La sanidad pública y el dilema de la desigualdad

Fuente: Servicio de prensa

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El acceso a unos servicios de salud dignos es algo demandado por los ciudadanos, para los que la sanidad pública es una de las cuestiones más importantes. Actualmente la calidad de los servicios sanitarios puede depender del nivel de ingresos, aunque la situación ha mejorado desde el final de la época soviética.

En época soviética se resolvió que era posible evitar la injusticia en el acceso a la sanidad suprimiendo el pago por los servicios.

A costa de garantizar el acceso universal a la asistencia sanitaria, la sanidad soviética cosechó grandes éxitos en su fase inicial: se vencieron muchas enfermedades infecciosas, se redujo drásticamente la cantidad de enfermos de tuberculosis y las epidemias quedaron bajo control.

Sin embargo, poco a poco el sistema sanitario gratuito fue convirtiendo a los adinerados médicos de élite en una suerte de trabajadores ordinarios de las “fábricas y talleres” sanitarios.

“A pesar de que los doctores le trataron, le sangraron y le hicieron tomar medicinas, él (Pierre), con todo, se recuperó”, Lev Tolstói, “Guerra y paz”.

Los centros de salud, privados de la posibilidad de obtener ingresos, dependían de los presupuestos estatales y sufrían un déficit de financiación, por lo que no había dinero para desarrollar investigación médica.

Además, prácticamente no había garantías para los derechos de los pacientes.

Por ejemplo, el derecho a ser informado sobre su estado de salud, a tomar una decisión fundamentada sobre el consentimiento o el rechazo a un tratamiento, así como a que se respete el secreto profesional, es decir, que no se divulgue su estado de salud a terceros sin su consentimiento expreso, son derechos fundamentales del paciente que en la mayoría de los países desarrollados están protegidos por la legislación.

A finales de los 70 el padre de Alexandra enfermó de cáncer de pulmón. En aquel tiempo los médicos de cabecera no estaban obligados a comunicar al enfermo su verdadero diagnóstico, pero sí podían, sin su conocimiento, comunicarlo a los familiares. “Que viva el tiempo que le quede”, suspiró el médico, y Alexandra y su madre secundaron la decisión del médico de no aplicar ningún tratamiento.  El padre de Alexandra falleció un año después sin saber cuál era su diagnóstico, aunque es posible que sospechara tanto el diagnóstico como el hecho de que había sido privado de su derecho a tomar una decisión sobre el tratamiento. El rechazo al tratamiento le fue impuesto por la decisión del médico y sus familiares. En cuanto a Alexandra, con el tiempo su concepción del mundo cambió, y desde entonces se ha reprochado haber tomado aquella decisión por su padre.

Además, los enfermos en la URSS no tenían derecho a elegir el hospital o la clínica, ni siquiera por dinero. La asignación del centro de salud en cuestión quedaba determinada por el empadronamiento. A los enfermos graves se les podía enviar a un hospital de alto nivel, pero solo con un volante del hospital de su lugar de residencia. No se podía elegir a un médico y acudir a su consulta solo con pagar unos honorarios. Y aquí entraban en juego los contactos que, como es sabido, son una forma de distribuir la riqueza aún más injusta que el dinero.  

La sanidad pública rusa después de la reforma

Cuando a finales de los 80 y principios de los 90 arrancaron las reformas del sistema de la sanidad pública rusa, se implantó la sanidad privada.

Aunque la pública no se suprimió. En 2011, con la aprobación de la nueva ley de sanidad, Rusia volvió a establecer claramente las prioridades: en el país, la sanidad gratuita es fundamental; la privada, complementaria.

Suprimir la sanidad pública supondría una terrible injusticia para los ciudadanos con escasos recursos, especialmente los de la tercera edad.

Liudmila es una anciana ciudadana rusa que está sola. En el pasado trabajaba en un cargo directivo, hacía largos viajes de trabajo al extranjero y, según los parámetros soviéticos, contaba con unos ahorros considerables. El marido de Liudmila falleció hace diez años y no tuvieron hijos. Después Liudmila enfermó de cáncer.

Ella es usuaria de la sanidad pública. “En el hospital el tratamiento es completamente gratuito e incluso me proporcionan pensión completa. Cuando no puedo levantarme, las enfermeras y las sanitarias se ocupan de mí, eso también es completamente gratuito. En el hospital puedes pasar perfectamente sin la ayuda de los familiares”, explica Liudmila.

“La dificultad con la que me he topado –continúa– es que después de la última fase del tratamiento me darán el alta. Lo estándares rusos no incluyen la gratuidad del tratamiento por las medicinas que se toman una vez en casa. Me han declarado en estado de invalidez y tengo derecho a cobrar un pequeño complemento a la pensión para los medicamentos. Pero de todas formas el dinero no alcanza, ¡ni siquiera puedo imaginar cómo viven los que no tienen ningún tipo de ahorro!

Otro ejemplo. Svetlana se dedica al comercio de la peletería y es muy rica. Pero con 40 años le diagnosticaron un cáncer.

“¡Jamás iré al médico público! –anuncia convencida– Y si voy, lo más probable es que ya esté en el otro mundo”. Svetlana no confía siquiera en los médicos privados de Rusia: “Fui a tratarme a Israel. La sanidad es cara, pero la predisposición es completamente diferente: el cáncer está considerado una enfermedad curable, y no una condena a muerte como aquí, en Rusia. Psicológicamente, en Rusia es muy difícil tratar con los oncólogos”.

Svetlana no es la única que recela de la sanidad de su país. En efecto, muchos rusos hacen todo lo posible por ir al extranjero a tratarse.

Aunque, como resultado de las reformas, la sanidad rusa también ha conseguido progresar, tras el desastroso estado que quedó en los años 90. Según las valoraciones del Ministerio de Sanidad y Desarrollo Social, en Rusia actualmente es posible recibir la mayoría de tipos de asistencia que existen a nivel mundial.

Y si en Rusia no existe el método de tratamiento preciso, pero este ya se aplica en clínicas extranjeras, tras conseguir los certificados oportunos, es posible enviar al enfermo a tratarse en el extranjero a cuenta del presupuesto del Estado.

Además ahora, gracias a la reforma, Rusia ha regulado legalmente los derechos de los pacientes, en particular, el derecho a la información sobre el estado de la propia salud; el derecho al consentimiento o rechazo voluntario a la intervención médica; el derecho a la confidencialidad de la información médica y el derecho a elegir médico y centro sanitario.

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