Crece en Rusia la demanda de magos y videntes

Fuente: PhotoXpress

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Los rusos gastan el doble de dinero en servicios de magia y videncia que en tratamientos médicos en el extranjero. Los miembros de este sector han observado que prácticamente todos los perfiles de ciudadano solicitarn sus servicios. Los expertos creen que esta inclinación hacia lo sobrenatural se explica por un afán de encontrar sin esfuerzo una solución a los problemas sociales y personales que han ido acumulando.

En la televisión y periódicos rusos hay cantidad de anuncios de servicios esotéricos. Por un módico precio se promete recuperar a la pareja, liberarse del alcoholismo y la drogadicción, impulsar la carrera profesional, casarse o cualquier otra demanda similar. En pocas palabras, se ofrece todo aquello que resulta difícil, si no imposible, conseguir por las vías habituales. Y la gente acude ingenua en busca del milagro.

Según cálculos de la Academia de las Ciencias de Rusia, los rusos desembolsan anualmente hasta 30 millones de dólares en servicios esotéricos, mientras gastan 17 millones en tratamientos médicos en el extranjero.

Durante varios años Olga acudió con frecuencia a una vidente. Iba con su madre e incluso una vez llevó a su marido para que les aconsejara. Estaba segura de que recibía útiles consejos. Pero en la práctica solo le acarreaban escándalos familiares. Por ejemplo, una vez la supuesta vidente le dijo que su suegra era su enemiga, lo que tuvo un impacto directo sobre las relaciones familiares. Tal como explica el marido de Olga, que estuvo presente durante aquella consulta, la así llamada 'vidente' empezó con frases comunes, mientras calibraba hábilmente el menor cambio en la mirada y los gestos faciales de la persona.

Con una capacidad de atención propia de un investigador profesional, frente a una taza de té averiguaba cuáles eran las relaciones de la persona que había acudido con un problema y, a continuación, a partir de su reacción, determinaba quiénes eran sus detractores. Pero si un cliente ocultaba su reacción, la vidente se perdía. Después del enésimo consejo no demasiado atinado, hubo que poner fin a aquella relación, bajo amenaza de divorcio. Cada visita había costado 100 euros.

Tatiana solía acudir con bastante frecuencia a los adivinos que le recomendaban sus conocidos. Pero cada vez recibía un consejo completamente diferente sobre a qué debía atenerse. Al final, una de esas mujeres dejó caer casualmente que lo que tenía que hacer era “solucionar ella misma su propia vida”, y este sencillo truco psicológico surtió efecto, aunque no precisamente en beneficio de los trabajadores del esoterismo. Tatiana ya no acudió a ninguno más.

Sin embargo, también hay otros ejemplos. Víctor visitó a una vidente una única vez y, sorprendentemente, le funcionó. La mujer le dijo que lo que necesitaba era protección en el trabajo. Dijo que ella misma se la proporcionaría. Al final, en el momento más inesperado, el hombre, que ocupaba un alto cargo en un banco, se puso enfermo y se ausentó. Precisamente aquel mismo día en aquella entidad bancaria hubo una estafa de1,3 millones de euros. Si en aquel momento Víctor no se hubiera encontrado en el hospital, le podrían haber hecho responsable.  

Una mirada desde el interior

Serguéi Shevtsov-Lang, vidente y parapsicólogo de origen, explicó a la revista SNC que los servicios esotéricos son una de las profesiones más antiguas y demandadas. Señaló cómo su clientela ha variado recientemente: si antes solo se le presentaban jubilados supersticiosos, ahora acude gente muy variada: maestros, médicos, diputados, empresarios, funcionarios, bibliotecarios, ingenieros y policías.

Los problemas son de lo más variados, desde el temor por la vida futura, alcoholismo precoz o complejos. También acude mucha gente que ha dirigido casinos. Cuando en Rusia se prohibieron los salones recreativos, trataron de emprender un nuevo negocio, por norma general abrieron restaurantes. Vinieron a menos, se dieron a la bebida y se perdieron.

Otros de los clientes habituales son agentes que no superaron las pruebas de certificación cuando se reformó el cuerpo de policía ruso. Shevtsov-Lang achaca la popularidad del esoterismo al hecho de que “actualmente la gente suele acudir a la consulta del psicólogo o el médico, pero ellos no les ayudan nada”.

Tal como explicó el psiquiatra-criminalista Mijaíl Vinográdov, los líderes comunistas Iósif Stalin y Leonid Brézhnev ya empleaban este tipo de servicios, pero actualmente son los programas de televisión los que han hecho aumentar la popularidad de los poderes extrasensoriales.

En las pantallas compite gente que desentraña los misterios de los accidentes y tragedias personales. “Ahora se ha demostrado que los poderes extrasensoriales existen, e incluso los científicos los están estudiando. Por ejemplo, en San Petersburgo tenemos un centro estatal que se dedica a este tema –explica–. Otra cuestión es cómo avanza el fenómeno y qué percepción se tiene de él. Actualmente en Rusia los problemas sociales y de identidad han empeorado. Mujeres y hombres tratan de solucionar sus problemas personales con la ayuda de un adivino, y no se esfuerzan para capacitarse. La inestabilidad social siempre hace aflorar este tipo de fenómenos. Rituales de toda clase están reemplazando nuestro verdadero potencial”.

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