Los tatuajes que los rusos no quieren ni en pintura

Fuente: PhotoXpress

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Konstantín Avramenko, técnico de láser, ha patentado en Rusia, Ucrania y Canadá una manera cómoda para borrar tatuajes y cicatrices. Su aparato –un coagulador de plasma en frío- elimina los dibujos grabados sobre la piel por medio de descargas electrostáticas que no penetran profundamente en los tejidos sensibles. Ahora se dedica a borrar tatuajes que sus portadores ya no quieren llevar porque les crean dificultades en su vida corriente.

La epidemia de los tatuajes inundó Rusia hace unos doce años. Aparecieron grandes salones. Los cursos de formación sólo duraban dos semanas. El diploma de maestro tatuador se le daba a todo el mundo y en cualquier mercado se podía comprar un maletín con la “máquina” y otros accesorios para tatuar. Poco a poco se fueron abriendo talleres caseros que gozaban de una gran demanda. 

“Arreglo los desaguisados de aquellos tiempos”, dice el inventor al corresponsal de Moskovski komsomólets

El porcentaje de personas que con el paso de los años deciden borrarse los tatuajes es enorme. Veinte de cada cien desean deshacerse de los errores del pasado. A veces incluso se avergüenzan de mostrar ese tatuaje que un día les pareció una buena opción estética y tratan de quitárselo en casa. Por ejemplo, sirviéndose de una fresa de odontólogo. O bien sumergen la zona de piel tatuada en permanganato que en un par de horas la corroe hasta causar una herida. Después lavan ese punto donde han eliminado el tatuaje y esperan a que la herida se cure.

El especialista cuenta que a veces puncionan la piel tatuada con una solución de leche con sulfanilamida sirviéndose de las mismas máquinas de tatuar. La leche, en efecto, aclara el tatuaje, pero al cabo de dos o tres días la piel tatuada se pudre. Cuando termina el proceso de putrefacción, al cabo de un mes, empieza a cicatrizar.

“Para borrar el tatuaje aplican jabón de lavar. Lo derriten y lo dejan gotear sobre la zona tatuada. El jabón contiene un porcentaje elevado de álcalis. Por eso, además de quemar la piel, al cabo de dos o tres días actúa como un potente químico. Luego se quita raspando la parte de piel quemada y se espera a que la herida cicatrice”, explica Avramenko quien explica que con láser tampoco se puede eliminar el dibujo de tinta, sólo aclararlo.

“Hubo un tiempo en que trabajé como técnico de láser en un instituto de investigación científica. Allí desarrollamos un aparato que detenía la hemorragia en heridas muy graves. Con ese aparato le borré un tatuaje a un amigo. ¡Funcionó! La metodología es sencilla: la zona tatuada se quema a una profundidad de 2-3 milímetros. La tinta se convierte en humo y desaparece. Luego la herida se trata con alcohol y garantizo que al cabo de un año el paciente tendrá una nueva capa cutánea en la zona anteriormente tatuada”, explica el especialista.

Lo más difícil es eliminar de las falanges de los dedos dibujos a modo de anillos. “A menudo se hacen sortijas en esa zona. Luego los jóvenes se independizan y ese recuerdo del pasado les impide hacerse un hueco en el mercado laboral. Por borrar esos anillos cobro cuatrocientos dólares. La gente desembolsa ese dinero sin pensárselo dos veces, simplemente no encuentran empleo”, dice Avramenko.

El técnico de láser dice que le ha tocado escuchar tantas historias sobre tatuajes desafortunados que incluso quiere escribir un libro. “Las chicas se quitan las rosas del pecho, tribales en la cintura, florecitas y mariposas en los hombros. Los jóvenes se sacan las figuras de lobos y tigres, pasadas de moda. A menudo vienen parejas que una vez se tatuaron el nombre uno del otro en la muñeca”, explica Avramenko.

Cuenta que en una ocasión fue a visitarlo un exparacaidista con un tatuaje complicado: avioncitos, alas, paracaídas y la imagen de la muerte con la guadaña. Me pedía que, costara lo que costara, le eliminara el dibujo, convencido de que sólo le traería desgracias.

A menudo le visitan clientes con un “666” tatuado. Otra vez unos padres le pidieron que le borrara a su hijo de quince años el tatuaje Live quickly die young (vive rápido, muere joven) mientras se encontraba en coma.

“Una vez vino una chica para que le borrara de la nalga derecha la inscripción: ‘Propiedad de Misha’. Otra señora vino a verme y me pidió que le eliminara del vientre el texto ‘de Arturo’”, cuenta Avramenko, que sobre todo ha tenido que borrar de los cuerpos de sus pacientes imágenes de mariposas, delfines y panteras. 

“Todos quieren dar el adiós definitivo a los delfines de tinta en su piel. Llevar ese tatuaje se considera de pésimo gusto. Además, en Rusia existe una zona donde los presos cumplen cadena perpetua denominada ‘delfín’.

Lo mismo ocurre con las mariposas, pues en el imaginario colectivo ‘mariposa’ se asocia con mujer libertina. “Todas estas cosas están en el subconsciente”, dice el experto. Advierte del peligro de tatuarse jeroglíficos en el cuerpo porque una vez se enfrentó a un caso de un paciente al que, en lugar de tatuarle el símbolo chino de la felicidad como había pedido, le tatuaron el símbolo coreano para designar al demonio.

“En otra ocasión vino a verme un abuelo de unos setenta años con la extraña petición de que le quitara una inscripción bastante frívola de su órgano sexual. Sorprendido, le pregunté: ‘¿Para qué? Si nadie lo ve’. El anciano, algo turbado, me contestó: ‘Somos nudistas. Me da vergüenza cuando voy a la playa con mi nieto…”. 

Artículo publicado originalmente en ruso en Moskovski komsomólets.