La Iglesia ortodoxa y su lugar en la sociedad rusa

Cuenta con una creciente influencia en la política estatal. El metropolita Ilarión Volokolamski cuenta el papel que desempeña. Fuente: ITAR-TASS

Cuenta con una creciente influencia en la política estatal. El metropolita Ilarión Volokolamski cuenta el papel que desempeña. Fuente: ITAR-TASS

El jefe del departamento de Relaciones Exteriores del patriarcado de Moscú, el metropolita Ilarión Volokolamski, cuenta qué papel desempeña la Iglesia en la vida política de Rusia.

“La Iglesia ocupa hoy el lugar que se merece en Rusia”, explica el metropolita Ilarión. Tras 70 años de persecuciones bajo el régimen soviético, esta ha conseguido recuperar su autoridad. “La Iglesia está resurgiendo a un ritmo sin precedentes para la historia del cristianismo. En 25 años se han construido y restaurado 25.000 templos. Esto quiere decir que se han abierto unos 1.000 templos al año o tres al día; además de otros 800 nuevos monasterios. Es un fenómeno que no tiene análogo en la historia de la Iglesia, al menos en la historia más reciente”, afirma.

El metropolita está convencido de que los sacerdotes tienen el deber de relacionarse con los dirigentes del país. “Lo natural para la Iglesia es entablar relaciones con las autoridades del Estado. Nuestra Iglesia es multinacional y su territorio canónico abarca 15 Estados; también hay eparquías (el equivalente ortodoxo de las diócesis latinas) y parroquias que sobrepasan los límites de dicho territorio. El patriarca está en contacto con los dirigentes de todos estos países: en el caso de Rusia, se trata del presidente Vladímir Putin; en Ucrania, el presidente Víktor Yanúkovich; en Bielorrusia, Alexánder Lukashenko, etc.. Cuando el patriarca visita algún país, se reúne con el jefe del Estado, lo cual no tiene nada que ver con el estrecho vínculo entre la Iglesia y el gobierno, sino más bien con la alianza que estos mantienen”, declara.

“Esta relación se construye sobre dos principios”, explica el jefe del departamento de relaciones exteriores de la Iglesia ortodoxa rusa. El primero es el acuerdo entre Iglesia y Estado de no interferir en los asuntos internos del otro; el segundo, la cooperación de ambos en aquellos asuntos donde resulte provechosa y necesaria”.

Por otro lado, la Iglesia nunca participa en la política de manera directa, según asegura el metropolita. “No crea sus propios partidos políticos, no apoya a ningún partido concreto en perjuicio de otro, no se identifica con una u otra rama del espectro político, ni con uno u otro punto de vista. La Iglesia no tiene preferencias por ningún sistema de gobierno, pero se reserva el derecho a pronunciarse sobre la postura moral y espiritual de cualquier político, sus declaraciones o sus programas; una opinión que puede manifestar tanto la Iglesia en su conjunto de manera oficial, como cada uno de sus representantes por separado”, explica el sacerdote. Está convencido de que la gente escucha este tipo de valoraciones.

Antes, los representantes de la Iglesia también eran elegidos al parlamento, sin embargo, ahora tienen prohibida la participación en la vida política, según cuenta el metropolita Ilarión. “El Santo Sínodo tomó la decisión de renunciar a la intervención en la vida política. Aunque también es cierto que recientemente se introdujo una excepción a esta norma: en casos excepcionales y siempre con la aprobación de la jerarquía, este tipo de intervenciones se podrían admitir. La excepción se debe a que actualmente, en determinados países como por ejemplo Ucrania, existen comunidades cismáticas cuyos representantes (que se autodenominan sacerdotes u obispos) no tienen prohibida la participación en las elecciones. Si, por ejemplo, un sacerdote cismático se presenta a algún organismo electoral, la Iglesia puede dar su aprobación a un sacerdote canónico para que también lo haga”, matiza el metropolita.

En este momento, la Iglesia ortodoxa rusa mantiene una estrecha relación con el Ministerio de Asuntos Exteriores. “Concretamente, se ha creado un grupo de trabajo que se reúne dos veces al año. Además de esto, mantenemos varias líneas de cooperación con el Ministerio de Asuntos Exteriores casi a diario. Conviene señalar aquí que la Iglesia nunca se ha implicado en la política internacional como intermediaria de alguna idea del Estado ruso.

La Iglesia tiene su propio orden del día y sus intereses en la esfera internacional. No obstante, a menudo estos intereses coinciden completa o parcialmente con los estatales”, comenta el metropolita Ilarión. “La postura del gobierno ruso y de la Iglesia ortodoxa sobre la cuestión siria y de Oriente Próximo en general es un ejemplo de ello. Para nosotros, es muy importante defender hoy en día a los cristianos que residen en Oriente Próximo”.

El jefe del departamento de relaciones exteriores no descarta que, tras la reunión del presidente ruso con el papa de Roma, el patriarca ruso también se reúna con el jefe de la Iglesia Católica.

Por otra parte, el metropolita cree que la enseñanza en las escuelas —por parte de sacerdotes y teólogos— de una base cultural religiosa y de una base ética no puede considerarse una intromisión en la vida laica del Estado. 

Artículo publicado originalmente en ruso en Kommersant.