Howe y William Strauss, creadores de la teoría de las generaciones. Ellos agrupan a la gente que nació a mediados de los 70 y hasta 1983 bajo el nombre de generación X: enérgica, con una fuerte imaginación y comprometida con la construcción de su propio futuro. “Se trata de jóvenes que crecieron bajo unas condiciones socioeconómicas nuevas. Sus intereses y valores difieren de los de sus padres. Son jóvenes que no están condicionados por la carga del pasado y se distinguen por su empeño en determinar los valores que les representan. Las alusiones al futuro tienen éxito entre los jóvenes”, comenta sobre la generación de los 90 Borís Grigorenko, aspirante a la cátedra de Sociología de la Universidad Estatal de Moscú. “La siguiente será la generación Y, formada por jóvenes para quienes el futuro ya ha llegado y que prefiere dedicarse al crecimiento personal”.

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