El mayor club gay de Rusia busca la protección de Vladímir Putin

Fuente: "Central Station MSK"

Fuente: "Central Station MSK"

Un club gay ruso podría cerrar por motivos legales infundados. Los propietarios del establecimiento, según sus arrendatarios, les impiden trabajar adecuadamente. Al parecer, la mala relación entre arrendadores e inquilinos no tiene nada que ver con la temática del club.

Todos los viernes y sábados, los visitantes del mayor club gay de Moscú y de Rusia, llamado 'Estación Central', son amenazados con ataques. Durante los últimos ocho meses han sido evacuados ocho veces por ataques con gas. Son atacados constantemente por desconocidos muy violentos.

En una ocasión tres hombres con armas de fuego llamaron a las puertas del club. Los guardias de seguridad lograron expulsarles y más tarde mostraron a la dirección del local los agujeros de las balas en la puerta. En el edificio del club, situado a un centenar de metros de la avenida del académico Sájarov, lugar de encuentro de la oposición rusa, se halla un enorme cartel en el que se lee: “Entrada al club gay” junto a unas flechas. Para mayor efecto, en toda la calle suena constantemente una canción de un conocido cantante gay ruso. Los autores de esta campaña son los propietarios del edificio. En opinión de la dirección de 'Estación Central', ellos están detrás de la mayoría de los ataques que se han llevado a cabo contra el club gay durante el último año.

“Si nuestros enemigos no utilizaran métodos extremadamente violentos dirigidos concretamente contra los gays, contra nuestros invitados, podríamos considerar que los hechos sucedidos forman parte de las habituales disputas entre el propietario de un edificio y su arrendatario”, comenta Andréi Lischinski, director general de Spectrum, la compañía que dirige el club gay. “Los ataques se producen en las horas con mayor clientela. La última vez que pulverizaron con gas el local, en este había 500 personas. Muchas de ellos tuvieron que acudir a un hospital como consecuencia. ¿Cómo pueden poner en peligro nuestra salud de ese modo?”

El club 'Estación Central' ha sufrido varios cortes de suministro, en una ocasión les cerraron el agua. Los administradores tuvieron que recuperar la canalización ellos mismos. El 14 de diciembre unos hombres subieron al último piso, cerraron la ventilación y comenzaron a arrancar el tejado. Los administradores del club intentaron detenerlos y la disputa se convirtió en un tiroteo, tras lo cual acudió la policía y detuvo a 40 personas.

Después de esto, Lischinski escribió una carta abierta al presidente de Rusia, Vladímir Putin, explicando lo sucedido y solicitándole protección: “Teniendo en cuenta sus declaraciones públicas relacionadas con los derechos de las personas de orientación sexual no tradicional en Rusia, le solicitamos que ordene al Ministerio del Interior, al Servicio Federal de Seguridad y a la Fiscalía General que inicien una investigación, encuentren a los culpables y tomen medidas para proteger la seguridad de los clientes del club”.

“Nos está pasando como en los años 90, una época de bandidos en la que las disputas no se solucionaban en los tribunales sino mediante las armas”, comenta Lischinski. Este llama invasores a sus enemigos. Este término también se utilizaba con frecuencia en los 90, cuando en Rusia los bienes pasaban de un propietario a otro mediante maquinaciones, amenazas, violencia, chantajes e incluso homicidios.

Desde el punto de vista legal, el club gay se encuentra en una situación complicada. Han firmado un acuerdo de arrendamiento de cinco años y medio (hasta 2017) con el propietario del edificio, la imprenta Transpechat, dirigida por la agencia estatal Rosimuschestvo.

Sin embargo, la imprenta fue adquirida posteriormente por una compañía extranjera controlada por una empresa rusa, asegura Lischinski. Los nuevos propietarios invitaron a los inquilinos a que se marcharan. Pero el club gay se negó, acudió a un tribunal de arbitraje y ganó el proceso judicial. El tribunal declaró que el acuerdo era legal. “Si el propietario del edificio puede demostrar en un tribunal que es nuestra obligación irnos de aquí, nos iremos”, señala el dueño del club.

Los abogados comentan que cualquier empresario en la Rusia moderna puede toparse con estos 'invasores'. “Probablemente, esta 'invasión' ha sido provocada por un conflicto de intereses entre propietarios y arrendatarios y no tiene nada que ver con una percepción negativa de la actividad del club”, aclaraba Nikita Aiguistov, abogado de la compañía financiera AForex.

“Por desgracia, este caso no es una excepción en el mundo en el que vivimos. A menudo, incluso los más poderosos arrendatarios se topan con estos problemas con los propietarios. Estos, sin ninguna justificación legal para echar a los arrendatarios, crean artificialmente unas condiciones en las que es imposible practicar cualquier tipo de actividad”.

El experto comenta que la práctica más extendida es el corte del suministro eléctrico o la calefacción, así como llenar de trastos viejos el terreno colindante del edificio de forma que llegar a las instalaciones es una tarea imposible.

“Los tribunales están saturados de demandas sobre relaciones entre propietarios e inquilinos. La firma de un contrato de arrendamiento, independientemente de su plazo de vigencia, no garantiza un 100 % la protección contra estos ultrajes. Sí, la ley está de parte del arrendatario, pero a menudo, en la práctica, lo único que hace es darles más trabajo”, declara Aiguistov.

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