A los rusos les preocupa la ecología, pero no Greenpeace

Fuente: Reuters

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Entre los moscovitas empieza a ponerse de moda separar la basura, la gente intenta comprar productos ecológicos y vivir en los barrios con mejores condiciones ecológicas. En las regiones todavía no se presta tanta atención al medio ambiente. El escándalo provocado por la detención de los activistas de Greanpeace interesa poco a los rusos porque estos no comprenden cómo puede influir la extracción de petróleo en el Ártico en su situación personal.

Cuando Yulia volvió de una estancia de estudios en Dublín comenzó a separar los envases de plástico del resto de productos para reciclarlos. Sin embargo, no resultó nada sencillo encontrar un lugar en Moscú en el que se recogieran deshechos. Tras una larga búsqueda descubrió un punto en el centro de arte contemporáneo “Artplay”. El resto de pequeños puntos de recogida selectiva únicamente reciclaban papel y vidrio.

Según explican los expertos, esta no es la primera vez que los ciudadanos hacen intentos por cuidar el medio ambiente. “Llevamos 15 años ofreciendo servicios ecológicos a empresas y particulares. Durante los últimos seis-siete años el interés de la población por la seguridad ecológica y la protección del medio ambiente ha crecido drásticamente, - comenta el director general de Ecostandard Group, Nikolái Krivozertsev. – En estos momentos existe un mayor interés por las cuestiones relacionadas con la propia seguridad, la gente se informa más sobre la alimentación, sobre los materiales de construcción y reparación, los electrodomésticos y sobre la situación en los barrios de la ciudad a la hora de comprar una casa”.

El experto señala que durante los últimos dos-tres años los ciudadanos han comenzado a preocuparse también por cuestiones más globales relacionadas con la protección del medio ambiente, como el reciclaje de residuos o el ahorro de energía.

Alexander Minin, jefe del departamento de investigación y diseño de conservación y desarrollo en el complejo natural del Instituto del Plan General de Moscú, está de acuerdo con Krivozertsev, aunque asegura que la ecología interesa únicamente a los moscovitas, mientras que los habitantes de las provincias siguen mostrándose indiferentes a este problema.

“Cuanto más rica es una región, mayor atención se presta a la ecología. La ecología se ha convertido en un tema importante para los habitantes de Moscú, pero no para los del resto de Rusia”, indica.

Por ejemplo, en San Petersburgo, la segunda ciudad más poblada de Rusia después de Moscú, la ecología interesa bastante menos que en la capital. El director del departamento de consultoría para sistemas de gestión GCE Croup, Alexander Stakanov, explica que en la ciudad se llevó a cabo un experimento que consistía en puntos móviles de recogida de bombillas con restos de mercurio, termómetros, pilas agotadas, medicamentos caducados, etc, aunque el proyecto no tuvo éxito.

Los ciudadanos de San Petersburgo también se mostraron indiferentes a la recogida selectiva de residuos domésticos. “El Estado y las autoridades municipales intentan dar pasos en esta dirección, aunque el problema es educacional. Nuestros ciudadanos todavía no han alcanzado el grado de conciencia ecológica necesario. Es posible que la población no esté bien informada sobre los lugares a los que puede llevar, por ejemplo, un termómetro. Por otro lado, si las cocinas en la mayoría de las casas no miden más de 6 metros cuadrados, es totalmente comprensible que no se separe la basura, ya que en ellas no hay espacio para tres cubos distintos”, señala el experto.

Stakanov pone en duda la buena voluntad de las empresas de procesamiento de residuos. “Los expertos introducen sistemas de gestión ecológica en grandes empresas industriales y únicamente les queda esperar que todos los elementos de dicho sistema funcionen correctamente. Es imposible saber esto a ciencia cierta, ya que no se puede comprobar si las mismas organizaciones especializadas que reciclan las sustancias peligrosas de forma legal también vierten residuos por la puerta de atrás”, concluye el experto.

A pesar del creciente interés por la ecología, el escándalo provocado por la detención de los activistas de Greenpeace que durante una actividad en defensa del Ártico intentaron colarse en la plataforma Prirazlómnaya no ha provocado un gran interés entre la población rusa. Los expertos atribuyen esto al hecho de que los rusos no conciben Greenpeace como una organización ecológica, sino más bien política. 

“Esta organización no se preocupa de la seguridad de ciudadanos concretos, les interesa armar escándalo. Esto es lo que opina nuestra gente. Aquí no se asocia la detención de los miembros de Greenpeace con una violación de la seguridad ecológica personal, - explica Krivozertsev. – Si el episodio lo hubiera protagonizado una organización que intentara mejorar cada día la situación del medio ambiente, vendiera productos ecológicos o se ocupara del reciclaje de residuos, en la sociedad podría haber surgido una protesta al respecto”. 

Minin opina que la reacción de las autoridades a las acciones de los activistas de esta organización ecologista ha sido tan brusca porque se han metido con una industria muy importante económicamente. Además, los políticos hablan mucho sobre el medio ambiente, pero realizan pocas acciones concretas, señala el experto.

“El Estado avanza en materia de ecología, pero no acaba de conseguir nada. Por un lado habla constantemente de la prioridad del medio ambiente, pero en realidad todo gira alrededor de la economía. Se trata de una actividad muy costosa y nadie tiene especial interés en involucrarse en ella. Las compañías que más se interesan por el medio ambiente son aquellas que están orientadas hacia los mercados occidentales y se preocupan más por mantener su imagen”, opina Minin.