Una cantante de Pussy Riot se declara en huelga de hambre

El pasado lunes, varios periódicos recibieron una copia de la declaración de la componente de Pussy Riot, Nadezhda Tolokónnikova, dirigida a las autoridades en la que denuncia que la amenazan constantemente de muerte y la obligan a trabajar 16-17 horas al día. Tolokónnikova anuncia en esta carta que debido a ello se declara en huelga de hambre. Los representantes del centro aseguran que se trata de una provocación. Las organizaciones de defensa de los derechos humanos piensan llegar al fondo de todo esto.

La cantante del grupo punk Pussy Riot Nadezhda Tolokónnikova se ha declarado en huelga de hambre. Este acto de desobediencia se debe a que, según sus declaraciones, el vicedirector del centro penitenciario, Yuri Kupriánov, la amenazó el 30 de agosto durante una reunión mantenida en el despacho de este. Tolokónnikova había sido convocada a esta reunión después de dirigir una solicitud a los órganos competentes para que se investigara la actividad de la administración del centro.

Nadezhda Tolokónnikova cumple una condena de dos años por ‘gamberrismo’ tras ser arrestada por el caso de la plegaria punk  en la catedral de Cristo Salvador en Moscú.

Tras su conversación con Kupriánov, según asegura Tolokónnikova, algunas presas comenzaron a amenazarla cada día, amenazándola con represalias de carácter físico ordenadas por la dirección del centro penitenciario. 

Tolokónnikova se declara en huelga de hambre desde el 23 de septiembre debido a las amenazas, así como a la imposibilidad de seguir trabajando en el taller de costura del centro por motivos de salud.

Esta declaración va dirigida al director del Servicio Penitenciario Federal de Rusia, Guennadi Kornienko, al jefe de la dirección de investigación del Comité de Investigación de la Federación Rusa en Mordovia, Mijaíl Nazárov, al fiscal general de la república Valeri Machinski y al defensor del pueblo de la Federación Rusa, Vladímir Lukín.

En una carta en la que se dirige a Lenta.ru, Tolokónnikova declara que la huelga de hambre también se debe a las múltiples infracciones que se cometen en la prisión. En particular, una jornada laboral en el taller de confección de uniformes para policías dura de 16 a 17 horas. Las normas de rendimiento en el trabajo no hacen más que aumentar y en caso de incumplimiento de estas normas a las reclusas se les castiga privándolas del derecho a ir al baño o a comer.

Más tarde, los representantes del Servicio Penitenciario Federal han declarado que el abogado y el marido de Tolokónnikova habían intentado chantajear a la dirección del centro. El 17 de septiembre el marido de Tolokónnikova, el activista del grupo de arte Voiná Piotr Verzilov, y su abogada, Irina Jrunova, propusieron a Kupriánov trasladar a la reclusa a otro equipo de trabajo para que pudiera estar en el taller artístico, según informa la web del canal de televisión Dozhd. En caso contrario, Verzilov y Jrunova prometían enviar al Comité de Investigación, a la Fiscalía General y al Servicio Penitenciario Federal, así como a los medios de comunicación, una denuncia de amenaza de muerte por parte de Kupriánov hacia Tolokónnikova. El vicedirector del centro penitenciario se negó a cumplir estas exigencias alegando que él no se encargaba de la distribución de los presos en sus puestos de trabajo.

Según declara la presidenta de la Fundación Benéfica Interregional de Ayuda a los Presos, María Kannabij, todas estas acusaciones deben ser comprobadas in situ.

“En unos días viajaré a esta centro de Mordovia junto con un consejo de representantes de la sociedad civil y prestaré especial atención a lo que allí sucede. Nos reuniremos con Nadezhda Tolokónnikova y con la dirección del centro. Espero lograr averiguar qué problemas existen allí y cuáles de estos son exagerados”, declara Kannabij, aclarando que conoce bien dicha institución e incluso ha creado en ella un centro de rehabilitación para ayudar a las reclusas.

“En lo que respecta a los talleres de trabajo, estos se encuentran en malas condiciones en todos los centros penitenciarios y estos no son especialmente agradables. Yo supongo que debe de haber horas extra. Lo más seguro es que la jornada laboral dure más de ocho horas, pero dudo que sea de 17-18, aclara Kannabij. Si la institución recibe un encargo mayor para coser uniformes o cosas así, se esfuerza por cumplir el plazo para ganar dinero. Sin embargo, este tipo de trabajo duro no es algo constante. Después de cumplir con el encargo los talleres vuelven a su ritmo normal”.