Yelena Batúrina, la mujer más rica de Rusia: “La meta no es el dinero”

Fuente: Serguèi Berezin / Ria Novosti

Fuente: Serguèi Berezin / Ria Novosti

Yelena Batúrina es un personaje misterioso. La revista 'Forbes' la ha incluido en su lista durante los últimos cinco años como la mujer más rica de Rusia, pero creció en un apartamento de dos habitaciones en Moscú. Su vida ha sido dramática y controvertida. Hoy es una mujer de negocios millonaria y el año pasado creó un 'think tank' de diseño, con una orientación global y unos ambiciosos objetivos.

De los suburbios de Moscú a una mansión en Mayfair

Nacida en la Unión Soviética de los años 60, Batúrina se describe a sí misma como procedente de una familia "sencilla, de clase trabajadora". Ella misma trabajó en una fábrica de herramientas mientras estudiaba por las tardes una carrera en la Universidad de Administración de Moscú.

En los años 80 conoció a su esposo, Yuri Luzhkov, que luego se convertiría en alcalde de Moscú entre 1992 y 2010. Durante la 'fiebre del oro' de los 90, creó un imperio de la construcción, Inteco, valorado en cientos millones de dólares. En 2010 su marido perdió su cargo, ella vendió sus compañías y empezó a pasar más tiempo en el extranjero.

Las oficinas de Batúrina en el Reino Unido ocupan una bella mansión del siglo XVIII en el barrio de Mayfair, en el centro de Londres. Una instalación artística al lado del mostrador de recepción convierte versos de Pushkin en tipos de cambio mediante giros y vueltas de las líneas en las pantallas electrónicas.

La primera vez que me la presentaron, la mujer más rica de Rusia tenía un aire claramente aburrido, como una adolescente a la que se ha ordenado que sea educada con una tía abuela tediosa. “No parece que le gusten mucho las entrevistas”, observé. Se encogió de hombros con indiferencia: “Es solo que hoy estoy cansada”.

Hacia el final de nuestra conversación, que se fue volviendo más y más animada, explicó su reticencia: “Creo que no me gustan los periodistas simplemente por pereza... porque no me gusta perder el tiempo preparándome las entrevistas. Pero entiendo que, si quiero que se escuchen mis ideas, debo hacerlo”. 

Crear nuestro futuro

Cuando le pregunté sobre la nueva fundación 'Be Open', resultó tener mucho que decir. Va a englobar diversos proyectos humanitarios y apoyar a gente joven y creativa. ¿Está su interés en las futuras generaciones conectado con la maternidad? Batúrina tiene dos hijas que ya van a la universidad, de 19 y 21 años. Estudian Ciencias Políticas y Economía, no Diseño, pero todos los jóvenes “necesitan un lugar donde empezar en este mundo, porque están creando nuestro futuro”, observa Batúrina.

La concepción que 'Be Open' tiene sobre el diseño incorpora casi todo; durante los próximos dos años el proyecto tiene la intención de visitar “todos los rincones del mundo”. Hay planes para un evento en Delhi en febrero de 2014 y otro en Tokio al año siguiente.

El proyecto indio pone su énfasis en la artesanía y oficios manuales, pero no es “simplemente una exposición”. Batúrina insiste: “Estamos investigando ahora cómo la imbricación mutua de las culturas, el conocimiento y la tecnología pueden hacer que surja algo nuevo”. 

Hay defraudadores en todas partes

Batúrina amasó su fortuna en la construcción, pero uno de sus proyectos favoritos en Moscú nunca se llevó a cabo. El arquitecto con sede en Hamburgo, Hadi Teherani, diseñó una serie de cúpulas futuristas destinado a convertirse en el complejo empresarial 'Cosmo Park'.

“Lo principal en los negocios es entender que la meta no es el dinero”, afirma Batúrina. “Es solo el medio para alcanzar la meta”. Arremete contra “la primera oleada de multimillonarios rusos, que obtuvieron su dinero a través de intrigas financieras de todo tipo”.

Ahora “aún quieren jugar, pero ya no saben a qué”. Por tanto “empiezan a comprar yates más grandes que el del vecino... o a competir para ver quién tiene una amante joven. Nunca han experimentado la satisfacción de alcanzar una meta como resultado de un proceso, y eso es por lo que siempre están insatisfechos”.

¿Es diferente la forma de hacer negocios en Europa? “No”, se ríe. “Es exactamente igual. Hay defraudadores en todas partes”. Es pesimista sobre la economía rusa: “Para usar la metáfora de la adicción a las drogas, somos adictos a la inyección de petróleo. Cuando falte, tendremos síndrome de abstinencia”.

Amor, lealtad y Londres

Cuando Yuri Luzhkov era presidente del comité del Ayuntamiento de Moscú para el Desarrollo Económico, Batúrina, que era por aquel entonces una investigadora en prácticas, fue enviada a su oficina. ¿Fue amor a primera vista? “No”, niega rotundamente. “Pero trabajábamos bien juntos”. Durante su alcaldía, ella siempre comprendió “que era algo pasajero”.

No se sorprendió del súbito cambio en la actitud de la gente hacia su marido cuando fue despedido. “Quizá no éramos los típicos funcionarios de alto rango, ya que siempre mantuvimos una familia unida y amigos íntimos”.

Con una hija en Nueva York y otra en Moscú, Batúrina viaja mucho, y la familia planea reunirse en Viena para pasar la Navidad. Afirma vivir “en aviones, casi todo el tiempo”, pero tiene varias casas “que visitamos de vez en cuando, para las vacaciones, para esquiar, y en Londres y en Moscú, donde vivimos”.

“Soy una persona feliz”

¿Es Moscú aún su hogar? “Sí, soy rusa. ¡Eso lo explica todo!”, contesta.

Le gusta Londres (“incluso el clima”) y disfruta de poder pasear sin llevar guardaespaldas. También ha sido bueno para sus hijas, comenta Batúrina, el entender que sacarán buenas notas en la universidad “no por la posición de sus padres, sino por haber trabajado duro ellas mismas”.

Batúrina lamenta “haber sido arrastrada a juegos políticos” solo porque “resultó que mi marido era el alcalde de Moscú”. Duda de ser la mujer más rica de Rusia, como se la etiqueta con frecuencia: “Hay multimillonarios escondidos, de los que no sabemos nada. Si hablamos de la gente que declara abiertamente sus ingresos entonces sí, probablemente soy la mujer más rica de Rusia”.

“Creo que soy una persona feliz”, afirma Batúrina, “porque puedo ver la realización física de las cosas que he ido construyendo... si en el futuro hay gente que diga que su punto de inicio fue mi fundación, entonces seré muy feliz”.

Negocios de Elena Batúrina

Elena Batúrina fundó la Sociedad de responsabilidad limitada Inteko en el año 1991. Al principio la empresa se dedicaba a la producción de vajillas de plástico.

En el 1991 Batúrina se casó con Yuri Luzhkov que en 1992 se convertiría en el alcalde de Moscú.

En el 2001 la empresa Inteko entró en el negocio de la construcción, al comprar un paquete de control de acciones de DSK-3, una de las empresas líderes en Moscú en el sector de la construcción de edificios. La empresa supo hacerse con el control de cerca de una cuarta parte del mercado de Moscú de construcción de edificios de panel (NT, que utilizan estructuras de hierro prefabricadas)

En el 2002 en la empresa apareció un departamento dedicado a la construcción monolítica. Además Inteko empezó a acaparar fábricas de cemento convirtiéndose en uno de los principales abastecedores de cemento del país.

En 2002-2003 la empresa, de acuerdo con una disposición del gobierno de Moscú, se convirtió en uno de los inversores más importantes en seis proyectos de construcción de conjuntos multifuncionales.

En el 2004 la empresa obtuvo la licencia para reconstruir unos cuantos edificios en el centro histórico de Moscú.

Ese mismo año se le concedió el estatus de empresa apoderada del Gobierno de Moscú para la creación de parcelas de tierra y elaboración de documentación previa al proyecto para la construcción de hoteles y complejos de ocio y turísticos en la ciudad de Moscú.

En el año 2005 la empresa se concentra en la construcción de viviendas monolíticas y objetos inmobiliarios.

2004-2007, construcción del complejo educativo de la Universidad Estatal de Moscú.

Del 2005 al 2008 el capital de Batúrina aumentó de 1.400 millones de dólares a 4.200 millones de dólares.

El 2009, a causa de la crisis, el capital se vio reducido hasta 900 millones de dólares.

Según las valoraciones de los expertos, el valor del holding Inteko antes de la crisis llegó a ser de hasta 3.000 millones de dólares. En el año 2010 su valor se tasaba en 1.500 millones de dólares.

Nuevo negocio

En septiembre del 2011, un año después de la destitución de Yuri Luzhkov del cargo de alcalde de Moscú, Batúrina vendió Inteko. Según los expertos que participaron en la preparación de la venta el valor de los activos vendidos fue de cerca de un 1.200 millones de dólares.

Ahora Batúrina invierte activamente en el negocio hotelero, un sector al que ya entró antes de los hechos del 2010.

En el 2009 se construyó el hotel de cinco estrellas Grand Tirolia en Kitzbuhel, en Austria, por un coste de 35-40 millones de euros.

En el año 2010 en San Petersburgo se inauguró el complejo hotelero Novi Petergof.

En el 2012 se reabrió tras una reconstrucción el mini hotel Quisisana Palace en Karlovi Vari, en la República Checa.

En el 2013 reabrió sus puertas el hotel Morrison en Dublín (Irlanda), que había sido adquirido por 30 millones de dólares antes de su reconstrucción.

La empresa Martinez Hotels & Resorts, que tiene su sede en Austria, es la que gestiona todos los hoteles de Elena Batúrina. Para el 2015 Batúrina tiene intención de ampliar el negocio y gestionar hasta 14 hoteles.

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