Se cumple un siglo de la despenalización del aborto en Rusia

Fuente: PhotoXpress

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En noviembre de 2013 se introdujo en el Comité de Sanidad de la Duma Estatal de la Federación Rusa un proyecto de ley para eliminar el aborto de la lista de servicios médicos gratuitos. Incluso surgió la idea de su prohibición total. Durante los últimos 100 años en Rusia no se ha dudado jamás de la necesidad de este procedimiento.

El aborto está permitido en Rusia desde el año 1913. En aquel momento, en un congreso de la Sociedad de Médicos Rusos, la mayoría votó a favor de eliminar la prohibición sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Como resultado, tras el congreso se redactó una resolución que establecía la exención de responsabilidades penales por aborto tanto para la madre como para el médico que lo realizaba a petición de esta.

Al poco tiempo se publicó un artículo de Vladímir Lenin en el que este apoyaba las exigencias de una “derogación incondicional de todas las leyes que persiguen el aborto o la distribución de escritos médicos sobre medidas preventivas del embarazo”.

El aborto comenzó a ser considerado un procedimiento médico habitual, a menudo inevitable para la mujer soviética. El 19 de noviembre de 1920 se legalizó el aborto. La Rusia Soviética fue el primer país del mundo que aceptaba la interrupción voluntaria del embarazo y el resto de estados no comenzaron a legalizarlo hasta pasados 40-50 años. 

El tabú de la naturaleza

En un contexto de negación de la religión, el gobierno del país de los soviets negaba de facto también la vida sexual de sus ciudadanos. Para toda una generación de mujeres y hombres, las relaciones sexuales y todas las cuestiones relacionadas con ellas formaban parte de una serie de temas de los que no se podía hablar.

Poco a poco, esta situación provocó también una gran dificultad para acceder a los medios anticonceptivos: la adquisición de preservativos se convirtió en un verdadero problema. No obstante, dictara lo que dictara la ideología, nadie podía evitar la naturaleza humana. Sin embargo, debido a la ausencia de una educación sexual, para millones de familias con hijos a menudo no quedaba otra opción que interrumpir un embarazo no deseado. 

Olga Ivánovna, 62 años: “Todas las chicas de mi edad pasaron por uno o dos abortos. ¿Qué podían hacer si no? Se casaban, nacía un primer hijo, luego un segundo, en ocasiones un tercero, aunque esto ya era menos común. La vida no era fácil, había que trabajar mucho, ¿cómo ibas a cuidar de tres hijos? La vida conyugal tiene sus necesidades, es algo normal, por eso acababan abortando. Entonces nadie hablaba de Dios ni del pecado. Daba más miedo el hecho de que el aborto se practicara sin anestesia y, por alguna razón, en una habitación común. Todavía hoy recuerdo el coro de muchachas que gemían en las butacas vecinas”.

Vera Guennádievna, 57 años: “Cuando veo a los ginecólogos de hoy en día, pienso en la suerte que tiene la juventud actual. En nuestra época nadie nos daba consejos sobre la sexualidad. Recuerdo que yo, con dos hijos ya, le pregunté a mi médico sobre métodos anticonceptivos. Ella me respondió que todavía no se había inventado nada mejor que la abstinencia. Yo me reí educadamente, pensando que era una broma, pero resultó que una médica cualificada me estaba diciendo aquello en serio”.

Por desgracia, estas mujeres están en lo cierto: el aborto en la URSS era casi el método principal para regular la natalidad. Pero incluso en este aspecto no era todo tan sencillo. El derecho de la mujer a decidir acerca de su propio cuerpo se limitaba únicamente al matrimonio soviético, que tenía derecho legal a practicar relaciones sexuales. A las mujeres solteras los médicos las persuadían para dar a luz al bebé y criarlo ellas solas.

Debate abierto en la actualidad

Con los años, a medida que se conseguían algunas libertades y llegaba la revolución sexual, la opinión sobre el aborto en la sociedad rusa siguió siendo bastante ambigua. La religión, que comenzaba a ganar poder, añadió a la discusión sobre este problema el aspecto ético-moral.

Olga, 31 años: “No creo que el aborto sea un problema ético, y mucho menos un asesinato o un pecado. Es una operación médica y la mujer tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo. No creo que el padre tenga que dar su consentimiento para este tipo de operaciones porque no se trata de su cuerpo. Sin duda, el aborto es una medida extrema, nadie dice que sea bueno. Pero la mujer debe poder decidir. Y el estado debe controlar que este procedimiento sea seguro”.

Galina, 37 años: “El aborto es un pecado horrible con el que una mujer deberá vivir toda su vida. Por desgracia, a menudo por miedo al cambio, inseguridad sobre el futuro y por desprotección social, las mujeres condenan a un bebé que ni siquiera ha nacido. Da mucha pena que muchas no vean el importante sentido que tiene la gestación”.

No obstante, para justificar la prohibición del aborto no basta con el aspecto religioso.

Vitali Milónov, diputado de la Asamblea Legislativa de San Petersburgo, incluso proponía conceder al embrión en el vientre de la madre el estatus de ciudadano de la Federación Rusa para que cualquier amenaza contra su vida o su salud pudieran ser consideradas asesinato. Esta iniciativa fue declinada, aunque el debate sigue abierto.

Los enemigos de las limitaciones al aborto continúan apelando a los derechos humanos y al estatus social de los futuros padres.

Olga: “Las limitaciones al aborto son un intento de controlar el cuerpo femenino, quizás con el objetivo de aumentar la natalidad. Pero la experiencia de los países extranjeros demuestra que esta iniciativa no lleva a un crecimiento demográfico, sino a un aumento de la mortalidad como resultado de las operaciones clandestinas. En lo que respecta a la anulación del aborto gratuito, me da miedo pensar en las consecuencias, ya que en ese caso las mujeres con pocos recursos económicos y las adolescentes se verán ante una difícil decisión: abortar de forma clandestina o dar a luz a un niño al que es evidente que no podrán ofrecer una vida digna”.