Intrigas, sexo, mentiras: todo lo que quiere saber sobre la cultura corporativa rusa

Dibujado por Alena Répkina

Dibujado por Alena Répkina

Muchos consideran que la cultura corporativa en Rusia, si no es inexistente, está poco desarrollada en comparación con la de las grandes empresas occidentales. Sin embargo, en Rusia, aunque con estilo propio, sí que existe el corporativismo. RBTH ha recabado información de las empresas de reclutamiento más importantes de Rusia, se ha entrevistado con los empleados de algunas de estas empresas y ha elaborado una lista con las principales peculiaridades de la cultura corporativa rusa.

La idea generalizada de que la cultura corporativa apareció en Rusia tras la caída de la Unión Soviética, hace 20 años, es completamente errónea. El corporativismo estaba bien representado en las distintas instituciones burocráticas de la época zarista, descritas a la perfección en las obras de Dostoievski y Chéjov. Rusia también vio nacer la cultura corporativa en las oficinas soviéticas y en las organizaciones del Partido dentro de las empresas.

Durante las reformas del mercado, surgió en Rusia un corporativismo apoyado en las ‘leyes’ de la mafia y, a principios de la década del 2000, una Rusia joven se apresuraba a incorporar en su día a día el estilo de gestión corporativa occidental. Sin embargo, en ninguna de sus metamorfosis no ha perdido todo lo mencionado anteriormente. 

La importancia de las relaciones humanas

Las compañías extranjeras que entran en el mercado ruso se muestran sorprendidas por la imposibilidad de inculcar a sus empleados el amor por la compañía, su marca y su ideología. Los rusos no están dispuestos por nada del mundo a aprenderse el código o el himno de la compañía.

La historia ha privado a los rusos de la fe en cualquier ideología. El zar y Dios cayeron con la llegada de la Revolución rusa y el ateísmo. La imagen de Stalin, el gran Líder de los Pueblos, fue destronada en el 20º Congreso del Partido Comunista. La Perestroika y los eslóganes liberales llevaron al colapso del país socialista, a una pobreza generalizada y al incremento de la delincuencia durante los años 90. ¿Para qué creer en algo si mañana será algo inaceptable?

Según los resultados de las encuestas sociológicas de Head Hunter, menos del 15% de los rusos prestan atención a la política de la compañía y únicamente un 6% se basa en principios ideológicos a la hora de escoger un lugar de trabajo.

Lo principal es que paguen bien y mucho mejor si en la empresa también trabaja Vasia, amigo de la infancia, marido de mi hermana y antiguo compañero de clase. El problema consiste en que durante muchos años los rusos han aprendido a no creer en nada más que en las personas. Creer en ideologías no ha traído nada bueno a nadie, pero las buenas relaciones y los contactos adecuados sí.

La gente en Rusia, cuando cambia de una empresa a otra, suele llevarse consigo a otros empleados. Cuando encuentran trabajo intentan colocar a sus familiares, amigos y antiguos compañeros.

“Sin duda, la gente cercana es siempre muy valiosa. Esta mentalidad de clanes existe incluso en las mayores compañías rusas y no se limita a los amigos o a los familiares. En los clanes también entran compañeros de la universidad, personas de la misma ciudad o antiguos compañeros de trabajo. Al rodearme de mi propio círculo de gente, me siento más seguro, más protegido, más fuerte. Conozco el lado débil y el lado fuerte de esas personas, cosas que no se encuentran en un currículum”, comenta para RBTH el director de una importante agencia de noticias. Según declaraba el abogado del conocido oligarca ruso Borís Berezovski en un tribunal londinense: “En Rusia el negocio se construye en base a la confianza”.

La nueva generación en Rusia, que recuerda vagamente los años 90 en los que transcurrió su infancia, ya comienza a buscar trabajo y a abrir sus propios negocios.

Estos nuevos adultos escogen las cosas por sus marcas, creen que el mundo puede cambiar, discuten nuevas ideas, crean las suyas propias y desarrollan startups de envergadura mundial. Pero ellos se encuentran aún al principio del camino, están formando una cultura propia que todavía no se ha masificado. Es posible que consigan creer en sus nuevos ideales. Compañías como ABBYY, Kaspersky, Yandex, VKontakte, entre otras, que desarrollan una cultura corporativa al estilo occidental, son por ahora excepciones a la regla. 

El sexo en el trabajo, como en las series de televisión

Los rusos acuden al trabajo, entre otras cosas, para hacer amistades y enamorarse. Pocas chicas aceptarían trabajar en un colectivo puramente femenino, sin expectativas de forjarse una vida personal; y pocos chicos estarían contentos trabajando en un grupo exclusivamente masculino con pocas probabilidades de flirteo con sus colegas del sexo opuesto.

Una aventura en el lugar de trabajo es como una serie de televisión. Tanto los protagonistas de la historia como espectadores viven nuevas experiencias y emociones, y obtienen un estímulo adicional para acudir al trabajo, el de seguir la evolución de los acontecimientos. La regla popular de ‘no acostarse con los compañeros de trabajo’ se incumple con bastante frecuencia.

“Recuerdo que tuvimos que quitar las cámaras de vigilancia de los descansillos en la oficina”, explica el jefe del servicio de seguridad de un bloque empresarial. “Viene un día a verme el director de una de las empresas y me pide que revise las grabaciones de los últimos dos días. Allí estábamos los dos sentados, mirando atentamente el monitor, porque había desaparecido una impresora.

Después de ver las grabaciones de dos días nos dimos cuenta de que los descansillos del edificio eran un rincón de enamorados y la impresora ni siquiera aparecía en los vídeos. Al día siguiente vinieron a verme los directores de otras empresas de la misma planta y pidieron por escrito que se quitasen las cámaras de los descansillos alegando que no habían servido para garantizar la seguridad y que no querían grabar escenas comprometedoras de la vida personal de los empleados”.

Sin embargo, esto no significa que los rusos sean unos libertinos o que no observen las reglas del decoro. La estadística demuestra que, por lo general, ocurre lo contrario.

Según las encuestas sociales realizadas, más de la mitad de los rusos conocieron a sus parejas en el trabajo, lo que marca una clara diferencia con los tiempos soviéticos. En la Unión Soviética existían clubes de aficionados, tardes de baile en los parques y muchas otras actividades colectivas donde la gente podía conocerse e intimar un poco.

En el ambiente empresarial de hoy en día a la gente le queda poco tiempo para su vida personal, de modo que la cercanía de los colegas de trabajo se ha convertido en una buena alternativa para la búsqueda de un compañero, lo que también ocurre en las empresas occidentales. No obstante, también en esto los rusos tienen un estilo propio.

Estos, sobre todo las mujeres, tienen predilección por el matrimonio, condición que consideran imprescindible para alcanzar la felicidad. Cerca del 80 % de las mujeres rusas, según una encuesta de SuperJob, consideran la familia como el criterio más importante para una vida feliz, mientras que el éxito en la carrera profesional ocupa el segundo lugar.