“Los activistas de Greenpeace pusieron en riesgo la seguridad de la plataforma”, dice Gazprom

Fuente:  Denis Sinyakov / Greenpeace

Fuente: Denis Sinyakov / Greenpeace

Desde España o Italia hasta Moscú se suceden las manifestaciones que exigen la liberación de los activistas, entre los que se cuentan dos argentinos, detenidos tras el asalto a la plataforma petrolífera. Mientras tanto, el Comité de Investigación de Rusia sigue estudiando el caso, a la espera de formular las acusaciones oficiales.

El pasado jueves 22 de los 30 tripulantes del barco fueron condenados a dos meses de prisión preventiva.  “Una amenaza en toda regla para la seguridad del equipamiento de la plataforma”, además de ser “una acción punible según la ley, independientemente del objetivo pacífico del gesto”. Duras palabras, pronunciadas el 30 de septiembre de 2013 por los fiscales rusos que están estudiando el caso de los 30 activistas de Greenpeace, entre los que se hallan los argentinos Camila Speziale y Hernán Pérez Orsi. Los miembros del grupo ecologista llevan detenidos desde el pasado 19 de septiembre, acusados de piratería.

Aunque de todas partes del mundo siguen llegando peticiones de liberación de los activistas, arrestados mientras protestaban contra las prospecciones petrolíferas en una plataforma de Gazprom, dentro de poco se formulará oficialmente la acusación.

Manifestaciones, llamamientos, recogida de firmas. Desde Moscú a Bruselas, pasando por Madrid o Nápoles, ciudad natal de un italiano implicado en el caso, miles de personas se han reunido para reivindicar la liberación de los activistas.

“Se trata de una acusación absurda- ha declarado el experto en derecho ecológico de Greenpeace Rusia, Michael Kreindlin-. El artículo 227 del Código Penal, que se refiere a la piratería, explicita que la nave debe ser asaltada por la fuerza, con el fin de apropiarse de bienes ajenos. Obviamente, este no es el caso de los activistas de Greenpeace. Se trata de miembros de una organización no violenta, que no pueden ser acusados de piratería”.

Por su parte, Gazprom sigue señalando a los culpables a través de su portavoz Serguéi Kupriyanov. En sus últimas declaraciones, afirmó: “Estas reivindicaciones se han realizado de manera ilegal, sin olvidar que se ha puesto en riesgo la seguridad de las personas que en aquel momento se encontraban trabajando bajo el agua. Tratad de imaginar cómo es trabajar en esas condiciones. Un error mínimo puede transformarse en una tragedia”.

Haciéndose eco de las declaraciones del presidente ruso Vladímir Putin, que en días pasados definió el suceso como “una amenaza para la seguridad y la vida de las personas”, el ministro ruso de Recursos Naturales, Serguéi Donskói, ha afirmado que “no comparte estas formas de protesta tan agresivas, que tienen como único resultado consecuencias desagradables”.

A la espera de conocer el desarrollo de los acontecimientos, el padre del activista italiano Cristian, Arististide D'Alessandro, ha dirigido un llamamiento a las instituciones italianas para que “no guarden silencio ante lo sucedido”.

“No es normal el modo en que se han comportado los rusos. Greenpeace ha hecho saber que la nave ha sido detenida en aguas internacionales. Esto no debía suceder. El cónsul italiano me ha asegurado que los muchachos, en el momento del arresto, han sido tratados correctamente. Pero las autoridades rusas han cometido un abuso, secuestrando una nave en aguas internacionales. Los chicos son inocentes”.